Educación, futuro y desigualdad

Por Rocío Leiva Mora

Mario Waissbluth, en su libro “Educación para el siglo XXI” destaca entre las habilidades para el trabajo en el siglo XXI la “adaptabilidad frente a las nuevas tecnologías y la cultura digital”.

 Se ha hablado mucho de la importancia del manejo de las nuevas tecnologías, en particular, que las nuevas generaciones obtengan los conocimientos y aprendizajes necesarios para enfrentar un futuro incierto: incierto en lo laboral, en lo económico y en lo cultural. Entre las 21 lecciones para el siglo XXI redactadas por el historiador Yuval Noah Harari, en su libro con el mismo nombre, destaca el desafío del “trabajo” y de cómo, producto del avance tecnológico es incierto vislumbrar cuáles serán los puestos de trabajo del futuro y las habilidades necesarias para estos. Asimismo, señala el potencial problema del desempleo masivo producto del avance de la inteligencia artificial, esta vuelva obsoletos ciertos empleos y habilidades, desplazando así de lo laboral al humano menos calificado. Si bien todo esto queda en el campo de la especulación, el autor destaca que el hecho de que, aunque en el pasado junto con la automatización se generaron al mismo tiempo nuevos empleos (y, por ende, no existió un desempleo masivo), esto no garantiza que se repita así en el futuro, en particular por el hecho de que las condiciones en este nuevo siglo son muy distintas a los siglos pasados, donde los cambios eran más lentos.

Un artículo del diario “El País” señala que “el 70% de la población del mundo vive en países, ricos y pobres, en los que la desigualdad ha aumentado en las últimas tres décadas” y, que el avance tecnológico juega un rol de arma de doble filo, pues al tiempo que genera mayor bienestar a un grupo, quienes no están preparados para utilizar estas nuevas tecnologías podrían perder sus empleos o verse sustituidos por máquinas.  

Los esfuerzos en materia de desigualdad no debieran dejarse de lado, incluso cuando existan avances significativos. Varios de los fenómenos que enfrenta el mundo hoy en día van en el sentido de potenciar las brechas sociales y económicas y, con el avance de las tecnologías, es probable que a menos que los países intervengan de forma efectiva, las desigualdades solo aumenten.

Con el Covid-19, se evidenció la necesidad de que los hogares contasen con herramientas como computadores y conexión a internet de calidad, y expuso cómo esto no es una realidad que comparten todos los chilenos. Según un artículo de La Tercera “380 mil estudiantes de primero a cuarto medio a nivel nacional viven en zonas con un acceso a internet deficiente o estudian en establecimientos en categoría de desempeño insuficiente”; lo anterior ayuda a vislumbrar cómo las desigualdades en el ámbito educacional (y de acceso a herramientas) que existían ex-ante, se han incrementado durante este año de educación en línea. El Covid-19 ha dejado al descubierto ciertas desigualdades que serán necesarias de abordar y entre ellas está lo relacionado al ámbito educacional y el acceso a las tecnologías; dos asuntos que van muy de la mano con el incremento de las desigualdades en el mundo y que al mismo tiempo, son claves para recibir de mejor forma este futuro incierto que se avecina.

Lo positivo de todo esto, si es que se puede hablar en esos términos, es que la crisis que hoy vivimos ha ayudado a exponer problemáticas que, si no se atienden en el corto plazo, podrían converger a problemáticas aún mayores en un futuro no muy lejano. La crisis del covid-19 puede ser una oportunidad única para realizar los diagnósticos necesarios de las problemáticas actuales, de modo de estar mejor preparados para los desafíos del futuro.

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