Jóvenes a la cancha

Por Pablo Salvatierra

“Año nuevo, vida nueva”, dicen. Lo cierto es que tras un año para el olvido, comienza uno con mejores expectativas no solo en el ámbito de la salud por la llegada de las vacunas, sino también por los hitos claves que viviremos en política en los que, afortunadamente, la ciudadanía tiene la última palabra mediante el voto. Democracia en estado puro.

En ese contexto, uno de los actores necesarios para conformar una Constitución representativa y alcanzar la manoseada idea de la “renovación en la política” son los jóvenes. De hecho, el plebiscito de octubre dejó de manifiesto que este grupo sí se interesa por la política, ya que la cantidad de votantes menores de 30 años subieron más de un 20% respecto a las elecciones del año 2017. En síntesis, la motivación cuando se trata de procesos claves está; sin embargo, lo que cambió es la concepción que se tiene de la política y su forma de hacerla. Revisemos.

La encuesta “Participación, Jóvenes y Consumo de Medios 2020” elaborada por CICLOS UDP y la empresa Feedback, reveló que solo un 2,8% de los jóvenes tiene “bastante o mucha confianza” en los partidos políticos y un 4,4% dice lo mismo del gobierno y los parlamentarios de su distrito. Estos datos desnudan la crisis de las instituciones que se arrastran incluso antes del estallido social y reflejan que los menores de 30 años ya no creen en la política tradicional. ¿Casualidad? En lo absoluto. Más bien, ley de causa y efecto provocada por las mismas personas que “no lo vieron venir”.

En contraposición, un 34% dice tener “bastante o mucha confianza” en lo que pueda ocurrir en la convención constituyente. Además, entre las características que debe tener un candidato a la instancia se encuentran la expertiz en materia constitucional, que respete a las minorías sexuales, independencia de los partidos políticos y que viva en la región, algunas de ellas son de perogrullo para un cargo público, no obstante, la clase política de los últimos años ha provocado que sea necesario explicitarlas. Los números revelan que para los jóvenes no es el fondo, sino la forma. 

Con todo y entendiendo el malestar, es clave resolver nuestros problemas y llegar a consensos en el marco de la democracia, donde las instituciones también forman parte de ella. El historiador británico Tony Judt en su ensayo “Algo va mal” plantea que la energía y el carácter transformador de los jóvenes es positivo y que grandes procesos como la revolución francesa o el new deal fueron obra de líderes más jóvenes que sus antecesores. Sin embargo, también puede ser un elemento que perjudique, pues existe el riesgo de caer en el apoliticismo, desechando cualquier vía que tenga que ver con la política y sus instituciones.

Si bien esto último es el caso más extremo, lo que se intenta destacar es lo importante el compromiso y la participación de los jóvenes a través de la vía institucional y democrática (votando, manifestándose pacíficamente, participando de instancias de diálogo, presentándose a cargos públicos, etc.) sin dejar de lado la independencia de las personas y sus ideales. Así, Judt señala en su texto: “Las repúblicas y las democracias solo existen en virtud del compromiso de sus ciudadanos en la gestión de los asuntos públicos. Si los ciudadanos activos y preocupados renuncian a la política, están abandonando su sociedad a sus funcionarios más mediocres y venales”.

No se olviden de los jóvenes, tienen mucho que decir. 

Fase 2

Por Rocío Leiva Mora

Primero la Región Metropolitana y luego comunas de la quinta región regresan a fase 2 y, tanto el contexto como el ánimo de los ciudadanos parece haber cambiado en comparación a cuando se estuvo en fase 2 meses atrás. El ánimo en las calles y en los centros comerciales parece haber cambiado, una actitud más despreocupada, aunque consciente de los riesgos se ve en los individuos que, dispuestos a hacer largas filas, acuden a las tiendas para hacer sus compras navideñas; acuden, paradójicamente, a aquellos mismos lugares que a inicios del año muchos deseaban quemar. Estos mismos Malls que hacen meses despertaban las emociones más negativas, hoy acogen a los compradores navideños que logran experimentar algo de normalidad luego de tantos meses de confinamiento.

