Columna urgente para la clase política

Entre todas las cosas que están pasando en medio de esta crisis hay una que llama singularmente la atención. Quienes hemos seguido de cerca el ajetreo del congreso -admito que quedamos pocos- hemos percibido un ambiente poco deseable entre la oposición y el oficialismo, y en la interna de los propios sectores. Solamente ayer se armaba una trifulca debido a la divulgación -primero por parte de un diputado de Renovación Nacional y luego por otros integrantes de su sector- de una fake news en donde difamaba la votación realizada por parte de la izquierda en el marco de la discusión por la rebaja de la dieta parlamentaria. Mediante la exposición parcial de la verdad, quiso dar a entender que, en su mayoría, diputados del Frente Amplio votaron en contra de dicha reforma. Por supuesto que twitter ardió.

Ha habido otros episodios que, aunque distintos, van en la misma línea de este último. Es cosa de recordar cuando a inicios de abril la centro izquierda perdió la presidencia de la Cámara de Diputados por una disputa interna francamente inentendible y, a ojos ajenos, ridícula.

Y hay más.

Es inverosímil que en medio del inédito momento social, sanitario, político y económico que vive el país, nuestros congresistas se vean envueltos en este sinfín de peleas, cahuines y pequeñeces francamente insustanciales, exhibiendo un oportunismo político bastante reprochable, en algunos casos sólo por lograr un minuto de fama. Demostrando que habitan una especie de burbuja muy alejada del verdadero Chile.

Y resulta paradójico que esto esté pasando, cuando se cree que uno de los principales detonantes -si no el más importante- del estallido social fue el descontento con las élites. Y, en gran parte, con el congreso. La gente está cansada de la política: esa del oportunismo y la desconexión con la realidad. Tanto, que ya dejó de tomarle atención, y por ello es que todas esas enredadas disputas que comienzan en el recinto de Valparaíso y siguen en twitter les resultan insignificantes. Por ello es que para la ciudadanía son “todos corruptos”.

Por el contrario, se percibe que lo que se busca desesperadamente son soluciones concretas a los problemas, así como seguridad y certezas en medio de esta crisis. No es coincidencia que las figuras políticas mejor evaluadas en las encuestas sean quienes están ofreciendo estas garantías o, alternativamente, se han preocupado de mostrarse cercanos a los reales problemas de la gente, frecuentando matinales y alejados de la burbuja elitaria. Me refiero a los alcaldes (ya sabemos a quién principalmente); a la presidenta del Colegio Médico, Izkia Siches; y a algunos ministros que han destacado, desde mi entender, por la empatía y la competencia en su manera de proceder. Particularmente, los ministros Sichel y Briones.

El auge de estas figuras más bien locales -y con ello me refiero principalmente a los alcaldes- no supone un problema por sí mismo. De hecho, la desconcentración y descentralización del poder son temas latentes en la discusión política. El problema real, desde mi opinión, es la deslegitimación y la desconfianza en instituciones tradicionales como el poder legislativo. Hoy, lamentablemente, quienes se encargan de representarlo no han estado a la altura de las circunstancias. En un presente en que uno esperaría que emergieran liderazgos y los sectores políticos mostraran unidad ante la crisis, lo único que vemos es que con su actuar se hunden cada vez más en su agujero de patetismo, egocentrismo e insensatez.

En la próxima elección presidencial, más que por izquierda, derecha, populismo o democracia, es muy probable que la ciudadanía vote bajo la premisa de lo que la ciencia política llama “accountability”, es decir, con la idea de sancionar a la clase política por su mal desempeño en estos “30 años”, de acuerdo con una de las proclamas principales del movimiento social. Podríamos sospechar, también, que la elección será según la lógica de “valencia”, esto es, los votantes se inclinarán por quien les parezca que hace la pega, en un contexto en que aquello será especialmente primordial debido a la eventual crisis económica que se nos viene.

No hay excusas, la clase política debe ponerse a la altura de las circunstancias, esto, obviamente, si procura ser protagonista de los desafíos actuales y los del futuro. El tiempo es ahora. Sin desmerecer su trayectoria política, no vaya ser que en medio del levantamiento social más importante de nuestra historia patria el presidente que terminemos eligiendo sea Joaquín Lavín.

Matías Acuña Núñez

Links de interés

https://www.cnnchile.com/pais/cadem-aprobacion-a-pinera-sube-al-25-y-manalich-se-ubica-como-el-ministro-mas-influyente_20200420/

https://www.cnnchile.com/pais/encuesta-cadem-rechazo-nueva-normalidad-aumenta-aprobacion-pinera_20200503/

El presidenciable que gana con la pandemia: Lavín se despega de sus competidores en la encuesta Activa Research

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