Entrevista a Sylvia Eyzaguirre

Fecha de publicación: 18 de abril 2020

Con el fin de seguir entendiendo el Chile de hoy, entrevistamos a la investigadora del Centro de Estudios Públicos, Sylvia Eyzaguirre. Sobre el “Estallido Social” y el COVID-19, la siguiente entrevista:

Estallido Social:

Muchos señalan que lo ocurrido desde octubre en nuestro país se encontraría sólo en pausa, ¿Cuál sería la causa, según Sylvia Eyzaguirre del estallido social? ¿O cuáles?

Lo que estamos viviendo con esta pandemia es algo inédito, sin precedentes. Cuesta imaginarse cómo estaremos en un mes más, supuestamente en el pick de contagio, más difícil resulta imaginar qué sucederá cuando hayamos superado esta crisis sanitaria, de hecho, no tenemos claridad de cuánto tiempo falta para eso. Junto con la crisis sanitaria viviremos una recesión económica; cómo nos golpeará esa recesión es algo que todavía está por verse. Un alto desempleo podría avivar aún más el malestar social o, por el contrario, podría obligarnos a concentrar nuestros esfuerzos en reactivar la economía. Me parece que es imposible saber hoy qué sucederá, soy escéptica de los profetas, todo está muy abierto.

Respecto de las causas del estallido social. Se ha escrito mucho al respecto, hay una especie de frenesí intelectual por dar con una interpretación, me parece que a veces hay más apuro en tratar de decir algo que en tratar de entender. Las causas sociales y culturales que se han mencionado son varias y parecen consistentes: el progreso económico de los últimos 30 años ha generado una nueva clase media empoderada, que siente que ha surgido gracias a su propio esfuerzo, hija de la meritocracia, que no exige asistencialismo, pero sí servicios de calidad, igualdad de oportunidades, mejor trato, mejores condiciones de vida. El Estado no ha avanzado a la par de la modernización que ha sufrido el mundo privado, ello lleva a entregar muchas veces servicios deficientes y producto de esta ineficiencia las personas se sienten muchas veces mal tratadas. La sociedad, en especial las élites, tampoco se han adecuado a los nuevos tiempos. Se observa como aún continúan prácticas machistas o clasistas, cómo en el mundo de las empresas continua el contacto social como principal acceso laboral. Junto con estas causas que son de índole cultural, están las causas sociales. Bajas pensiones, bajos salarios, alta informalidad en el trabajo, servicios ineficientes en salud en lo que respecta a cirugías, alta delincuencia, ciudades poco amigables, etc. El problema es que todo esto ha estado siempre presente, las distintas encuestas dan cuenta de este malestar, entonces qué explica que haya irrumpido con tal violencia ahora. Para mí eso todavía no está del todo claro. Hay un componente generacional, las nuevas generaciones legitiman más la violencia que las generaciones más antiguas, y eso explica en parte este exabrupto de violencia. Pero también este malestar social se combina con una profunda crisis política. Creo que esta combinación es letal. Cuando las personas dejan de creer en las instituciones políticas, cuando pierden la esperanza de que a través de la política se pueda dar solución a los problemas que los aquejan, entonces la violencia cobra sentido. Para entender esta crisis creo que hay que profundizar más en la crisis política que la genera y no tanto en los aspectos sociales que nos han acompañado hace tiempo.

¿Qué es lo que más le llama la atención del fenómeno acontecido en Chile?

Lo que más me sorprendió fue constatar la fragilidad de la democracia. Ese semestre estaba dando un curso de filosofía política en la Universidad Católica y precisamente estábamos leyendo autores contractualistas (Hobbes, Locke, Rousseau), es decir, que fundan la vida en comunidad en un contrato social implícito. Es una teoría. Pero con el estallido social salió a la luz el quiebre de ese contrato y las dificultades que tiene el Estado para obligar a respetar dicho contrato cuando un grupo importantes de ciudadanos se revela.

¿Cómo evalúa el actuar de la clase política durante el estallido?

En general los evalúo muy mal, creo que ellos son los principales responsables de este estallido. El acuerdo que se logró en noviembre fue esperanzador, ahí vemos lo mejor de nuestra clase política, pero es increíble que hayamos tenido que llegar a esos niveles de violencia para que pudieran sentarse la coalición de gobierno y oposición a encontrar una salida, y mucho más impresionante es que algunos partidos o movimientos se hayan restado de dicho acuerdo. Estamos viviendo una profunda crisis política y creo que si no entendemos a qué se debe esta crisis política difícilmente haremos los cambios institucionales que se requieren para fortalecer nuestra democracia. Nuestra clase política se ha polarizado y cada vez cunde más el populismo y la demagogia, si no entendemos por qué está sucediendo eso, entonces arriesgamos nuestra democracia.

¿Qué es lo que se puede esperar para la democracia tras lo acontecido?

Se suele confundir democracia con la democracia directa, eso es un tremendo error. Una de las formas de debilitamiento de la democracia justamente tiene que ver con saltarse al Congreso y establecer un vínculo directo entre el Presidente y la ciudadanía. La participación ciudadana es importante, es la base de la legitimidad de los gobiernos, pero la democracia  es una forma de gobierno que busca la descentralización del poder y para ello no sólo la separación de los poderes es claves al igual que el check and balance entre las distintas instituciones del Estado, sino también la burocracia, es decir, la democracia no es otra cosa que burocracia en el buen sentido de la palabra. Cuando escucho al Presidente de la Cámara de Diputados decir que no es importante respetar la Constitución en materia de exclusividad del gasto, entonces poco podemos esperar de nuestra democracia, pues precisamente de eso se trata la democracia, de un conjunto de normas que norman nuestra vida en común y limitan el poder de los gobernantes. Si ellos no respetan las normas que limitan su poder, entonces lo que están diciendo es que no creen en la democracia. Lamentablemente cada vez son más los parlamentarios que hacen caso omiso de las normas que los rigen a la hora de legislar.

