La fragilidad de Chile

Por Matías Acuña Núñez.

Desde octubre pasado, millones de chilenos han hecho saber su descontento ante las grandes desigualdades que no ha podido soslayar nuestro país desde siempre. El tema de la pobreza, por otro lado, se ha tomado poco y nada en cuenta, pasando a segundo plano debido a no considerarse un tema de suma urgencia, probablemente por el notable decrecimiento que ha experimentado desde el retorno a la democracia. Es cierto: la “pobreza por ingresos” ha caído de 68% a 8,6%, desde 1990 a 2017, según la Encuesta de Caracterización Socioeconómica (Casen). Es decir, según cifras oficiales, hoy en Chile 1.528.284 personas son pobres.

Sin embargo, en tiempos de la sombría pandemia que enfrentamos, dos concepciones distintas de pobreza se hacen especialmente relevantes: la “vulnerabilidad” y la “pobreza multidimensional”. Éstas, al ser menos comprendidas, son menos usuales en el lenguaje cotidiano.

La Comisión para la Superación de la Pobreza del año 2014 plantea que un hogar es vulnerable cuando -aún si genera ingresos por sobre la línea de la pobreza- vive con altas probabilidades de caer en ella, ya sea por un evento inesperado que le impacte económicamente o por la escasez y volatilidad de sus activos. Al día de hoy, esta definición cobra mucho sentido por el hecho de que, posiblemente, no haya evento más inesperado que una pandemia. En el caso de Chile, el 27,8% de la población es vulnerable, esto es, alrededor de 5 millones de personas. La OCDE, por su parte, es un poco más drástica en su medición y postula que un 52,65% de los chilenos viven en esta condición. Esto nos da cuenta de la gran amenaza que supone la embestida del coronavirus para este conjunto de la población, por lo que no será una sorpresa el incremento en las tasas de pobreza en los próximos meses.

La vulnerabilidad también puede ser entendida como la carencia de algún aspecto importante en la calidad de vida de los ciudadanos. Esta mirada se relaciona estrechamente con la noción multidimensional de pobreza, la cual consiste en una forma de medición distinta a la pobreza por ingresos -que es la típicamente utilizada- pues busca medirla desde distintos indicadores que entregan indicios de las condiciones de vida, y no sólo del dinero con el que viven los hogares. En Chile, medimos la pobreza multidimensional a través de la Encuesta Casen, la cual presenta 5 dimensiones fundamentales: Salud, Educación, Trabajo y Seguridad Social, Vivienda y Entorno, Redes y Cohesión Social. A diferencia de la tasa de pobreza convencional, ésta es bastante más alta: el 20,7% de la población se encuentra en situación de pobreza multidimensional, vale decir, 3.530.889 personas. Aquí es justamente donde se hace relevante esta noción de pobreza. Si nos dedicamos a descomponer las dimensiones, podremos encontrar algunos indicadores poco auspiciosos en un escenario tan adverso como el actual.

Por ejemplo, la dimensión de Vivienda y Entorno es una de las que más afecta en nuestro país a la persistencia de la pobreza multidimensional. La encuesta Casen muestra que un 21,8% de los hogares rurales y un 18,3% de los urbanos se encuentran en situación de hacinamiento o en viviendas en mal estado. Indudablemente, esto supone un deterioro de la calidad de vida de los individuos ante la falta de privacidad en el convivir diario. En tiempos en que las familias han debido quedarse en sus casas para cumplir la cuarentena, este hacinamiento se hace más complicado, ya que es poco probable que se genere la distancia social necesaria en un hogar en el que duermen 3, 4 o más personas por dormitorio, propiciándose los contagios. Además, el confinamiento es un factor que estimula la violencia dentro del hogar (el fono de violencia contra la mujer recibió un 70% más de llamadas el fin de semana recién pasado).

También dentro de esta dimensión se encuentra un indicador que evalúa los servicios básicos, el cual hace referencia al acceso que tienen los hogares, entre otras cosas, al agua. Existe un 31% de hogares rurales en Chile que no cuentan con esta condición, lo cual es un impedimento para seguir la medida básica que ha recomendado la autoridad para evitar contagios: el lavado de manos.

Un tercer componente de esta dimensión es el de Entorno, el cual también influye en el aumento de la pobreza multidimensional porque está relacionado con la accesibilidad a servicios de salud, educación y transporte dentro de la zona en que se vive, así como el tiempo que demoran los individuos a su lugar de trabajo. Las cifras advierten que existe un 23,7% de hogares rurales y un 8,2% de hogares urbanos que tienen dificultades para cumplir este indicador, lo que es delicado considerando que mientras mayor es el tiempo entre el hogar y el empleo, más crecen las probabilidades de contagio si esa persona utiliza el transporte público.