A pesar de que el aumento del comercio en estas fechas es algo beneficioso para la economía y los comerciantes, existe algo preocupante, que no es solo la manera en que se llenan estos centros, con escaso cumplimiento de distanciamiento social, sino que la actitud despreocupada de algunos, acompañada con un deseo de “normalidad” ha llevado consigo a un aumento de los contagios por covid en estas últimas semanas. Sin embargo, todo esto era de esperarse. Era de esperarse las aglomeraciones en los centros comerciales en fechas cercanas a navidad, con gente con dinero para gastar gracias al retiro del 10% de la afp, en comunas que luego de estar meses en cuarentena comenzaban a tener medidas más flexibles. Era de esperarse porque los individuos tienen incentivos individuales; porque cada uno tiende a pensar que otros se pueden contagiar, pero uno no; porque el encierro también cansa y de algún modo, ir a gastar dinero en regalos significa una satisfacción personal en medio de tiempos de tanto cansancio y estrés.

Por ello, porque ciertos comportamientos de individuos son esperables, es necesario que las autoridades impongan medidas y no solo apelar a que cada uno se cuide lo mejor posible. Y así como se ha sido una medida necesaria regresar a fase 2, es necesario pensar en el verano 2021 y cómo se administrarán las normas que restrinjan el turismo entre regiones. Porque lo que ocurrió en otros países, es probable que ocurra acá también y, es razonable esperar que el comportamiento esperable de los individuos se materialice también. La crisis del covid se debe entender como un conjunto de factores que se interrelacionan y lo mismo con el comportamiento de los individuos en estas situaciones. Son diversos los factores que pueden llevar a comportamientos riesgosos o no apropiados en pandemia, tales como factores económicos y emocionales (entre otros) y, es necesario comprender estos de forma particular como en su conjunto para tener un panorama más claro en el avance de la pandemia.

Prohibido fumar

Por Daniela Montes de Oca Carreño

Hasta el día de ayer se han acumulado un total de 1.633.180 muertes mundiales asociadas al COVID, y 73.406.636 casos registrados. Los primeros casos se registraron entre el 12 y 19 de diciembre del año pasado, por lo que ya llevamos un año en presencia de este virus. Son números terribles, un millón seiscientos treinta y tres mil ciento ochenta personas, de todas las edades, han perdido la vida en un año a causa de este virus. A causa del impacto del virus personas y hogares han perdido la fuente de empleo, hemos tenido que guardar cuarentena, dejar de ver a nuestros seres más queridos para protegerlos y así perdernos momentos tan importantes como los últimos, entre otros efectos más.

Ha sido desolador y hemos visto los efectos de manera rápida, aunque varios ya lo hayan olvidado y hayan empezado a retomar sus vidas pre pandemia. Hoy escribo para llamar la atención de otro causante de horribles números a nivel mundial, y de desastrosos efectos negativos, que quizás sean menos fáciles de asociar. El tabaquismo. Anualmente mueren 8 millones de personas a causa del tabaquismo a nivel mundial, ocho millones. De las cuales 1,2 millones ni si quiera son fumadores, sino fumadores pasivos, es decir, personas que están en ambientes contaminados por humo de tabaco (llamado humo de segunda mano). Y existen 1,3 mil millones de fumadores, que serían análogos a los casos registrados.

El tabaco también está en el aire, donde es un poco más perceptible que el COVID, ya que lo podemos oler; pero también pasa desapercibido cuando se impregna en tejidos, paredes, ropa, pelo, y otras superficies sobre las cuales puede permanecer hasta seis meses luego de haber fumado, esto es el humo de tercera mano. Además de cáncer, está asociado a enfermedades respiratorias (EPOC y exacerbaciones de asma por ejemplo), cardiovasculares (infartos) y accidentes cerebrovasculares, lo que resulta en muertes prematuras y peor calidad de vida en los fumadores y en quienes respiran cerca de ellos (recuerden por favor que si fumaron, la ropa y pelo queda impregnada de toxinas dañinas). A esto se le añaden las perdidas de productividad debido a enfermedad y menores ingresos.

