Espíritu Cívico

Por Daniel Pacheco Henríquez

Al cumplirse un año del inicio de lo que denominamos “Estallido Social”, son muchas las observaciones que se pueden hacer a la luz de los acontecimientos vividos. Por temas de espacio y de capacidad del autor –desde luego– es imposible siquiera delinear nuevas aristas u aproximaciones novedosas que enriquezcan la mirada en una semana tan importante para la trayectoria del país. Sólo quisiera reforzar un punto que considero de suma importancia en relación con lo que viene: en la conciencia y despliegue de nuestro espíritu cívico, en virtud de lo que está en juego el próximo 25 de octubre y los meses posteriores.

Entiendo por espíritu cívico, el respeto irrestricto a los valores que configuran nuestro sistema democrático, cuyos ejes han demostrado ser garantes del ejercicio de nuestras libertades. Bajo esta lógica, es indispensable participar a través del voto, aquel mecanismo que no reproduce las diferencias materiales existentes entre ciudadanos y nos hace sentir –y ser en los hechos– iguales. Ahora, el desafío no consiste solamente en hacer uso del derecho a sufragio, sino también, en participar activamente en lo que vendrá posteriormente. De no ocurrir nada muy extraño –aunque ha pasado en el último tiempo–, todo apunta a que la opción vencedora en el próximo plebiscito es “Apruebo” y “Convención Constituyente”. Siendo miembros de un colectivo y actuando con sensatez en función del momento histórico que nos encontramos, es menester involucrarse enérgicamente en el proceso. Como sociedad civil nos compete ser guardianes de la dinámica constituyente, es decir, ser permanentes fiscalizadores y exigir rendición de cuentas. Si bien en este mismo medio y espacio he sido crítico respecto de ciertas carácterísticas que nos impone la interección vía redes sociales, creo que para esta ocasión, si se utilizan bien, estas plataformas nos pueden ayudar a ejercer un mejor control sobre lo que irá ocurriendo.

Son varias las comparaciones que se han establecido entre lo vivido en octubre pasado y lo que fue el desarrollo de las primeras dos décadas del agitado siglo XX chileno. Fundamentalmente, por la asociación entre el descontento popular evidenciado en las calles del país y lo que conocemos como la “Cuestión Social”, fenómeno ampliamente estudiando por la historiografía nacional. No obstante, lo que no se ha estado muy presente en el debate actual, es cómo se terminó canalizando precisamente –a nivel institucional– el malestar que aquejaba a la sociedad de aquella época. Traer ese aspecto a colación es muy importante, pues nos puede aportar valiosas lecciones. Y esto tiene que ver con que, luego que los oficiales prusianos devuelven el poder después del golpe de Estado, en enero de 1925, poniendo como exigencia al “nuevo gobierno” la idea de convocar a una asamblea contituyente de carácter popular, lo que se vio más bien fue una usurpación del poder constituyente por parte del retornado presidente Arturo Alessandri, quien lideró un proceso cargado de irregularidades, redactando una carta practicamente a su antojo, sin ningún tipo de contrapeso y convocando finalmente a un plebiscito de salida marcado por inconsistencias y desprecio a las capas más humildes del país. Carlos Vicuña Fuentes, político de la época que apoyó a Alessandri para que presidiera el proceso constituyente, relató más tarde en un famoso libro que “el plebiscito consitucional fue la más grosera e indigna mascarada que jamás había presenciado Chile”.

Volviendo a lo que nos acontece, mi lectura es que cuando el tejido que estructura a la sociedad se ha deteriorado –constitución en sentido sociológico, si se quiere– como en el caso de Chile, la constitución en tanto sistema de reglas que moldea nuestro quehacer debe cambiar. Esto plantea un escenario lleno de incertidumbres, pues nadie puede asegurar un resultado favorable. Pero sí estoy convencido que, en la medida en que cada persona se desenvuelva en todo el proceso poniendo de relieve el valor de lo público, haciendo florecer el espíritu cívico, las probabilidades de crear un mejor hábitat para nuestra vida en común aumentarán sustancialmente.

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