Sesgo optimista en tiempos de pandemia y otros males

Por Rocío Leiva Mora

Cuando queremos comprender el comportamiento de un individuo, generalmente ponemos atención a los incentivos que este tiene para actuar de cierta manera, pero el comportamiento humano es bastante más complejo: muchas veces nuestros juicios y acciones responden a factores de los cuales no estamos conscientes. Los sesgos cognitivos son fenómenos psicológicos que implican que nuestros juicios (y conclusiones) se alejen de lo racional y sean en muchas ocasiones erróneos. Son un mecanismo (muchas veces beneficioso) que tiene nuestro cerebro para “ahorrar” energía y obtener conclusiones rápidas, aunque no necesariamente exactas. La psicología cognitiva ha estudiado diversos sesgos cognitivos y varios de estos han sido evidentes en la crisis del coronavirus. Hoy me referiré al sesgo de optimismo, fenómeno inicialmente investigado por el psicólogo Neil Weinstein en 1980.

Nuestro cerebro tiende a pensar que las cosas nos saldrán bien: tendemos a creer que tenemos más posibilidades que los demás de experimentar eventos favorables y pensamos que somos menos vulnerables que nuestros pares a experimentar eventos negativos. De aquí viene que, ante las advertencias en los cigarrillos, muchas personas piensen: “quizás a otros les provoque cáncer, pero a mí no”; también que gente conduzca mirando su celular porque piensan que los accidentes a ellos no les ocurrirán. Pero ¿qué tiene que ver esto con la crisis del coronavirus? Notemos: este sesgo de optimismo implica tener cierta sensación de invulnerabilidad.

Uno de los problemas a nivel mundial fue que, en principio, se subestimó el virus: en su propagación, en sus efectos en los contagiados y en las repercusiones en la salud pública. Pero ojo, no fue solo el ciudadano “promedio” quien cometió este error, sino también las autoridades políticas, asesores y la prensa. Incluso expertos epidemiólogos fallaron en anticipar la gravedad del virus. Ahora bien, existen diversos factores que incidieron en esta subestimación: algunos propios de la naturaleza del virus como lo son su alto nivel de propagación o la existencia de contagios asintomáticos; las dificultades técnicas para detectar a los contagiados; e incluso pudo haber incentivos políticos para no advertir sobre la gravedad del asunto. Dejando de lado lo anterior, es necesario considerar también el rol del sesgo de optimismo.

Este sesgo puede llevar a las autoridades a tomar medidas en extremo moderadas y/o tardías y, a pensar que “en otros países hay un problema grave, pero a nosotros no nos ocurrirá” o “estamos preparados para enfrentar este tipo de crisis” aun cuando esto no sea del todo cierto. El sesgo también puede llevar a los ciudadanos a menospreciar las advertencias de los expertos y autoridades. Y todo esto se agrava cuando añadimos otros factores: el populismo, la tendencia creciente de las teorías conspirativas y, la desconfianza hacia las autoridades e instituciones, entre otros.

El sesgo de optimismo no es algo que se pueda (ni deba) erradicar, pero se puede atenuar al tomar conciencia de su existencia. En tiempos como estos, es primordial que quienes toman decisiones de política pública estén conscientes y advertidos del peligro que puede significar actuar bajo este sesgo. Que las autoridades actúen con un sobreoptimismo no solo repercute en las decisiones que toman sino en el mensaje que se transmite a la ciudadanía, el cual podría potenciar este sesgo en la población. Asimismo, todo esto hace evidente la importancia de poder contar con autoridades que se comuniquen con claridad hacia la población y, por supuesto, la importancia de contar con comunicadores creíbles y confiables.

El sesgo de optimismo en tiempos de pandemia puede ser muy peligroso puesto que puede llevar realizar acciones temerarias y pudo haber sido un gatillador de los altos niveles de contagio a nivel mundial. En una época en que, como nunca, tenemos gran disponibilidad de datos y la capacidad de utilizarlos para anticipar escenarios futuros, contradictoriamente, no fuimos capaces de utilizarlos bien, ni de hacer caso a las advertencias (que, por cierto, sí tuvimos) en el momento adecuado. Para esta fecha probablemente queden pocos optimistas: según la encuesta Plaza Pública Cadem del 6 de marzo, el 21% de los chilenos se sentían muy o bastante preocupado de la posibilidad de contagiarse de coronavirus, según la encuesta del 25 de mayo, este porcentaje ahora asciende al 76%.

El mensaje no es caer en el alarmismo, sino que se esté consciente del rol de este sesgo tanto en los desafíos presentes como en los que vendrán y, que este no solo puede actuar en el ciudadano “promedio” sino también en quienes toman las decisiones que afectan a la población.

One thought on “Sesgo optimista en tiempos de pandemia y otros males

Deja un comentario