Ensayo sobre la ceguera

Por Bruno Odone Pasquali

Nadie es profeta en su tierra, dicen. Así fue el caso de José Saramago, escritor portugués, que atacado por la iglesia y silenciado por el gobierno se vio obligado a marcharse del país luso en señal de protesta y “auto exiliarse” en Lanzarote, cálida isla española. Ahí, rodeado por el océano atlántico y dándole la espalda a su propia patria, escribió una de sus obras más aplaudidas: Ensayo sobre la ceguera del año 1995, según muchos la novela que le permitió dar el paso definitivo para ganar el Nobel de Literatura. En aquella obra, Saramago relata la expansión de una extraña pandemia que volvía ciegas a las personas. Finalmente, parece que efectivamente era profeta.

Digo esto último porque en realidad la novela de Saramago pretendía usar la pérdida de visión como una simple excusa para describir a una sociedad egoísta compuesta por individuos incapaces de mirarse más allá de sí mismos. Actitud que durante esta pandemia efectivamente hemos visto intensificada en nuestro país.

La ceguera abunda en tiempos pandémicos: Ciego es el gobierno, ciega es la oposición y ciegos somos todos nosotros (no lo digo yo, lo dice la ciencia).

Vamos por parte.

¿Por qué es ciego el gobierno? El ejecutivo ha demostrado, una vez más, una falta de visión al anunciar un paquete de medidas en donde tres de sus cuatro pilares (ampliación del CAE, postergación de dividendos y creación de créditos “blandos”) fomentan la deuda de los hogares chilenos. En un país donde, según el Banco Central, el 66% de los hogares tiene deuda y el 55% de esta es de consumo, un crédito blando no puede ser una solución. La explicación radica en que se está ignorando un sesgo cognitivo estudiado por la ciencia: La aversión al riesgo, un fenómeno psicológico que abunda en las personas y que básicamente se refiere a la preferencia de los individuos por evitar incertidumbre en sus inversiones financieras. Imagínense, querer que la gente tome créditos en la crisis económica más grande de los últimos 100 años. Hoy, más que nunca, la gente se verá inmovilizada a enfrentar decisiones riesgosas con tanta incertidumbre futura.

¿Por qué es ciega la oposición? Porque en lugar de impulsar el rol protector del Estado y cuidar a sus ciudadanos (rol históricamente defendido por la izquierda), se opta por una medida en donde se pretende que la gente financie la crisis con sus propios ahorros, usando la lógica del “ráscate con tus propias uñas” en plena crisis económica. Es sorprendente que la oposición defienda una medida regresiva y que va en contra del corazón de cualquier sistema de pensiones en el mundo: Combatir la inconsistencia dinámica, déjenme apelar una vez más a la ciencia. La inconsistencia dinámica es otro fenómeno psicológico que describe que al corto plazo la gente es más impaciente que al largo plazo, esto se traduce en una conducta llamada miopía del comportamiento. Haciendo una analogía con este defecto del ojo, se identificó que, de la misma forma que la miopía hace que cuanto más lejano se encuentre un objeto más borroso se vea este, en el comportamiento humano cuánto más lejano es el futuro, este es percibido por el cerebro como más “borroso” o indefinido.

La miopía del comportamiento nos impide tomar decisiones adecuadas respecto al futuro y terminamos sistemáticamente ahorrando menos en relación con las necesidades futuras que tendremos en nuestra vejez. Así nace el rol del Estado de protegernos de nuestros sesgos conductuales implementando políticas como el ahorro forzoso o la contribución obligatoria a un sistema de pensiones.

La pregunta clave es ¿realmente no hay otra medida más allá de ofrecer créditos blandos (ignorando la aversión al riesgo) u optar a que la gente use sus propios ahorros (ignorando la inconsistencia dinámica)? No seamos ciegos: Hay otras medidas como transferencias directas tipo subsidios o incluso un ingreso básico universal. Además, nadie habla acerca de una reactivación económica que sea compatible con el virus, ¿pretendemos mantener a la gente viviendo encerrada a punta de medidas de emergencia hasta que salga una vacuna? ¿Y si no aparece una vacuna este año, ni el que viene? (El sesgo optimista también nos enceguece de vez en cuando). En Chile seguimos haciendo vista gorda a este tipo de discusiones y el debate público se ha visto reducido a una penosa dicotomía entre créditos blandos o retiro de fondos.

No sé si son ciegos o se hacen los ciegos, pero que después no digan “no lo vimos venir”. Y es que en nuestra clase política pareciera que no hay muchos profetas.

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