Entrevista a Tomás Sánchez.

Conversamos con Tomás Sánchez, columnista y emprendedor, sobre su nuevo libro “Public Inc” en el que grafica la evolución de la empresa y su nuevo rol en la sociedad.

¿Por qué el tema de las empresas es político?

Si entendemos lo político como ponernos de acuerdo en la sociedad que queremos, es inevitable ver como las empresas tienen mucho que decir al respecto. Son determinantes al afectar o definir como serán ciertos temas en nuestra vida en sociedad. Desde temas medio ambientales hasta de desigualdad. El tema es que históricamente hemos tratado a la empresa como un ente más, ajeno a lo público y sin responsabilidad al respecto. Y de igual forma, nuestra relación con las empresas, desde nuestro rol como clientes, empleados o inversionistas, también había sido neutral, por decirlo de alguna manera. Pero eso es justamente lo que está cambiando. Cada día más, la sociedad interpela a la empresa a hacerse cargo de temas sociales o a tomar una postura frente a temas que antes “no le correspondía”. 

¿Qué ejemplo ves de los últimos años que ilustran este punto?

Fuera de Chile ha sido muy manifiesta la postura de las empresa frente a la reciente crisis racial en Estados Unidos. Las principales marcas, salieron a tomar una posición sobre el tema racial. Eso claramente es una postura política. Lo más notable fue el comercial de Nike o las donaciones de Walmart para fundar un centro de Igualdad Racial. Algo similar sucedió el 2017, frente a la crisis de refugiados. Mientras algunos países cerraban fronteras, empresas como Starbucks anunciaban que saldrían a contratar refugiados. Esto, claramente tiene un impacto en la decisiones de compra de sus clientes que pueden respaldar o no, las acciones de esas empresas.


¿Cómo ves que haya ido cambiando el rol de la empresa en la sociedad?

La empresa nació en su origen para resolver problemas de la sociedad, y simplemente estamos volviendo a ello. En las últimas décadas esto se desvirtuó por la influencia de académicos como Milton Friedman que decretaron que la empresa solo se debía a sus accionistas y que su rol social era simplemente aumentar sus utilidades. Pero esto es una sobre-simplificación del gobierno corporativo. Las empresas, para genuinamente desempeñarse bien, crean una buena estrategia y cultura, necesitan de un gobierno más sofisticado, con múltiples indicadores y un propósito claro. Las utilidades no son un propósito, sino que un indicador de sustentabilidad económica. Muy importante, pero en ningún caso el único. Entonces, superado este punto, vemos como las empresas resuelven nuestros principales desafíos sociales, desde alimentarnos hasta el préstamos para comprarnos una casa. Sin empresas, luz eléctrica ni vacunas habrían llegado a ningún lado. Las empresas tiene un rol clave al construir nuestra sociedad. Hoy es necesario reconciliar empresa y sociedad de cara a tener un mejor futuro.


¿Por qué crees tú que cada vez las empresas van teniendo un mayor rol público?

El mundo cada minuto es más complejo, y esa complejidad no la puede administrar el Estado. El mercado ha probado ser el mejor asignador de recursos hasta el minuto, y por lo tanto, la empresa, como protagonista en él, no puede ser descartada como un vehículo de bienestar. La capilaridad que tienen las empresas y los procesos de creación de valor son genuinamente increíbles. El problema es que siempre las vimos como una caja pagadora de impuestos y sueldos, cuando son mucho más que eso.


¿Cual es la importancia de esto?

Si vemos a las empresas con un rol público activo, podemos “usarlas” (en el buen sentido) para alcanzar muchos objetivos públicos. Ellas son las que hacen real la incorporación de la mujer a la fuerza de trabajo o frenar el cambio climático. Entonces es a través de ellas que necesitamos actuar más y trabajar en forma público privada más decididamente.


¿Entra la filantropía dentro de este nuevo rol? ¿O se queda corta? ¿Por qué?

Justamente el desafío es dejar atrás la filantropia. El futuro no está en donar o en hacer caridad. No es compensar por el mal que se hizo o calmar la conciencia de alguien. La empresa como vehículo de bienestar, debe crear valor para todos sus stakeholders desde sus proceso y negocio central. Es tener un circulo genuinamente virtuoso de creación de valor. Hacer el bien por el lado ya no sirve, no es tolerado, el impacto positivo debe venir desde el negocio en si.

¿Cual es el rol de los nuevos clientes en este marco?

