¿Vamos al Mall?

Por Daniela Montes de Oca C.

Gran sorpresa demostraron algunas autoridades por la gran conglomeración de personas en la apertura del Mall Chino en la comuna de Santiago. Los mismo pasó hace algunos meses en la comuna de Quilpué, donde yo vivo, cuando se abrió el Mall. Y algo un poco más mediático en Las Condes con el Mall Apumanque a finales de abril.

Incluso el alcalde de Santiago se refirió al suceso describiendo que “la estupidez humana ha sido superior”. Lo que me sorprende a mí es que estas autoridades siguen sin conocer a los ciudadanos para quienes deberían trabajar, siguen estando ajenos a las realidades en las que viven y siguen sin saber cómo comunicarse. Las personas que participaron de estas aglomeraciones no son estúpidas, responden a incentivos e intentan tomar las mejores decisiones con las herramientas que cuentan, entre ellas educación, recursos y lo más importante, información. La estupidez humana está en los que no han delimitado los márgenes de lo que no se puede hacer en esta pandemia, en los que teniendo conocimiento y datos para prever la reacción de la ciudadanía abren los Mall de cualquier manera (era obvio que algo así pasaría) y en los que ocupan un cargo para el que no están preparados.

Obviamente el problema no es tan simple, existen distintos factores que lo afectan como la (escasa) fiscalización en zonas de cuarentenas y el (no) cumplimiento del uso de permisos para circular. Influye la distancia entre gobernantes y gobernados, misma distancia que es parte clave del Estallido Social que ayer cumplió 10 meses, y que se puede reflejar de una manera muy explícita en los dichos de nuestros ministros, por enunciar algunos: “hay un nivel de pobreza y hacinamiento del cual yo no tenía conciencia” dijo el ex ministro Mañalich sobre Santiago; “no le había tomado el peso” al cierre temprano de las estaciones de metro en Santiago dijo la ministra Hutt en pleno Estallido; el ex ministro Fontaine sugirió levantarse más temprano para pagar menos en el metro y el ex ministro de hacienda Larraín llamó a los “románticos” a comprar flores (curioso, casi todos son actualmente ex ministros…).

Influyen los mensajes confusos que mandan las autoridades: la subsecretaria de Salud Pública dijo a finales de abril que muy probablemente podíamos juntarnos a tomar café con amigos; parte de los pasos de desconfinamiento incluye que la cuarentena aplica solo sábados, domingos y festivos (¿es menos contagioso el virus de lunes a viernes o qué?); y el no muy confiable y enormemente variable conteo de muertes: por ejemplo el entre el 21 y 24 de junio los números registrados fueron 184, 23, 3 y 226 respectivamente.

Influye la capacidad de entendimiento, si bien llevamos casi medio año en esto, es algo nuevo para todos. Es difícil comprender que un virus que es imposible de ver a simple vista es una amenaza constante a nuestras vidas. Influyen los incentivos de los ciudadanos, muchos se ven en la obligación de salir a trabajar para conseguir el sustento de sus familias y no han recibido respaldo suficiente por parte del Estado para alivianar esa carga y priorizar la amenaza directa del virus.

Puede que mi planteamiento caiga en el paternalismo, en el sentido que propongo que debemos proteger a las personas y guiarlas mediante restricciones, pero si no se les educó ni se les dio acceso a todas las herramientas para protegerse por sí solos, hoy deben ser protegidos mientras se les educa. Pero lo que yo he observado es abandono, no se protege ni educa, se resguardan en la consigna de la libertad de las personas para dejarnos desprotegidos, y la mal y desinformación da paso a resultados como el que motivan esta columna.

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