La dimensión de Trabajo y Seguridad Social es otra de las que más problemáticas. Según muestran los resultados, un 37,1% de los hogares en zonas rurales y un 29,8% en zonas urbanas presentan carencias en su seguridad social. Esto es un síntoma de otro indicador problemático que nos entrega el Instituto Nacional de Estadísticas (INE): El trabajo informal en nuestro país se ha elevado a 30,4% en los últimos meses. Esto está resultando especialmente complejo debido a que en distintas comunas y regiones ha disminuido altamente el flujo de personas en las calles, lo que ha significado una contracción de la demanda que perjudica los ingresos diarios de este tipo de trabajadores que, en muchos casos, corresponde a su única fuente de subsistencia. Por ende, los trabajadores se ven obligados a ir a trabajar -claramente con menos ventas- y hacer grandes esfuerzos para poder parar la olla. Con esto quedan de manifiesto las nulas garantías que da este tipo de empleo a los trabajadores.

La educación es otro de los indicadores que más contribuyen a la pobreza multidimensional. Un 55,3% de los hogares rurales y un 25,7% de los urbanos tienen al menos a un integrante con escolaridad incompleta. Si bien, esto no tiene efecto directo en la situación que vivimos, sí lo podría tener de manera indirecta. La literatura académica propone algo llamado “Enfoque de Determinantes Sociales”, una teoría que señala que la salud de una población no sólo se determina por el acceso y la calidad de su sistema sanitario, sino también por la distribución de los recursos, el dinero y, entre otras cosas, también por la educación. Por lo tanto, se puede aventurar en la hipótesis de que los altos niveles de población que no tienen escolaridad completa y que, por lo tanto, han gozado de menos educación en el transcurso de sus vidas, están más expuestos a sufrir los efectos de la pandemia por, si se quiere, los efectos psicosociales que genera la falta de educación. Esto es, conductas sociales irresponsables como ir a lugares públicos no siendo necesario o pensamientos escépticos tales como “el coronavirus no me hará daño” o “el coronavirus es un invento”.

Lo cierto, es que el indicador de pobreza por ingresos no es un gran precedente de la realidad que vive el país. Al mismo tiempo, indicadores más íntegros como el de pobreza multidimensional y el de vulnerabilidad nos dan una visión más acabada y nos permiten hacernos una idea de cuáles son nuestras áreas más débiles -y por lo mismo más amenazadas- y qué tan frágiles somos ante la situación que enfrentamos. Como podemos ver, existe una gran parte de la población que tiene problemas con el lugar en el que vive, con el entorno en el que éste se ubica y con su lugar de trabajo. Es decir, el lugar en el que debiésemos refugiarnos y el medio con el que debiésemos poder subsistir para hacer frente a esta pandemia, no están entregando las garantías necesarias.

Así, aquel oasis, aquel jaguar de Latinoamérica, aquella economía que se creía que era firme como el diente que se posa en la feroz mordida de un león, hoy sufre las consecuencias de la crisis biológica, dejando al desnudo una sociedad vulnerable que, ante cualquier fuerza externa de magnitud, habría de sucumbir. Una nación con una morfología socioeconómica frágil como el diente de león que carga de semillas su follaje y al mínimo roce las suelta, sin ser capaz de retenerlas para sí.

Links de interés

Ministerio de Desarrollo Social. 2019. “Informe de Desarrollo Social 2019”. http://www.desarrollosocialyfamilia.gob.cl/storage/docs/Informe_de_Desarrollo_Social_2019.pdf

Ministerio de Desarrollo Social. 2017. “Encuesta Casen 2017”. http://observatorio.ministeriodesarrollosocial.gob.cl/casen-multidimensional/casen/docs/Resultados_pobreza_Casen_2017.pdf

Comisión para la superación de la pobreza. 2014. “Informe Final”. https://www.undp.org/content/dam/chile/docs/pobreza/undp_cl_pobreza_comision_pobreza_2014.pdfhttps://www.oecd.org/statistics/Better-Life-Initiative-country-note-Chile-in-Spanish.pdf

Organización Mundial de la Salud. https://www.who.int/social_determinants/es/

Instituto Nacional de Estadística. https://www.ine.cl/prensa/detalle-prensa/2020/02/05/la-tasa-de-ocupaci%C3%B3n-informal-lleg%C3%B3-a-30-4-en-el-trimestre-octubre-diciembre-de-2019

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