De veteranos a jóvenes, el nuevo mapa político

El lector ya sabrá que la ciudadanía ha perdido constantemente interés en el acontecer político. Prueba de ello es la consistente caída en la participación electoral, que para el plebiscito de 1988 contó con 7.251.933 personas emitiendo votos, cifra que bajó a 5.582.270 en la segunda vuelta presidencial del año 2013 (aún cuando la población y el universo de votantes habilitados no ha hecho más que aumentar).

Esta situación, este desencanto que se ha instalado en torno al sistema político puede tener múltiples explicaciones (como los casos de corrupción que se han conocido en las 2 grandes coaliciones), sin embargo me gustaría detenerme en una causante que, quizás por lo obvia, pasa generalmente desapercibida: la forma que tienen los partidos políticos de involucrarse con los votantes.

Los partidos políticos constituyen la forma más directa, después de las elecciones, que tiene una persona para participar en política. Sin embargo, durante las últimas 2 décadas, pareciera ser que los partidos políticos se han cerrado en una especie de círculo, generando que poca gente se sienta atraída a entrar a participar a través de los espacios que los partidos otorgan. Esto eventualmente condujo a que no se pudieran dar a conocer demandas sociales por la “vía institucional” (a través de un partido político), lo que provocó el surgimiento de agrupaciones alternativas para presentar demandas (como Patagonia sin represas, No + AFP, etc) y que terminó reforzando la idea colectiva de que el sistema político, en general, no merece ni el tiempo ni la atención de los ciudadanos, pues de todas formas no escucharan sus demandas.

Sin embargo, a partir de las movilizaciones del año 2011, en conjunto con las nuevas demandas han surgido también nuevas tiendas partidarias. Revolución Democrática o Evópoli son ejemplos de partidos que, en menos de 6 años, han obtenido representación parlamentaria (9 y 8 congresistas respectivamente). De alguna forma, estos partidos han logrado llegar nuevamente a la gente, o al menos parecen tener una mayor cercanía que el resto de los partidos. Pero, ¿qué es lo que los diferencia de los partidos “tradicionales”? Yo diría que la juventud.

Hoy 72 de 155 honorables poseen más de 49 años. Por otro lado, los partidos “nuevos” tienen edades promedio más bajas, como los mencionados Evópoli (6 diputados, promediando 48,5 años) y Revolución Democrática (3 diputadas y 5 diputados, promediando 31,5 años). Esto podría ser una especie de señal respecto al cambio generacional que se está dando en la clase política chilena.

Además, en la esfera política universitaria, los partidos “tradicionales” (con excepción del PC) ya casi no tienen cabida. Los jóvenes interesados en la representación estudiantil y en el acontecer nacional son en su inmensa mayoría militantes o simpatizantes de tiendas partidistas o movimientos políticos recientemente fundados (y este fenómeno abarca tanto a la izquierda como al centro y la derecha, existiendo, por ejemplo, el Movimiento Autonomista, Partido Ciudadanos o Acción Republicana). Otra señal de que aparentemente se acerca un recambio generacional.

Por último, las personas se sienten más atraídas o convocadas por movimientos sociales (No + Lucro, No + AFP, Ola Feminista) que provienen o son promovidas por jóvenes simpatizantes o militantes de estos nuevos partidos. Quizás el éxito (o sorpresivo resultado) electoral del Frente Amplio (que por 160.294 votos no pasó a segunda vuelta presidencial) se debió precisamente a que las personas consideraban que esta agrupación sí trabajaría por esas demandas. Así entonces, partidos que tengan entre sus filas a esta juventud capaz de promover estas iniciativas serán también partidos capaces de obtener un apoyo popular importante.

Lo que diferencia a los partidos “viejos” de los “nuevos” es que unos se desconectaron de la gente, sin adaptarse a las nuevas necesidades, mientras que otros han nacido precisamente de las nuevas generaciones y sus nacientes demandas. La juventud puede jugar un papel muy importante si llega a ser posible movilizarla. Prueba de ello es que hasta la participación en las últimas elecciones (precisamente las elecciones en donde participaban las nuevas agrupaciones políticas) aumentó significativamente (7.032.523 votantes en la segunda vuelta del año 2017).

