Elección de Gobernadores Regionales: Un compromiso ineludible

Por Daniel Pacheco Henríquez

En días recientes han trascendido declaraciones de diversos parlamentarios –fundamentalmente de derecha– en torno a la posibilidad de volver a aplazar la elección de gobernadores regionales. Su última modificación situaba los comicios para el 11 de abril de 2021, con segunda vuelta el 9 de mayo. Lo que se propone hoy en día, es mover el proceso hacia fines del próximo año, estando más en línea con las elecciones presidenciales y de los nuevos congresistas.

Quienes están liderando la iniciativa a favor de posponer lo planificado arguyen que, a la fecha, no ha habido una agenda legislativa que facilite el cambio institucional acorde a lo que significa esta medida para el proceso descentralizador del país. Más concreto, visualizan que, de no cambiar el calendario, tendríamos gobernadores sin claridad respecto de sus verdaderas facultades y atribuciones, lo que llevaría a un conflicto de gobernabilidad dentro de los propios territorios. Por lo tanto, aplazando la instancia se ganarían valiosos meses para diseñar un mejor marco administrativo para un correcto ejercicio de las nuevas autoridades.

Dicho todo lo anterior, mi impresión es que, más allá de las dudas propias que genera un suceso inédito en la historia política nacional, con efectiva incertidumbre en relación a un real traspaso de competencias y autonomía a las regiones, todo apunta a que este nuevo intento de correr las elecciones obedece más bien a que los sectores políticos están buscando contar con un mejor escenario para poder proclamar a sus candidatos. Cálculo político puro, debido a que la estrategia tiene como foco poder favorecer, por un lado, a todos quienes, producto de la ley que limita la reelección, no podrían seguir ejerciendo sus respectivos cargos, además de generar incentivos también a todos aquellos personeros de Gobierno que, en contexto de estallido social, no pudieron renunciar a sus deberes en octubre pasado. Todo esto en consideración de la ley que exige dimitir un año antes de la cita electoral para poder presentar una candidatura.

Lamentablemente –como es posible apreciar– queda al descubierto que no existe verdaderamente la convicción a nivel transversal en nuestra clase dirigente, sobre la importancia que tiene una reforma de esta envergadura para las distintas regiones de nuestro país. Grosso modo, se somete como mera moneda de cambio a las burdas, vacías y desgastadas jugarretas de poder de una elite centralista hegemónica, la esperanza de cientos de conciudadanos que anhelan mejores políticas públicas en sus localidades, con sentido de pertenencia, adaptadas a las propias vivencias y dinámicas específicas de las disímiles experiencias que nos impone nuestra “loca geografía”.

¿Qué podría asegurar que el hecho de volver a atrasar la elección de gobernadores regionales sería el puntapié al inicio de una discusión legislativa que promueva dotar el proceso descentralizador? El mensaje es claro, y los regionalistas debemos procurar que se cumplan las fechas y plazos establecidos. Es un compromiso de carácter ineludible con nuestra democracia. La oposición tampoco puede perderse en esto, es una buena oportunidad para demostrar liderazgo y volver a sintonizar con lo que aclaman los territorios. No dejar espacio ni a la más mínima duda, como ya algo han esbozado José Miguel Insulza, Jaime Quintana y Pepe Auth, entre otros/as.

Deja un comentario