Narcobenefactores: ¿contribución o peligro?

Por Matías Acuña Núñez

Muchas son las amenazas que se han instalado los últimos meses producto de la pandemia que nos azota: la amenaza de la muerte y el sufrimiento; la del hambre, la necesidad y la pobreza; la de la salud mental; y la de nuestra libertad. A este respecto, si acudimos y visualizamos la realidad de los barrios más marginales de nuestro país podemos notar un fenómeno que, lastimosamente, engloba a todas las demás, y por ello es que vale la pena analizar. Me refiero a la amenaza del narcotráfico.

Si bien hoy Chile se encuentra en una etapa incipiente respecto a esta actividad delictiva -muy lejos aún de países como México o Colombia-, últimamente ha dado que hablar, tanto así que a inicios de este mes desde el ejecutivo presentaron un nuevo proyecto de ley destinado a fortalecer las sanciones en su contra.

Y es que en barrios como La Pintana, Lo Hermida o La Pincoya, la cosa no anda nada bien. Distintos dirigentes vecinales e incluso alcaldes han declarado que ante la compleja situación que se vive en los sectores vulnerables y -según expresan- a la tardía ayuda económica del gobierno, el narcotráfico ha avanzado. Este auge se manifiesta en la denominada “narcobeneficiencia”, es decir, la ayuda que están brindando las bandas criminales a las familias afectadas, abasteciéndolas de alimentos e insumos médicos. Esto, de acuerdo con el experto en crimen organizado, Steven Dudley, supone un incremento del “capital social” de los narcotraficantes.

(El capital social es un término que nos entrega la sociología para describir el grado de colaboración que existe en un grupo social, en otras palabras, qué tan afianzado está). La idea de que haya aumentado el capital social en los ghettos santiaguinos producto de la caridad de los narcos es problemático, desde mi impresión, por dos motivos: uno social y uno político.

Desde una óptica social, esta colaboración no sólo es problemática, sino también peligrosa porque, en primer lugar, se basa en una relación asimétrica y de dependencia, en la cual dominan el poder y las balas. En ese campo es difícil hablar de que se respete la voluntad y la libertad de los individuos. Porque, ¿qué de libre tiene una persona que se ve obligada a convertirse en “soldado” porque le ayudaron con la mercadería para su hogar? De esta forma es como se crean comunidades en donde la lealtad conjunta subsiste en base al miedo de que te maten. Y, en segundo lugar, esta colaboración contribuye, por cierto, a acrecentar y perpetuar este nocivo entorno.

Este contexto de sumisión y dependencia pueden tornarse más crítico aún si pensamos que en el horizonte asoma una crisis económica de envergadura. Es muy probable que grupos narcos confieran préstamos a personas necesitadas de liquidez -aún más de lo que ya ocurre, por supuesto- lo que probablemente alimentará la extorsión y la violencia de aquí en adelante.

Desde una mirada política, este aumento de capital social es problemático porque tiene el potencial de convertirse en, precisamente, capital político. Sólo pensemos en las palabras de la alcaldesa de La Pintana, Claudia Pizarro, quien señala: “el Estado no está llegando. Donde está ausente el Estado, estas bandas crecen”. Entonces, se aprecia que a través de sus intervenciones en la comunidad, los narcos están cumpliendo el rol que la autoridad, la política y el Estado deberían. Esto, al final, puede interpretarse como una ganancia de poder político. Según Dudley, aquello puede motivar que las intervenciones de los narcos sean cada vez más políticas. A este respecto, no olvidar que en su momento Pablo Escobar llegó al mismísimo parlamento colombiano, con una distinguida trayectoria como narcobenefactor.

Es importante señalar que en Chile aún estamos en una etapa muy incipiente en lo que es el crimen organizado y el mundo narco. Esto, a mi parecer, tiene dos puntos en contra y uno a favor. El primer punto en contra es el que intuye el subsecretario del interior, Juan Francisco Galli, que indica que las primeras etapas del desarrollo del crimen organizado son las más violentas, porque es en ellas donde se disputa el territorio y el mercado. El segundo punto en contra se relaciona con el complejo escenario que vivimos, y tiene que ver con que puede que sea esta crisis el trampolín para consolidar el poder narco. Finalmente -y sirve de consuelo pensarlo así- estamos en una etapa en donde aún se puede prevenir. En ese sentido, el proyecto de ley es un avance, pero me temo que es sólo el comienzo de algo necesariamente más grande.

Nace así otra razón más para reflexionar respecto de lo elemental del Estado, tanto en la esfera económica como en la de seguridad; sobre todo cuando hablamos de crisis como la de hoy. Sin él, dejamos el destino de las personas y las comunidades a la peor de todas las certezas, esto es, al azar que significa la perpetuación del miedo y de las balas.

Links de interés:

Lucía Dammert, Eduardo Vergara y Steven Dudley. “Hablemos de Seguridad”. https://www.youtube.com/watch?v=uK1CGCNdLZg

https://www.latercera.com/la-tercera-domingo/noticia/narcovid-como-la-pandemia-marco-las-nuevas-fronteras-de-la-droga/B6SFIX5IBBFMFDM32PIWZRBMVE/

Bourdieu, Pierre. 1986. “The Forms of Capital”. http://home.iitk.ac.in/~amman/soc748/bourdieu_forms_of_capital.pdf

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