Lecciones de yerba mate

Uruguay siempre me ha parecido una nación digna de admirar. Y es que los uruguayos pertenecen a un país que, según las estadísticas oficiales, conserva una población de tan sólo 3 millones de habitantes desde hace más de 30 años y que lidia constantemente con vaticinios que anuncian su desaparición. Pero a pesar del escaso número de moradores, Uruguay en la práctica, y en contra de todo pronóstico, da cátedra en América Latina. Los más futboleros me entenderán. La selección uruguaya, o la celeste, es sinónimo de pura gloria deportiva: 2 mundiales, 15 veces ganadora de la Copa América, protagonistas del Maracanazo y de uno de los partidos más épicos que nos ha tocado ver en un mundial de fútbol, cuando se enfrentaron a Ghana, en cuartos de final del mundial de Sudáfrica, con la heroica mano de Luis Suárez y el recordado penal del Loco Abreu.

Pero la verdad, mi admiración por los charrúas va más allá del fútbol. Política y económicamente también los podemos aplaudir. En el ámbito económico, Uruguay se posiciona permanentemente entre los líderes de la región en base a su alto ingreso per cápita, bajos niveles de desigualdad y pobreza, y ausencia casi total de indigencia. Mientras que en el ámbito político, se caracteriza por garantizar una gran cantidad de libertades individuales a partir de la legalización del matrimonio homosexual, del aborto y, quizás la regulación más polémica, de la producción, venta y consumo de marihuana. Esto último significó que, durante el año 2013, por primera vez la revista británica The Economist incluyera entre sus listas de “lo mejor del año” a un país. Y el elegido fue, precisamente, Uruguay.

Sin embargo, The Economist no solo destacó las reformas pioneras que protagonizó Uruguay ese año. También elogió al presidente uruguayo de ese entonces: José “Pepe” Mujica. Pepe fue calificado como un presidente “admirablemente humilde” y con una “franqueza inusual para un político”. Y es que el ex mandatario realmente se caracterizó por ser un líder diferente durante su gestión: Vivía en una humilde casa de campo, conducía él mismo para ir a trabajar en su Volkswagen Escarabajo y siempre llevaba su mate en mano. No podía ser de otra manera. Hablamos de un personaje que perteneció en su juventud a la guerrilla urbana de los Tupamaros, siendo parte de enfrentamientos armados que le significaron ser apresado cuatro veces (de las cuales dos veces se escapó). Su último período de detención duró cerca de 12 años, siendo víctima del aislamiento y las torturas, cambiando para siempre su vida. Para quienes quieran conocer la historia con más profundidad, recomiendo ver el documental El pepe, una vida suprema de Emir Kusturica, disponible en Netflix.

Pepe terminó su mandato el año 2015, pero durante las últimas semanas, y a raíz de la pandemia del coronavirus, Mujica ha vuelto a dar que hablar. En el programa Lo de Évole, el ex presidente de Uruguay declaró una frase que es digna de ser analizada: “Ahora que las papas queman todos se acuerdan del Estado”.

¿Qué hay detrás de la frase de Pepe Mujica?

Es difícil desnudar con menos palabras las contradicciones del liberalismo que defiende a ultranza el individualismo y la reducción máxima del poder público. Y es que para los creyentes de un gobierno limitado, la pandemia ha significado ver todo lo contrario a sus ideales. A lo largo de todo el mundo el Estado ha crecido enormemente y no es casualidad: El rol del Estado se ha hecho imprescindible, a grandes rasgos, por dos razones. Primero, por la coerción. Solo el Estado tiene la capacidad de coaccionar a los ciudadanos y generar las cuarentenas necesarias para que el virus no se siga propagando. Segundo, por el apoyo económico. Los vastos recursos con los que cuenta el Estado permiten movilizar rápidamente los medios necesarios para reactivar la economía. Acá en Chile, de hecho, hemos sido testigos de cómo desde la gigante LATAM Airlines, hasta el más pequeño de los emprendedores han pedido la asistencia financiera del gobierno. Y es que en tiempos donde las papas queman, los actores privados tienen pocos incentivos para invertir y arriesgar, y las políticas públicas generadas desde el Estado aparecen como la principal acción que permite reactivar una economía dormida por cuarentenas y cordones sanitarios. En Chile lo estamos viendo con los paquetes de liquidez que el gobierno está generando para comprar tiempo mientras se desarrolla la vacuna y las empresas puedan sobrevivir en medio de una economía paralizada a propósito. Y todavía no vemos las medidas que se vienen después de la crisis: En una situación clásica de recesión, las recetas del economista inglés John Maynard Keynes serán desempolvadas y seguramente seremos testigos de un incremento del gasto público para estimular la demanda agregada y disminuir el desempleo.

Algunos querrán asegurarse de que el crecimiento que ha experimentado el rol del Estado sea solo temporal. Pero las crisis a lo largo de la historia nos han enseñado que los Estados salen de ellas fortalecidos, con más poderes y con más responsabilidades, ¿o ustedes se imaginan a alguien manifestando post pandemia que se deberían bajar los niveles de inversión en salud pública? Yo no, o por lo menos no públicamente.

Pero ojo, el crecimiento estatal no solo será en la dirección deseada. Durante esta pandemia, también hemos sacrificado cosas, lo que puede significar una amenaza relacionada al abuso de poder, a la libertad de movimiento y a la protección de nuestros datos privados. A algunos políticos, de hecho, ya se les otorgaron poderes absolutos por tiempo indefinido en respuesta a la crisis del COVID-19, como es el caso del primer ministro de Hungría, Viktor Orbán. Así es como mueren las democracias, le leí a alguien por ahí.

Me parece que es tiempo de reflexionar sobre si es que el Estado en tiempos de pandemia es el mismo que queremos para la vida cotidiana. El virus cambiará muchas cosas y somos nosotros los que tenemos el poder de decidir cuáles queremos que se mantengan y cuáles no. Sobre todo acá en Chile, estando ad portas de un proceso constituyente. La realidad es que el rol del Estado apareció y se quedará por un largo rato. Mientras tanto, les recomiendo escuchar a Pepe Mujica, más de una lección vamos a aprender. Ah, y obviamente háganlo con un mate en mano.

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