En Chile está prohibido fumar en espacios públicos cerrados, y espacios abiertos de colegios. Pero hospitales, centros de atención de salud y universidades siguen desprotegidas en espacios abiertos. Imagínense ahora al especialista de salud atendiéndolos luego de haber fumado en su tiempo libre de descanso, con la ropa llena de toxinas del cigarrillo, es como si los atendiera sin mascarilla en este contexto de pandemia. Es importante que las leyes establecidas se cumplan y se endurezcan. Es importante conocer realmente el efecto del tabaco en el cuerpo, comprender que no solo se pone en riesgo el fumador, si no a todos lo que lo rodean. Estar expuesto al humo de segunda mano durante solo 20 minutos es comparable a fumar dos cigarrillos. Si fumas en tu casa, todos fuman contigo.

Otra variable importante en este tema es la industria tabacalera… pero eso será para otra ocasión. El tabaco es extremadamente dañino, y aquellos que fuman no solo toman un riesgo por ellos mismos, sino que exponen a todos a su alrededor. Es como salir sin mascarilla, estás más expuesto a contagiarte del COVID, pero también expones a los demás en caso que seas positivo.

Cultura de corrupción, cultura de protestas

Por Rocío Leiva Mora

Uno podría suponer que con una pandemia mundial las personas evitarían a toda costa los eventos masivos o situaciones con riesgo de contagio. Pero muy a pesar de ello, y para sorpresa de algunos, hemos sido testigos de una serie de protestas con disturbios en Latinoamérica, en países como Chile, Perú y Guatemala, entre otros; un síntoma de descontento que, aunque por motivos aparentemente distintos, tiene como factor común un malestar hacia el gobierno por motivos de corrupción y/o desigualdades sociales. Descontento que, fundamentado o no, se alimenta de las grandes y pequeñas expresiones de corrupción en gobiernos que tal vez, cegados por el poder, ignoran que sus dichos y actos no son gratuitos. Una clase política que creció en medio de una cultura de corrupción puede que hoy esté dando a luz una cultura de protestas que, de forma explícita o implícita, fundada o infundada, busca tomar la justicia bajo métodos cuestionables.

Sin en afán de ahondar en los motivos que llevan a los disturbios, ni en la legitimidad de ellos, parece ser que es un fenómeno que se quedará por un tiempo (al menos hasta que se establezca un nuevo estatus quo), porque, a pesar de que se rechace la violencia, existe la sensación de que es un mecanismo que da resultados. Parece ser que estamos viviendo una transición cultural donde los gobiernos para poder sobrevivir deberán comenzar a considerar la presión social como una variable aún más relevante, atendiendo así a sus demandas, con lo positivo o negativo que ello pueda implicar. Porque si bien, todos deseamos gobiernos menos corruptos, la corrupción sabe cómo sobrevivir, y uno de los riegos de tener un contexto así, es el surgimiento de líderes populistas. Y no se debe pensar que el líder populista ha de surgir solo de un sector político en particular, sino que izquierda, derecha o centro son susceptibles a ello porque el poder es susceptible a ello.

Así, mi preocupación es que, si esta cultura de protestas se establece, alimentada por una cultura de acusación (y “cancelación”) cuyo hábitat natural son las redes sociales, pueda dar a luz en el mediano plazo un nuevo estatus quo de paz superficial y populismo bien elaborado; un populismo que sea comprado por los diversos sectores políticos. Porque como hemos visto, el malestar social no es propio de izquierda o derecha (evidencia de esto es la convocatoria que tuvo el “apruebo”), y, aunque el hábito de la acusación no es exento de sesgo ideológico, como tal, parece ser cada vez más transversal entre individuos.

Ante esta situación, es necesario no solo estar consciente de los sesgos ideológicos propios con tal de ser lo más objetivos posibles al momento de juzgar, sino que la población se eduque en reconocer las manifestaciones del populismo y las características de quienes lo encarnan.

Hoy, más que nunca, ¡Humanidades!

Por Daniel Pacheco Henríquez

Un rasgo muy presente en la modernidad dice relación con la creencia de que todo lo que hacemos, debe estar justificado por la utilidad que nos brinda aquella acción, en que se tenga una respuesta –más o menos rápida– a las preguntas: ¿En qué me beneficia esto? ¿Para qué sirve?

En un mundo dominado por la técnica, donde el gran objetivo es la búsqueda de eficiencia –vale decir, hacer la pega con el menor costo posible–, quienes más son sometidos al escrutinio de la utilidad, son los conocimientos que nos otorgan las humanidades. Sólo pensemos por un momento, el tratamiento que le ha dado nuestro sistema escolar chileno a disciplinas como filosofía, historia o las artes. Desplegadas –en el mejor de los casos– como materias de segundo y tercer orden.

