Clima político

Por Marco Bravo Gatica

Tras la derrota por el retiro de fondos, el presidente Sebastián Piñera tomó la decisión de ajustar, de manera importante, su equipo político. Lo que algunos llamaron “la entrada de los duros” viene con el fin de ordenar el frente interno e intentar conducir lo que resta del periodo, cargado de temas electorales y discusiones importantes, con ayuda de experiencia y trayectoria política.

Lo que está por jugarse dejan de ser reformas al margen del sistema o modelo y se profundizan en cuanto a su envergadura. Uno que mencionan muchos analistas, como el gran tema por venir, es el de la reforma del sistema de pensiones. Siendo una de las banderas que con mayor fuerza se elevaron en octubre, se puede ver que retoma la agenda en cuanto al modelo que lo lleva a cabo. Ya no se trata solo de un porcentaje ni del sistema privado, la reforma y discusión abarcará el sistema previsional en su conjunto, esto es, privado y público.

Y es que, en los últimos diez años, mucho de lo que ha acontecido en la arena política, a saber, un escenario de retroexcavadora en retroexcavadora y de improvisación en improvisación en cuanto a políticas públicas, se ha extrapolado en la discusión sobre pensiones. Mucho tiempo en el Congreso discutiendo si el aumento de cotización irá con cargo al empleador o con cargo al trabajador, frenando cualquier avance que vaya en pro de mejorar el nivel de pensiones.

En cuanto al panorama para este nuevo ciclo de discusión, el ambiente que se respira hace ver lejana la posibilidad de llegar a un acuerdo que brinde una mejora en las pensiones.

Por un lado, vemos al presidente aturdido por alcanzar la figura de Patricio Aylwin, como lo evidenció en la cuenta pública, y dejar un legado como el conductor de una nueva transición y gestor de grandes acuerdos, sin embargo, las últimas semanas le han enseñado que cualquier especie de acuerdo con la oposición es imposible por lo que comienza a optar, con el nuevo gabinete, por resignar esa vía y apostar por el ciclo electoral futuro. Y en el otro frente, continuamos observando a una izquierda que aún no puede soportar la idea de que la derecha gobierne democráticamente y que además mira con vergüenza lo realizado en los 20 años de Concertación.

Esa atmósfera, que no deja espacio para reconocer al otro como un contendor y que, por el contrario, lo culpa de todos los males de la nación, no puede resultar favorable en grandes avances de política pública.

El acuerdo de que hay bajas pensiones trasciende colores ideológicos, sin embargo, pareciera ser que los fetiches y creencias profundas de los distintos sectores son mayores a ese acuerdo básico. La necesidad de renunciar a algunas cosas se hace imperiosa si es que se pretende mejorar las pensiones. El clima augura un mal pronóstico.

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