La paja en el ojo ajeno

Por Pablo Salvatierra

Hace un par de semanas, Joe Biden se impuso a Donald Trump en una de las elecciones más peleadas en el último tiempo de Estados Unidos. La victoria del demócrata hace suponer un liderazgo más aterrizado y convocador a la unidad sin importar el color político de los ciudadanos. Sin embargo, uno de las cosas que más se celebró, es la “caída” de un líder con una característica que es la antítesis total a la democracia: el populismo.

Un defecto que tienen las personas, es el de buscar culpas y apuntar con el dedo todos los males ajenos. No obstante, en Chile no estamos tan lejos de figuras políticas populistas, las que en el afán de generar adherencia y valoración social, se desvían de su fin último que es velar por la seguridad y bienestar de las personas. Por ejemplo, Pamela Jiles y el revuelo mediático tras auto celebrarse por ser la impulsora del segundo retiro del 10%.

Según la RAE este concepto se define como una «tendencia política que pretende atraerse a las clases populares». De esta forma, el proyecto del segundo retiro es un fiel reflejo de demagogia. Esto, ya que carece de cualquier fundamento técnico y la mirada de los economistas –de izquierda y derecha– es categórica: solo aumentará la desigualdad y significará un gasto fiscal enorme.

Lo último es solo un ejemplo de cómo opera el populismo. Sin ir más lejos, The New York Times elaboró un artículo donde describe si efectivamente el populismo se termina con la derrota de Trump. Su conclusión fue que esta ola distaba mucho de finalizar y que, lamentablemente, deja huella: […] Es probable que algunos de estos líderes puedan explotar las secuelas de la pandemia, desde el desempleo crónico y la inseguridad hasta el aumento de la deuda pública y las tensiones raciales, incluso si ellos mismos empeoraron los problemas minimizando la amenaza del virus y politizando al país”.

Como conclusión, no estamos tan lejos del populismo. Lo que nos queda a nosotros como ciudadanos para combatir este tipo de conductas es tomarle el peso a estas figuras populistas. Es decir, no ignorar y condenar esta tendencia sin importar el sector político; informarse lo máximo posible, pues esto dará panorama amplio de lo que ocurre y se tendrá conocimiento de las diferentes posturas en torno a un tema; no ignorar los argumentos técnicos y por último, promover los valores democráticos como el diálogo y respeto mutuo, dejando de lado cualquier tipo de insultos o incitación al odio. 

Solo así estaremos a salvo de un(a) “Trump” chilen(a). Cuando un político prometa cambiarlo todo de un día para otro, salgan arrancando.

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