Son varias las razones para cambiar la forma en que se concibe el aprendizaje asociado a las humanidades. En lo que sigue, me referiré brevemente a dos. En primer lugar, hoy es posible identificar un crecimiento exponencial del conocimiento en general. En un estudio de José Joaquín Brunner, se muestra que el conocimiento publicado y registrado internacionalmente se demoró aproximadamente 1.750 años en duplicarse por primera vez contado desde el comienzo de la era cristiana, y que las proyecciones para el año 2020 dan cuenta de que se duplicaría cada 73 días. Por lo tanto, en el siglo XXI es practicamente imposible dominar la totalidad de conocimientos, aún escogiendo una sola disciplina como especialización. Se corre el riesgo de quedar obsoleto en poco tiempo. ¿Cuál es el mérito de las humanidades a la luz de este problema? Dado que la formación basada en la mera transmisión de información –por las razones ya expuestas– no pueden lograr su objetivo final, el cultivo de las humanidades desarrolla capacidades vinculadas a la búsqueda, selección y evaluación de la información para poder aplicarla en distintos contextos, además de fomentar habilidades en torno a generar y comunicar nuevos conocimientos. Todo apunta a que en la actualidad, más que especialistas, necesitamos generalistas, personas capaces de vincular y proyectar puentes entre todo el conocimiento disponible, y en esta labor, las humanidades juegan un rol fundamental.

En segundo término, vemos que los problemas por los que transita nuestra sociedad son cada vez más complejos, lo que exige múltiples perspectivas de análisis. La formación en humanidades se hace muy necesaria en un mundo marcado por dilemas morales, económicos, políticos y sociales (basta mirar lo que ha sido nuestro 2020). Por ejemplo, creo que el análisis costo-beneficio se queda corto, sin añadir aproximaciones de teorías de justicia que aporta la filosofía política, para tomar decisiones en torno a plantear hojas de ruta para abordar los problemas medioambientales que enfrentamos como sociedad. Por otro lado, cómo se puede hacer cargo la ciencia política del antiguo clivaje político izquierda-derecha, cuando vemos un eje desgastado y con resultados que desafían a la lógica de voto de clase (sugiero ver en detalle los resultados de la última elección en USA). Probablemente no haya una respuesta clara, pero sí es seguro que la literatura y el arte hacen posible observar una parte de la realidad a la cual la simple razón no alcanza a aproximarse. Los aportes de las humanidades a tener una mejor comprensión de los cambios culturales son incuestionables.

En marzo del 2011, al finalizar la presentación del Ipad 2, Steve Jobs señalaba: “La tecnología no es suficiente. Es la tecnología unida con las Artes Liberales, con las humanidades, lo que produce resultados que hacen cantar a nuestros corazones”. Hoy, más que nunca, ¡Humanidades!

Nudes, Sextortion y el Código Penal

Por Victoria Correa J.

Estrés post traumático, recuerdos angustiosos, alteraciones negativas cognitivas, comportamiento irritable, arrebatos de furia, comportamiento imprudente o destructivo, hipervigilancia, sentimiento de culpa, vergüenza, sentimientos de traición, estigmatización y aislamiento. Según el centro de asistencia a víctimas de atentados sexuales CAVAS, estos son algunos de los trastornos que puede sufrir una víctima de lo que se conoce como sextortion. En los últimos meses esta practica no ha hecho mas que nutrirse de las medidas sanitarias que impone el COVID-19: Cuarentenas y distanciamiento social son el terreno perfecto para que las nudes cobren vida y invadan celulares de personas que malintencionadamente buscan sacar provecho de esta situación. Pero, no solo de confinamiento se da esta situación, sino también de relaciones tormentosas en las que mujeres día a día son extorsionadas con amenazas del estilo: “le voy a mandar las fotos a tus compañeros de trabajo”, “todavía guardo tus videos de cuando estábamos juntos, puedo reenviarlos”, “¿Qué diría tu jefe de esta foto?” y tantas otras amenazas. Lo cierto es que el real problema radica en la siguiente pregunta ¿Me permite el código penal hacer algo contra este tipo de prácticas? ¿Puedo denunciar a mi extorsionador y esperar que el ordenamiento jurídico haga algo? lamentablemente, la respuesta es NO.