Los clientes, junto con los empleados, son los principales interpeladores y por lo mismo, los movilizadores del cambio. Si las mejores personas no quieren trabajar para una empresa o no quieren comprar sus productos, seguro esa gerencia reaccionará rápido. Cuando las personas se dan cuenta que sus decisiones de consumo y de donde trabajar pueden mover la aguja, ambas acciones se transforman en actos políticos.


¿Cómo afecta el tema generacional al nuevo rol de la empresa?

Es clave. Los millenials son los grandes responsables de estos cambios. Ellos no ven el trabajo como un medio para un fin, sino que como un fin en si mismo. No van a trabajar para ganar un sueldo y hacer su vida privada, sino que ven en el trabajo un lugar de realización y por lo tanto, este debe ser consecuente con sus valores. Lo mismo pasa con las decisiones de compra, ya que compran marcas que van en linea con sus valores y visión de mundo. Entonces, cuando esta generación refleja su visión de sociedad en decisiones económicas, inevitablemente estas se vuelven políticas.

¿Cómo se va generando el cambio al interior de la empresa?


Después del 18 de octubre, hubo un movimiento empresarial en torno a asegurar que entre el mayor y menor sueldo de las empresas, no fuera superior a 10 veces. Eso significó un esfuerzo económico en términos de rentabilidad, y también en lograr productividad, para poder subir sueldos. Esta es una gestión completamente al interior de la empresa, y por lo tanto privada, pero que tiene una impacto absolutamente político y público, de cara a la discusión en torno a la desigualdad. Así, una gestión privada, se transforma en un símbolo público. Es más potente que muchas leyes y discusiones parlamentarias. Más concreta, más rápida y sustentable. Así, lo mismo aplica para tantos otros temas.

¿Cómo cambia la relación entre el trabajador y la empresa? ¿Qué consecuencias políticas tiene esta nueva relación?

Se transforma en una relación más intima, más apegada a las convicciones de las personas. Trabajar en una determinada empresa, se transforma cada vez más en una manifestación personal, en linea con las convicciones de cada uno. En ese sentido, las buenas empresas que logren esa intimidad, tendrán equipos más comprometidos, ya que genuinamente creen en el propósito o causa que persiguen día a día con su trabajo. Pudiendo liderar, por ejemplo, la disminución de la huella de agua en una industria o la alimentación saludable.

En política se habla mucho de lo que es la movilidad entre distintos sectores socioeconómicos, ¿Cómo se da esa movilidad entre empresas de distinto tamaño?

Es algo que rara vez se discute y ahí está parte de nuestro problema de desarrollo. Siempre que hablamos y legislamos sobre empresas en Chile, se hace pensando en grandes empresas. Pero esas son solo 13 mil en un universo de más de 800 mil. El problema, es que en estas últimas trabaja el 60% e Chile, pero producen solo un 16% del PIB. La brecha de productividad es enorme. Y detrás de baja productividad, hay bajos sueldos. Es clave, potenciar el desarrollo de pequeñas empresas, pero más aún, que las pequeñas y medianas se transformen en grandes.

¿Cómo debería ser? Y ¿Por qué el Estado debería intervenir?

Poniendo el foco en pequeñas y medianas empresas, legislando para facilitar el que crezcan, en vez de solo discutir como cobrarles más impuestos. Entendiendo que buenas políticas publicas que desarrollen empresas, van en beneficio directo de sus empleados. Favoreciendo modelos como los cooperativos o incentivos para compartir utilidades. Promover la integración, alineación y consolidación de empresas, no la confrontación entre sindicatos y gerencias. Esto último no llega a nada, ya que plantea una discusión de suma cero.


¿Cómo se legitima el mercado en este modelo? En vistas de que por lo menos en nuestro país existe mucha desconfianza por sectores que gritan fuerte. ¿Donde entran las empresas en este ecosistema?

Se legitima con las decisiones de la ciudadanía, en cuanto a que comprar y donde trabajar. Un mercado más eficiente, permite alocar mejor los recursos, pero alineados con los valores de la ciudadanía. Las empresas en este juego son claves, pero, para participar de mejor forma, ellas también deben entender este nuevo rol, donde no son neutrales a los intereses de la sociedad.

¿Cuáles son las principales lecciones que dejaría Public Inc. al mundo político?

Que las empresas no votan cada 4 años, sino que todos los días con sus decisiones de comprar y trabajo. Es un nuevo espacio en donde participar cívicamente, y donde muchas veces los resultados son más rápidos y duraderos.  Una empresa se puede resistir a una protesta, pero poco puede hacer frente a clientes que eligen a la competencia por ser más responsable medioambientalmente o frente a la escasez de talento. En esos casos, la empresa se adaptará rápidamente y se alineará con los intereses de sus clientes y potenciales empleados.

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