Tarea para la casa

La educación ha cambiado. Es evidente que la forma de ejercerla ha variado con los años. Se han dejado atrás los métodos arcaicos que durante mucho tiempo maltrataron a alumnos, y cada vez el rol de la tecnología, tal y como la conocemos, es mayor en las aulas. Cuando empezó a masificarse, la irrupción de la imagen supuso un asunto no exento de polémicas. Ya lo decía quien fuera una de las más destacadas impulsoras de la labor educativa, la poetisa y pedagoga, Gabriela Mistral: “Tarde o temprano los profesores comprenderán que el huésped cuya presencia les parecía un peligro (la imagen), es realmente el mayor y mejor de sus aliados”. En una época de constantes cambios, aquello resulta profundamente inspirador como enseñanza para la vida, respecto de la necesidad de ser dúctiles ante lo que nace.

Estos últimos meses, la educación también ha cambiado, por cierto. Las salas de clases se han trasladado a la casa y los niños ahora ven a sus profesores a través de una pantalla. Con las desigualdades que tiene Chile, esta experiencia puede resultar muy diversa dependiendo del hogar en el que vive el estudiante. Ante realidades como esta, la educación se convierte en una de las labores más nobles que tienen los países, porque no sólo cumple un rol instructivo sino que pasa a tener una función social. Es en las aulas donde se busca combatir la perpetuidad del desconocimiento, de la necesidad, de la pobreza y de la desigualdad. (Esto, claro, toma mayor fuerza aún cuando hablamos de países que poseen una educación pública más robusta que la nuestra).  Sin embargo, nada de eso está ocurriendo en momentos en que la labor educativa se ve notablemente limitada ante la pandemia. Por el contrario, ésta parece ser catalizadora de las grandes inequidades de las que hablamos, que comienzan justamente en el hogar.

Es una realidad que muchos niños chilenos no tienen una casa con un lugar adecuado para llevar a cabo el aprendizaje, ni viven en un barrio idóneo para ello. El que padres con distintos niveles educativos, distintas disponibilidades de tiempo (esto es más sensible en el caso de madres solteras) y distintas motivaciones en el aprendizaje de sus niños deban ahora ayudarlos con sus tareas es preocupante. No en todos los hogares funcionará la educación a distancia.

Otro elemento que ha salido a la luz con respecto a estas inequidades es el que dice relación con el acceso a internet con el que cuentan los hogares para poder obtener el material educativo. Si bien Chile tiene una estadística favorable a este respecto -ya que 9 de cada 10 chilenos tienen acceso a este servicio-, parece no ser muy ilustrativa de lo que ocurre en realidad, ya que alrededor del 50% de estos usuarios tienen acceso a la web sólo a través de su teléfono celular. Esto supone un problema para académicas como Teresa Correa e Isabel Pavez, quienes postulan que el modo de uso no es trivial. Según un estudio realizado por ellas, existe evidencia consistente de que quienes usan internet sólo por su teléfono celular tienen un menor nivel de habilidades digitales; éstas últimas son utilizadas por ellos principalmente para entretenerse y comunicarse (en videojuegos, Instagram y Whatsapp). A causa de este fenómeno, se generan “ciudadanos digitales de segunda clase”, lo que sumado a las precariedades que existen en el hogar mismo -conexión frágil, inestable, de mala calidad e insuficiente- nos permite visualizar las amplias dificultades para ejercer la educación a distancia tal y como se planea; y, por cierto, la carencia de habilidades esenciales para el futuro.

Un último punto que creo es pertinente mencionar dentro de los efectos negativos que ha traído la pandemia al ámbito de la educación, tiene que ver con lo que la literatura académica llama “efecto par”. Este concepto se define como la incidencia o externalidad que produce un alumno en el aprendizaje de sus compañeros. Existen diversos modelos que indagan esta temática y se ha encontrado evidencia a favor para algunos de ellos, lo que respalda la importancia del aprendizaje en conjunto. Esta es otra de las grandes pérdidas que ha traído la educación a distancia, y así lo han hecho saber montones de niños -reporta el New York Times- que admiten que lo que más extrañan en el confinamiento es el compartir, comunicarse y colaborar con sus compañeros, sin saber que también aquello constituye un beneficio para su aprendizaje.

Sobran motivos para pensar que la educación, tal como la salud y la economía, pasa por momentos complejos. En un presente en el que el coronavirus nos está aislando y mostrando las desigualdades que existen en el acceso a la tecnología, así como las precariedades que siguen latentes en nuestra sociedad, es imperativo tomar cartas sabiendo que son nuestros más pequeños los que se están viendo afectados (lo que es especialmente delicado por el hecho de que las brechas socioeconómicas surgen fundamentalmente a temprana edad). Es cierto que hoy es difícil plantearse proyectos de largo plazo, ya que la incertidumbre nos golpea a cada hora. Lo lógico, entonces, es pensar que luego de acabada la pandemia debemos poner atención a esas deudas pendientes. Esto es, reflexionar en torno al rol público de la educación como mitigadora de las desigualdades sociales y como precursora del aprendizaje colaborativo. Esta es, quizás, la fuente más importante para la cohesión social de la que carecemos. En ello será fundamental, por cierto, el cómo escribiremos un correlato entre la labor educativa y la tecnología, sin ir en contra de nuestra capacidad de relacionarlos con otros. Ese, me atrevo a decir, junto al combate contra el cambio climático, es uno de los más grandes desafíos del siglo XXI, y debe tomar fuerza luego de acabada la pandemia. Queda de tarea para la casa. Es de esperar que esta vez sí la hagamos. Nuestros niños y niñas lo merecen y lo necesitan.

Matías Acuña Núñez

Agradezco a Soledad Arellano por sus referencias.

Links de interés

Correa, T., Pavez, I y Contreras, J.  (2018). Digital inclusion through mobile phones?: A comparison between mobile-only and computer users in internet access, skills and use. Information, Communication & Society. Versión online, 1-18.

Pavez, I. y Correa, T. (2020). “I don’t use the internet”:  Exploring perceptions, experiences and practices among mobile-only and hybrid internet users. International Journal of Communication, 14, 2208–2226.

Subsecretaría de Telecomunicaciones de Chile. (2017). “IX Encuesta de Acceso y usos de Internet”. https://www.subtel.gob.cl/wp-content/uploads/2018/07/Informe_Final_IX_Encuesta_Acceso_y_Usos_Internet_2017.pdf

CIPER. (2020). https://ciperchile.cl/2020/04/08/desigualmente-conectados/

New York Times (2020). “I Can’t Believe I Am Going to Say This, but I Would Rather Be at School”. https://www.nytimes.com/2020/04/14/us/school-at-home-students-coronavirus.html?campaign_id=9&emc=edit_NN_p_20200414&instance_id=17621&nl=morning-briefing&regi_id=119123958&section=topNews&segment_id=25091&te=1&user_id=cf6ab474c4ee8fe994ede1163f32bd7b

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