El problema se encuentra en la raíz del articulo 161 A del Código Penal donde no se considera la difusión de grabaciones o archivos de manera consentida, es decir, será delito aquella difusión de contenido siempre y cuando esta haya sido adquirida de manera involuntaria por la víctima, no en el caso de una relación de pareja ni en el caso de aquellas nudes enviadas voluntariamente, pero de las que no se esperaba su difusión. Explica el subjefe de la brigada investigadora del Ciber Crimen de la región Metropolitana, comisario Señor Cristian González, que en la práctica estos hechos al no constituir delito suponen un escenario complejo de investigación y que la afectación de la víctima hace que la denuncia sea tomada de igual manera. Y de ahí que las denuncias no guardan relación con las órdenes de investigar que recibe PDI, porque muchas de estas siguen el curso bajo la figura del artículo 161 A del Código Penal, lo que permite que se inicie la investigación, se re tipifique a otros hechos, o que finalmente se determine archivar la denuncia por no constituir delito. Es decir, que todo quede en nada por ser nada.

Se preguntarán por qué no denunciar por amenazas, y lo cierto es que el delito de amenazas exige como requisito, que la amenaza en si misma sea constitutiva de un delito y ahí es donde nos damos vueltas en lo mismo, pues difundir material con connotación sexual que fue adquirido voluntariamente, como mencionaba anteriormente, no es un delito. Por ende, sin delito, no hay delito de amenaza.

Afortunadamente, este tema ya está en discusión legislativa. Desafortunadamente, se encuentra estancado en el segundo tramite constitucional, esperando pacientemente poder avanzar para que las mujeres finalmente puedan verse amparadas por un ordenamiento jurídico que se pone al día con el movimiento feminista y la eliminación de la violencia contra la mujer.

Referencias

Informe de la comisión de seguridad ciudadana recaído en los proyectos de ley refundidos que modifican el código penal con el propósito de sancionar la difusión no autorizada de material o imágenes con contenido o connotación sexual | from: https://www.camara.cl/legislacion/ProyectosDeLey/tramitacion.aspx?prmID=12444

Una de las brechas entre nosotros y el homo economicus

Por Daniela Montes de Oca Carreño

Esto es solo un pensamiento, pero me parece que los humanos nos volvemos cada vez menos predecibles y más alejados del homo economicus ideal, ese que se supone es un ser racional. Mi teoría es que la educación es el problema, y también la solución.

El origen de esta idea viene del miedo que sentí ante la posibilidad de que ganara el rechazo, y la posibilidad de que ganara Trump, otra vez. Es totalmente justificable cualquiera de las dos opciones en cualquiera de las dos votaciones, por algo se hacen, pero para mí era claro que este homo economicus si votaba algo, era apruebo y Biden. Y suponiendo que la mayoría se comporta como él, era una clara victoria en ambos casos. Pero las personas no somos tan racionales, y no contamos con toda la información disponible como para que el escenario rechazo-Trump fuera irreal.

Cuando se estudia teoría de juegos, en los cursos más básicos, se plantean los supuestos de racionalidad de los jugadores y conocimiento común (cada jugador sabe que el otro es racional), y se modela de manera distinta según la información que posean los jugadores. Por lo tanto, es clave la racionalidad de las personas y la información que disponen al momento de tomar decisiones.

Si las personas no actúan de manera racional puede ser porque no son capaces de modelar su función de utilidad y calcular el pago que reciben hoy por las acciones que toman, y claro, el que recibirán en el futuro también por esa misma acción, y lo mismo con todas las cosas que deciden. Bueno, que seamos capaces de hacer eso es bastante irreal. Quedándonos en la cancha delimitada anteriormente para analizar esta situación, si las personas no toman las mejores decisiones también puede ser porque les falta información. En un mundo ideal todos tendríamos toda la información disponible, en el mundo ideal de los mercados competitivos los encargados de llevar la información son los precios. Pero en el mundo real es muy difícil aceptar que todos contamos con toda la información disponible al momento de tomar cualquier decisión. Me atrevo a decir que ni siquiera contamos con las herramientas para poder procesar toda la información disponible, ni el tiempo. Irónico es decir que vivimos en la era de la información cuando estamos tan des- y mal- informados.