La clave para conectar un partido con la gente es la juventud. Así, una tienda política que no tenga militancia joven bajo su alero tenderá inevitablemente a perecer.

FHJ

En defensa de la democracia:

Treinta años se cumplen desde que el NO se impuso en nuestro país con una participación histórica en aquellas elecciones, y en que la ciudadanía chilena culminó la batalla que venía dando hace años: la búsqueda de libertad y dignidad, que solo podía venir en aquel momento desde un sistema democrático. Y es que, desde 1973 hasta 1988, como en toda dictadura, las personas se encontraban en la oscuridad. Estaban atemorizados de expresar lo que sentían o de actuar bajo su propia determinación, estaban siendo coaccionados por el dictador, provocando que su espacio de movimiento fuese ínfimo, tal cual como si de piezas de damas se tratase, pues el régimen acababa por eliminar cualquier pequeño desvío de su plan rector.

A todo esto la mayoría de los chilenos acabó diciéndole que NO aquel 5 de octubre, utilizando y buscando tener un sistema democrático. Si bien a lo largo de la historia la democracia y la libertad no han ido del todo de la mano, sí es cierto que han avanzado y crecido juntas. Norberto Bobbio, por ejemplo, nos decía que la democracia conllevaba por definición libertad política (autogobierno) e igualdad ante la ley. John Rawls agregaría como aspecto de importancia de este sistema político el espacio público que aporta, que luego se transforma en un ámbito constitutivo para el desarrollo de la individualidad. Este espacio, Hannah Arendt lo celebra por el debate enriquecedor que se forma y que John Stuart Mill nos señala que nos haría progresar como sociedad.

Por todo lo anterior, la mayoría de Chile decidió ponerle fin a la dictadura, en pro de la libertad de expresión, la igualdad de derechos y el “autogobierno” mediante la representación en el congreso, buscando una sociedad pluralista en donde los distintos pensamientos sobre lo que es un buen vivir tengan cabida en el diálogo de la sociedad. Esto nos brinda la democracia, algo que pareciese que cualquier individuo racional sin saber su posición original dentro de la sociedad querría como un mínimo.

En la actualidad esto no se ve tan claro, quizás porque la defensa a este sistema democrático hoy no es tan fuerte, pues se relajó dentro de la realidad acomodada en la que se encuentra como el sistema político que domina en la mayoría de países del mundo, pero es cosa de escuchar al favorito a quedarse con la presidencia en Brasil, con declaraciones como que la dictadura de su país debió fusilar por lo menos a 30.000 personas o que prefiere a su hijo muerto antes de que sea homosexual. Esto también se ve en Estados Unidos con Donald Trump y su lucha contra los medios de comunicación, la desconfianza del sistema institucional de su país, o su rechazo a la migración. Este último caso se repite también en Francia con Marine Le Pen sumándole sus planes anti-unión europea. Junto con lo anterior también están presentes dictaduras en Venezuela, Nicaragua o China, países en donde la libertad de expresión hace aguas, junto con la inexistencia de un recambio posible en el poder oscureciendo el pasar de sus habitantes. Vemos en la mayoría de esos países un populismo importante con muchos adeptos y que en estos nuevos tiempos hace de reemplazante de los totalitarismos como enemigos de la democracia, pero, aun así, podría traer las mismas consecuencias para las personas, como se está viendo.

Por lo tanto, este 5 de octubre es un día para reflexionar acerca de las democracias, los totalitarismos y sumarle a nuestro pensar, el populismo; y en vistas de la historia, defender al primer sistema y condenar a los dos últimos, porque se puede ver en el contexto actual del mundo que la lucha no está ganada y las amenazas están latentes y a la vuelta de la esquina.

Marco Bravo Gatica