Momento

Por Pablo Torrejón 

Daron Acemoglu y James A. Robinson hablan en su libro “¿Por qué fracasan los países?” sobre “el mundo que creó la peste”. En este pasaje del libro exponen cómo la plaga bubónica que llegó a Constantinopla en 1347 y que ya en 1348 se extendía por Francia y el norte de África, matando alrededor de la mitad de la población de cualquier zona afectada, transformó los aspectos sociales, económicos y políticos en las sociedades europeas medievales.  La falta de trabajadores provocó una crisis en el sistema feudal presente en esos tiempos y animó a los campesinos a exigir cambios. Particularmente, en Inglaterra, el intento del Estado por acabar con los cambios institucionales que se pedían no fue exitoso y en 1381 estalló una revuelta que decantó en un mercado de trabajo más inclusivo y con mayores sueldos. Los autores también explican que, a pesar de que el impacto demográfico que tuvo la peste negra en toda Europa fue bastante similar entre los países, los cambios institucionales que trajo no fueron iguales para todos. En Europa oriental, donde las ciudades eran menos pobladas, los señores aumentaron los impuestos que recaudaban de los inquilinos y se quedaban con la mitad de la producción bruta acrecentando el mercado del trabajo extractivo. Esta divergencia institucional derivada de una crisis sanitaria terminaría influyendo en el futuro de Europa.

La portada del 23 de mayo de 2020 en The Economist (publicación semanal con sede en Londres) lleva como título: “Seize the moment”. Según el traductor de google quiere decir “Aprovechar el momento”. Aunque parece una frase motivacional sacada de las redes sociales en realidad es muy acertada. La publicación reconoce que la crisis climática y la crisis producto de la pandemia no sólo se parecen, sino que están conectadas y además presentan una ventana para cambiar la forma de la demanda por energía. Las cuarentenas masivas alrededor del mundo han mejorado los niveles de gases de efecto invernadero con la primera semana de abril de 2020, un 17% menor respecto del año anterior, y proyectando que durante todo el 2020 podrían caer un 2-7% respecto al 2019 si es que volvemos a mediados de junio y entre un 3-13% si es que están durante todo el año dependiendo de qué tan estrictas sean. Sin embargo este es un efecto transitorio y la demanda por energía volverá y las medidas que se realicen para enfrentar la pandemia determinarán la forma que tome aquella demanda. 

Si pensamos en Chile, producto de su particular geografía, podemos determinar que es altamente vulnerable a los efectos de la crisis climática ya que cuenta con múltiples factores de riesgo: áreas de borde costero de baja altura; zonas áridas, semiáridas; zonas con cobertura forestal y zonas expuestas al deterioro forestal; desastres naturales; zonas propensas a la sequía y la desertificación; zonas urbanas con problemas de contaminación atmosférica; y zonas de ecosistemas frágiles, incluidos los sistemas montañosos. Como vemos afecta gran parte del territorio y ya ha mostrado algunos efectos concretos como en agosto del año 2019 cuando se decretó zona de escasez hídrica en Santiago para 17 comunas como Alhué, Colina, Til Til y Curacaví entre otras. 

El consejo que hace la revista británica es acertado pensando en los tiempos de pandemia y en lo difícil que es el desafío de la crisis climática. Las situaciones como la escasez hídrica nos comprometen especialmente en una situación de crisis sanitaria. Es en ese sentido que la peste bubónica que describe un momento, un ímpetu ganado por un objeto en movimiento, es un ejemplo de como un evento crítico puede remecer el equilibrio económico y político existente en la sociedad con resultados diametralmente opuestos. Nos permite desde un contexto histórico entender lo relevante que es cómo se forman las instituciones en momentos de coyunturas críticas en determinar el futuro de una sociedad.

Por tanto es razonable aprovechar el ímpetu del momento para que cuando, por ejemplo, se evalúen medidas de rescate a grandes empresas estratégicas nos cuestionemos qué nos puede decir esa gran estrategia, que apunta a mitigar los efectos económicos y sociales de la pandemia, sobre los efectos económicos y sociales de la crisis climática. Son interrogantes complejas planteadas en tiempos amargos pero es el momento.  

Deja un comentario