¿Cómo podemos acercarnos a este ser racional capaz de tomar las mejores decisiones? La única respuesta que yo veo es la educación. Es necesario que las personas seamos realmente capaces de adquirir y procesar información. Es necesario que seamos capaces de discriminar qué información es verídica y cuál es falsa. Que seamos capaces de leer y entender lo que estamos viendo. Que seamos capaces de expresarnos de manera clara (algo que por ejemplo, yo aún no domino bien). Cuando nos enfrentamos a decisiones pequeñas, como qué comer de almuerzo, y otras más grandes como qué votar en el plebiscito o las elecciones, o aún más grandes como dónde comprar una propiedad, necesitamos saber qué información conseguir, cómo hacerlo y cómo procesarla para escoger la mejor opción. En las mallas curriculares escolares necesitamos educación cívica, educación financiera (sigo insistiendo en este punto), necesitamos más y mejores horas de historia y filosofía. Y necesitamos ofrecer esos cursos a los apoderados, para que aquellos que no se han podido educar en estos ámbitos lo hagan en conjunto con sus hijos. Si se quiere contar con ciudadanos que sean parecidos al homo economicus, que sean personas racionales, lo que se debe hacer es educarlos.

Cuidar la democracia

Por Rocío Leiva Mora

Existe un amplio y difícilmente cuestionable consenso de que la democracia es el mejor sistema político que el ser humano ha creado hasta nuestros días. Un sistema que, aunque no inherente a la naturaleza humana, vale la pena cuidar y proteger por sus beneficios al desarrollo humano.

Vale la pena destacar que esta forma de gobierno es un producto elaborado el pensamiento humano y no producto espontáneo de su naturaleza. El ser humano puede ser tanto colaborativo como egoísta y, pocas cosas hay que aporten a la colaboración como los incentivos individuales. Por ello, la democracia es un bien susceptible a la desvirtuación cuando lo que queda es solo el nombre, pero se corrompe la esencia y, al ser los procesos democráticos procesos donde el humano es protagonista, este mismo humano que saca provecho de la democracia, podría llegar a corromperla.

Por ello, la democracia es en esencia frágil cuando confiamos en la mera buena voluntad de los individuos y descuidamos las estructuras e instituciones destinadas a resguardar lo democrático.

Para bien o para mal, Estados Unidos es relevante a nivel mundial, ni los individuos ni las economías son indiferentes a lo que ocurre con la democracia de este país y, su influencia en países como por ejemplo los latinoamericanos, es tanto explícita como implícita. El presidente electo democráticamente en las elecciones pasadas hoy reclama fraude electoral y surge nuevamente la cuestión de proteger la democracia. Una cosa es clara, un fraude electoral es un atentado contra la democracia, pero ¿es un atentado contra la democracia que se acuse de fraude electoral? Si no hay evidencias para ello, sí; pero de existir evidencia, sería un acto de protección a la democracia. Entonces el mero hecho de acusar fraude electoral no debe ser criticado per se, si no la acusación sin pruebas. Y la existencia de pruebas es lo que diferenciará un atentado contra la democracia de un acto de protección a esta.

Es prudente que se cuide en extremo la forma en que se comunica una sospecha de fraude sin antes contar con evidencias que le respalden (sobre todo en la era de las fake news); pero también es prudente no ocultar la posibilidad de que ello ocurra, como si fuera un asunto tabú. Proteger la democracia en estos contextos debe ser mirar estos eventos con objetividad, dejando de lado los sesgos políticos y el carisma (o falta de carisma) de quien los protagonice. La confianza en la democracia no debe ser una fe ciega, como si los procesos políticos fueran divinos e infalibles, pero sí es razonable confiar en la trayectoria de dichos procesos y en las instituciones que gozan de buena reputación, a menos que se evidencia lo contrario.

Si bien pienso que es poco probable que exista fraude electoral en este caso, el hecho de que algo sea poco probable no significa que sea imposible; y estos asuntos deberían ser tratados con la seriedad que ameritan, esperando a que las instituciones competentes los evalúen a la luz de las evidencias. Evaluar estos asuntos con objetividad colaborará en no dividir más a una sociedad cada vez más polarizada.