¿Existe el dilema entre violencia y derechos humanos?

No, al menos no en la teoría. El Estado tiene el monopolio de la fuerza y tiene el deber de usarla cuando se quiebra el orden público. ¿Cuánta fuerza debe utilizar el Estado para resguardar el orden público? La fuerza debe ser proporcional, pero debe ser suficiente para lograr restablecerlo. En un escenario extremo, por ejemplo, un carabinero tiene insluso el derecho a disparar si su vida está bajo amenaza. En este caso no sería una violación a los derechos humanos. El punto clave es que el actuar de las fuerzas represivas sea proporcional y se ajuste a los protocolos.

Por supuesto, en la práctica no siempre los límites son tan claros y pueden existir situaciones complejas excepcionales. Pero las violaciones a los derechos humanos tienen que ver con un abuso de poder, con el uso desproporcionado de fuerza, que no se ajusta a los protocolos. Estas situaciones pueden suceder de forma deliberada o también por una mala formación de las fuerzas represivas. Si pones a personas sin entrenamiento especializado en situaciones de alta violencia puede pasar que estas personas terminen heridas o hagan uso desproporcionado de la fuerza. Ambas cosas sucedieron durante el estallido social.

¿Son días tristes para los adherentes a las creencias liberales?

Son días tristes para quienes creen en la democracia como una forma pacífica de abordar y resolver los conflictos de una sociedad. Los liberales son en esencia demócratas.

¿Cuál es su opinión con respecto al proceso constituyente? ¿Y sobre las expectativas que surgen de él?

Creo que el estallido social conducido bien políticamente nos puede llevar a lo que Acemoglu llama un proceso democratizador. El proceso constituyente puede ser una forma de llevar adelante este proceso democratizador, pero para que sea exitoso se requiere mucha generosidad de la clase política y eso es precisamente lo que no veo y me preocupa, porque proceso arriesga mucho si sale mal.

Me preocupan las expectativas que está generando la clase política a propósito del proceso constituyente. Una nueva Constitución puede producir cambios importantes, especialmente en lo que respecta al funcionamiento de las instituciones políticas, pero las posibilidades que tiene de mejorar la calidad de la educación, nuestro sistema de salud, mejorar los salarios y en general mejorar la calidad de vida de los chilenos son nulas.

¿Qué cambios se podrían ver en educación con una nueva constitución?

Es difícil que la calidad de la educación mejore con un cambio constitucional. En 2013 se aprobó un cambio constitucional que asegura a todos los niños de dos y tres años acceso universal y gratuito a la educación parvularia. Han pasado casi siete años y todavía ese cambio no se materializa por falta de voluntad política. Los mismos parlamentarios que apoyaron ese cambio constitucional hoy no apoyan el proyecto de ley que lo materializa. Veo difícil que un cambio constitucional vaya a repercutir en educación, a no ser que se decidiera terminar con la educación particular subvencionada, pero eso lo veo difícil pues la gran mayoría de los padres prefiere estos colegios  a los municipales.

Crisis del Covid-19:

Con respecto a lo que acontece hoy, ¿Cómo ve el comportamiento de la sociedad frente a la crisis?

En general me ha sorprendido ver como la mayoría de las personas se ha tomado en serio el aislamiento social. Siempre hay excepciones y eso es lamentable, pero mi percepción es que la sociedad está siendo bastante responsable.

¿Cuáles son los factores estructurales de la institucionalidad chilena que nos hacen ver más vulnerables frente a la amenaza del Covid – 19?

Somos una población con una alta tasa de personas con enfermedades crónicas como la diabetes y la hipertensión que nos hace especialmente vulnerables. Además, nuestro sistema de salud tiene una razón muy baja de cambas por 1.000 habitantes. La experiencia internacional nos ha mostrado que países con razones mucho más altas que las de Chile han colapsado, lo que puede significar que en Chile el efecto será mucho peor. Ahora bien, nuestras autoridades se han estado preparando y han tomado medidas que pueden mitigar estas desventajas que presentamos.

¿Cómo se ha llevado el tema de la educación escolar en tiempos de pandemia?

Me cuesta dar una opinión general, porque la realidad de nuestro territorio es muy heterogénea. Probablemente, en las zonas rurales es mucho más difícil que los niños puedan continuar con sus aprendizajes a distancia que en las zonas urbanas. Si bien se observa un enorme esfuerzo por parte de las autoridades de gobierno y especialmente de los docentes por que los niños puedan continuar aprendiendo a distancia, la realidad de las familias es muy heterogénea y eso puede llevar a aumentar las brechas. Especialmente desafiante es el aprendizaje de los niños más pequeños, que requieren la ayuda permanente de un familiar para poder seguir con la enseñanza a distancia. Creo que en momentos como estos la flexibilidad y la creatividad es clave para encontrar otras formas de enseñanza que hagan sentido, que no recarguen a los padres y que permita seguir desarrollando las capacidades de nuestros niños. Ojalá los colegios se atrevan a experimentar y a probar nuevas formas, creo que es el momento para hacerlo.