La unidad como Estrella de Belén

Por Pablo Salvatierra

Chile tendrá una nueva Constitución. Ratificada o no con el plebiscito de salida, pero por primera vez en la historia se le consultó a la ciudadanía si quería redactar una nueva Carta Magna y cómo elaborarla.

Frente a este acontecimiento se vienen desafíos importantes para la clase política. Una seguidilla de elecciones y una sociedad civil que de a poco se ha ido involucrando más en el debate público, exige a sus representantes estar a la altura de las circunstancias. Por esto, hay un concepto que se ha utilizado bastante a lo largo de todo el espectro político y que a estas alturas parece desgastado: la unidad.

Brevemente, la historia bíblica de la Estrella de Belén relata que los Reyes Magos veían este astro en el cielo y los guiaba hasta el lugar de nacimiento de Jesús. Pues bien, tal como ocurre con esta narración, la unidad vendría siendo la “Estrella de Belén política”. Se sabe que ese es el camino, que no hay otra formula de éxito y que no se puede conseguir ningún tipo de proyecto político si no se alcanza. Ahora bien, si se sabe que no hay otra ruta, ¿por qué cuesta tanto generar unidad? Aquí algunas aproximaciones.

El domingo pasado un reportaje del diario La Tercera, tenía como eje central diagnosticar cuán polarizados estamos los chilenos. Uno de los elementos que se destacan, es que la dicotomía izquierda-derecha y su debate más intenso se da en la clase política principalmente, ya que los dirigentes buscan desmarcarse de sus adversarios. Por el contrario, la ciudadanía tiene un apoyo transversal a la “anti injusticia”, muchas veces capitalizada por este sector.

De esta forma, el artículo señala que el personalismo tiene un costo alto, pues este tipo de liderazgo se exacerba cuando hay conflicto y evita los consensos. “Deja libre a los extremos […] que como actúan solos son mucho más visibles. La mayoría moderada está fraccionada y se ve como algo heterogéneo, entonces la ciudadanía no puede identificarse ahí”, señaló una experta dentro del texto.

Según el último estudio Pulso Ciudadano de Activa Research, un 64% de los chilenos no se identifica con ningún partido político, por consiguiente, los conglomerados buscan acercarse lo máximo posible a la ciudadanía. Es en este afán de representación cuando se cae en conflictos internos y se aleja de la política de acuerdos. Ejemplos hay varios: el Frente Amplio y el PC no fueron capaces de adherirse a la Unidad Constituyente (pacto de unidad para las elecciones de alcaldes y gobernadores), las ácidas críticas de Jadue a personas de su sector o la ambigüedad de Chile Vamos frente al plebiscito que le restó credibilidad.

Por último, Eugenio Tironi en su libro “El Desborde” donde intenta darle explicación al “Estallido social”, señala que la democracia representativa está entredicho. Esto porque en la sociedad moderna “el pueblo no es una masa homogénea sino una sucesión de historias singulares, una adición de situaciones específicas”. Teniendo en cuenta lo anterior, las coaliciones políticas –oposición principalmente– no han logrado tener un discurso bien articulado, que concite acuerdos amplios con el debido respeto a las minorías, muchas veces cayendo en descalificaciones. Lo que en consecuencia, evita la cohesión y no permite a las personas sentirse identificadas.

Tal como la estrella de Belén, la unidad política guía el camino. Está ahí. Que la siga quien quiera gobernar.  

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