El algoritmo pitoniso

Por Alejandra Neely

No seré la primera que comienza un relato, bajo la justificación: “yo no creo en esas cosas” o “en general soy súper racional” justo antes de aceptar que no tengo una explicación o un argumento para rebatir el talento de la única bruja que me ha leído la suerte.

Estirando una mano que parecía antes salida de la Palumbo que de un cuento de Stephen King, tomó mi taza de expresso, y mirando la borra del café comenzó su trabajo. Habrá dicho una o dos generalidades del tipo “te espera un viaje”, antes de lanzarse con una seguidilla de aciertos que me dejaron la piel de gallina.

Estando al borde de una invasión de la esfera íntima, me habló con toda autoridad de hechos que había olvidado, y de situaciones que no había compartido con nadie. Así fue como de pronto una extraña manejaba a diestra, y siniestra, información sensible, personal y privada, ¿privada?

De un tiempo a esta parte recuerdo el caso, intentando darme una definición de datos personales que sirva a la justificación del estatuto de privado, debatiéndome si son aquellos que yo no querría que se supieran (como si de mi sola voluntad emanara la categoría jurídica de tal) o si bien son aquellos a los que terceros no deberían tener un acceso legítimo.

Del hecho de haber sido alguna vez infiel, llorar una vez al mes, o no bañarse los domingos, en el caso de Shakira, qué duda cabe son datos públicos, si es cuestión de confesar, pero frente a la capacidad o bien pitonisa, o bien deductiva se me acaba el argumento y la metodología.

Así el caso, la inquietud me parece fácilmente trasladable al mundo de la ciencia de datos, donde tanto se discute el terreno de la información privada. El acceso indebido a la información personal y reservada es una cosa, pero ¿es acaso privada la información que o bien adivina, o bien deduce el algoritmo?

Parece que el debate sobre los datos personales no es independiente de la inteligencia humana que hereda la inteligencia artificial, incluyendo sus sesgos, limitaciones y como si de brujería se tratase, la capacidad de predecir (con mayor o menor tasa de acierto) cosas como tu estabilidad emocional, por privado que parezca, en función de los datos que tiene sobre tu dieta y tus hábitos sin necesidad de acceso ilegítimo a esas “fotos y cuadernos, cosas y recuerdos” con los que no queremos sorprender.

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