Quieren jugar y ser titulares

Por Tomas Silva

Corría el año 2007 y en Chile teníamos dos escenarios diametralmente opuestos –  futbolísticamente hablando: En primer lugar, la selección de fútbol adulta no jugaba bien y era más conocida por irse de fiesta en las concentraciones que por tener ganas de jugar fútbol. La gota que rebalsó el vaso, y que generó uno de los mayores ridículos que hemos visto en un equipo profesional, fue el famoso “Puerto Ordazo” en la Copa América, de la cual no solo fuimos descalificados de forma inapelable, sino que los jugadores se burlaron del personal del hotel tirando jamón y generando un triste espectáculo que todos sabemos cómo concluyó.

Por otra parte, un grupo de jóvenes con hambre de triunfo, aspiraban a ganar la copa del mundo sub20 en Canadá, obteniendo finalmente el tercer lugar. Sin embargo, luego del fracaso continental y la victoria que vimos con estos jóvenes sub20, motivó el inicio de un nuevo ciclo; La Era Bielsa. La verdadera génesis de la llamada generación dorada donde por fin vimos brillar a ese grupo de jóvenes en territorio adulto. Fueron ellos los llamados al recambio generacional que permitió el año 2015 y 2016 ser bicampeones de América.

Guardando las proporciones, y sabiendo que un partido de fútbol es más simple que el escenario en el cual nos estamos desenvolviendo, este deporte en particular ayuda a facilitar la explicación y fundamentación de argumentos sobre lo que está ocurriendo en Chile a raiz del malestar social, el rol de la juventud y el cambio generacional que debiésemos experimentar.

Tenemos una clase política que vive del pasado, que fue joven en su momento y luchó entre otras cosas por recuperar la democracia, que instauró ciertas bases que nos permitieron desarrollarnos como un país políticamente estable, preocupándose muchas veces de lo macroeconómico por sobre lo micro, y que prefirió continuar el legado económico para buscar ese tan esperado desarrollo. Si hacemos la comparación a raíz de la columna de Daniel Matamala del día domingo recién pasado, la elite política hoy no está jugando sus mejores partidos, de hecho, ni siquiera está jugando, lo que está haciendo es combatir a sus propios fantasmas dejando en evidencia que su momento está en agonía. Cuando escuchamos debatir a los estandartes de la politica sobre si el eje izquierda o derecha es mejor elite para gobernar, reafirman que perdieron apetito de querer hacer políticas públicas de manera distinta, probablemente por la abundancia de paté de jabalí que han comido estos últimos años, obviando cómo un Ministro de Estado mencionó que desconocía el hacinamiento que existe en Chile.

Mientras tanto, ¿Qué pasa con los jóvenes y su propio partido? ¿Qué les falta para poder jugar en la selección adulta y poder tomar las riendas de este país? ¿Están en la banca esperando a ser llamados? Bastó que dijeran “esto no prendió” para tocar esa fibra y esa llama que los “adultos” pueden entender porque también fueron jóvenes, sin embargo desde la comodidad de sus cargos, sin querer bajarse los sueldos y el calor de sus grandes hogares, no existe esa ambición que los llevo a ellos mismos a luchar por sus ideales de los años 90.

Hoy es el turno de hacer ese cambio generacional. Es tiempo de dejar de pensar que la Nueva Mayoría o Chile Vamos puede canalizar todas las propuestas, porque al ser la generación que más acceso a la información ha tenido en la historia de este país, es claro que etiquetarte en un partido politico actual o encasillarte en un conglomerado queda chico a cualquier pensamiento del año 2020. Los jóvenes quieren jugar su propio partido y ganar en su propia cancha, sin ventajas y sin trampas, sin que los obliguen a jugar bajo reglas que son retrogadas, por esto el tan ansiado cambio constitucional.

Son capaces de no inscribirse en un partido político porque no se ven represetandos en ellos, son capaces de no ir a votar porque sienten que derecha e izquierda es lo mismo y el día lunes tendrán que, y como todos los lunes, volver a trabajar. Sin embargo, cuando hablamos de temáticas y de hablar en serio, fueron capaces de llegar cerca de un millón y medio de personas a Plaza Italia y lograr la manifestación más grande que se ha visto en décadas.

Es cierto que los partidos políticos son los grandes canalizadores de ideas y pensamientos políticos, por lo que es el momento de que se reinventen, cambiar indumentaria y volver a reencantar al público que últimamente los ha visto perder y pelearse.

Los 30 pesos fue nuestro “Puerto Ordazo” y el 18 de octubre nuestro merecido tercer lugar en Canadá. Es tiempo de llevar a cabo ese recambio generacional, por eso que aplaudo el límite de reelección, no por la forma, sino por el fondo, es lo que necesita hoy nuestro país, dándole paso a una nueva generación que, sin dudas llegará con más entusiasmo. Puede que traiga complicaciones en un comienzo, no obstante, llegarán nuevas ideas para combatir la pobreza, generar mayor igualdad, a reestructurar las pensiones, mejorar la calidad de la educación, refrescar la política, compartir más ollas comunes y menos caviar, hacer comunidad y creer en la colaboración.

Es hora de darle espacio y tiempo a esta nueva generación. Quien sabe… tal vez en 30 años recordarán que está nueva generación logró grandes avances contra el cambio climático y hacerse paso y el nombre de la esperada generación dorada.

Es por esto que quieren jugar y ser titulares.

One thought on “Quieren jugar y ser titulares

  1. “Los jóvenes quieren jugar su propio partido y ganar en su propia cancha, sin ventajas y sin trampas, sin que los obliguen a jugar bajo reglas que son retrogradas, por esto el tan ansiado cambio constitucional.”

    Excelente columna Tomás. Cuánta verdad y qué linda comparación.
    Es momento del recambio!

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