El pantano de la mediocridad

Por Marco Bravo Gatica

En los últimos meses se ha hecho evidente la situación de muchos individuos que pierden su empleo, entran en la pobreza o padecen de hambre. Sus vidas transitan a un estado de precariedad y los viejos anhelos, en cuanto a condiciones materiales, de los últimos treinta años se van esfumando. Ese conjunto de instituciones y mecanismos económicos -que hacen posible el crecimiento y el progreso- venían muy lentos en los últimos diez años y en el reciente octubre nos tocó presenciar su desborde.

La pregunta sobre el cómo avanzamos viene abierta hace algún tiempo por diversos economistas, quienes buscan dar un nuevo aire, necesario para revivir las viejas aspiraciones de ver a un Chile en vías del desarrollo. Sin duda que dicho camino conlleva riesgos, pero la posibilidad de quedar entrampados como un país de ingreso medio (y con la crisis reciente medio-bajo) también es muy latente y la evidencia empírica nos abunda en casos.

Las sirenas sobre un agotamiento del modelo vienen sonando al tiempo en que su progresivo y constante avance se fue haciendo más pausado y muchos quedaron fuera de ese tren. El ideal meritocrático, tan ensalzado en los últimos lustros, se debilita en cuanto a su motivación, al ver que los grandes esfuerzos por acceder a bienes que antes daban estatus (como la educación) hoy no te rinden como antes y como su promesa anunciaba.

Tras dos grandes crisis en nuestro haber reciente, la necesidad de reflexionar en alternativas para salir de esta trampa se hace urgente. El primer paso venía bien, dado por los grandes avances en cobertura, pero, como lo dijo Carlos Peña, la vivencia de la desigualdad se hacía intolerable y los años de crecimiento al 7% solo viven en nuestros recuerdos, por lo que pensar en avanzar hacia la calidad que reviva los anhelos resulta un paso entendible. Más allá de que las crisis no permeen la naturaleza humana y que los cambios que se anuncien se vean en el margen, los esfuerzos deben apuntar a relegitimar un camino para el segundo paso y que aborde los desafíos venideros.

La reactivación económica y el proceso constituyente conllevan, además de los lógicos riesgos, la posibilidad y el deber de tomar un rumbo que, a la vez de enfrentar las vulnerabilidades penetradas por las consecutivas crisis, revitalice las expectativas de progresar y nos aleje del pantano de la mediocridad.

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