No hay aprendizaje: centralismo y pobre tacto político

Por Daniel Pacheco Henríquez

Somos la única especie capaz de tropezar dos veces con la misma piedra. Pero uno podría pensar que el tamaño de la piedra con la que chocamos es proporcional al aprendizaje que obtenemos, vale decir, si el primer golpe fue muy duro, es menos probable que nos volvamos a equivocar en la misma situación. Ahora, todo indica que hay personas y ciertos grupos que son más propensos a caer en esta contradicción de la experiencia humana.

A comienzos del año 2011, Magallanes se tomó la agenda pública nacional producto de la crisis social desatada a raíz del anuncio por parte del primer Gobierno del presidente Piñera conforme al cual se evidenciaría un aumento en torno al 17% en el precio del gas natural en la región. El conflicto estalla a otro nivel cuando el Ministro de Energía de la época, Ricardo Rainieri, señaló que “el subsidio al gas en Magallanes es una fiesta que debe terminar”, declaración que a la postre le terminaría costando el cargo al otrora secretario de Estado. El paro llegó a su fin, cuando se acuerda subir el precio sólo un 3% en los próximos 10 meses y la entrega de 18 mil subsidios a las familias más pobres de la región. Durísimo traspié para la coalición de derecha.

Piñera terminó entregando un importante mensaje a la población magallánica en aquel entonces: nunca más se pondrá en duda la continuidad de este importante subsidio en el territorio. Pues bien, a casi una década de esta crisis, la misma administración vuelve a insinuar una jugada similar. En efecto, en medio de la discusión del presupuesto de la nación para el ejercicio 2021, el Gobierno decidió rebajar en 3 mil millones de pesos los recursos destinados al subsidio del gas en Magallanes, transfiriéndolos desde la cartera de Energía hacia el tesoro público, lo que hace posible inferir que no está garantizado su continuidad en el futuro.

¿Cómo es posible que los mismos actores vuelvan a incurrir en el mismo error? La verdad es que no hay que sorprenderse mucho. Sobre todo, cuando ponemos en perspectiva la lógica con la que ejercen autoridad y comprenden las dinámicas sociales, es decir, a través de un exacerbado centralismo, y, por otro lado, utilizando sólo como matriz de análisis y solución de problemas, el planteamiento costo-beneficio. No puedo asegurar mala voluntad de los altos funcionarios para con la zona afectada con esta medida, pero sí hay evidencia para sostener que una variable fundamental para entender este problema es que, el poder central chileno no tiene idea alguna sobre las conveniencias del territorio. El gas no es un lujo para la gente de Magallanes, sino más bien, una necesidad básica para poder vivir en el territorio, no hay otra lectura.

También se puede afirmar –con bastante seguridad– que, si el gobierno no se retracta, y persiste el planteamiento de la ley de presupuesto original, existirá una tensión enorme desde Magallanes, teniendo a la región como una de las zonas más afectadas del país producto de la pandemia, con una estrategia en torno a la misma que corre extraordinariamente a destiempo. Todos estos antecedentes son razón suficiente para concluir en primer lugar, que Chile Vamos adolece de herramientas para leer contextos y simbolismos, mostrando un pobre “tacto político”; y en segundo término –lo más importante en mi interpretación–, es que los argumentos y resultados que terminaron inclinando la balanza hacia una estructura centralista del poder en la configuración del Estado chileno en el siglo XIX, hoy día ya no tienen validez.

Deja un comentario