¿Virtuoso?

La pregunta sobre el buen gobierno parece ser una de las máximas preocupaciones de la ciencia y filosofía política. Hoy a los ciudadanos de a pie también les cobra mucho sentido la cuestión de gobernar bien o mal.

Filósofos de gran talla han aportado a profundizar la pregunta inicial dando ciertas luces. David Hume nos enseñó que el buen gobierno dependía de las instituciones políticas y aquellos individuos que ocupan cargos de poder político; señalando que le “apenaba creer que los asuntos humanos estén a merced del humor y el carácter de unos pocos” pero entendía que había diferencias entre los distintos sistemas por el peso que se le atribuía a los distintos poderes. Jerry Cohen le agregaría la importancia de la naturaleza de los gobernados; señalando la posibilidad de que estos no necesariamente sean autointeresados. Nicolás Maquiavelo también aporta y refuerza que el príncipe debe contar con la virtud y la fortuna, refiriéndose en cuanto a virtud a la inteligencia, disciplina o talento; y a la fortuna como suerte. Pensando en que cada día las decisiones suben su nivel de importancia y urgencia, además de la dificultad de modificar la suerte, la naturaleza y las instituciones; pareciera ser que la ponderación de los actores políticos cobra vital relevancia.

En Chile, la escala de las decisiones del presidente, junto con sus ministros y ministras resulta hoy muy notoria, recordando además lo presidencialista que se considera nuestro sistema. Facultades como las de decretar estados de excepción por parte del presidente, con acuerdo del Congreso, son cruciales para repercutir en vidas salvadas pensando en el timing en que se aplican, algo de lo que muchos países lamentablemente ya han dado cuenta. Por otro lado, el ministro de Salud tiene la misión de tomar las medidas correctas en cuanto a difusión de información y a políticas públicas para enfrentar probables colapsos de hospitales, mientras que el ministro de hacienda debe enfrentar los efectos económicos que golpearán a muchas empresas y por consiguiente a sus trabajadores.

Hoy parecemos estar en manos de estas autoridades, por lo que resultan centrales, para enfrentar una crisis sanitaria histórica, las exigencias de transparentar y explicar sus decisiones, dejar de lado ese natural autointerés enfocado en cálculos políticos y encuestas, además de tomar las decisiones al tiempo que necesitan.

En estás situaciones es donde aparecen los/as grandes estadistas como se han visto a Merkel, Trudeau o Macron, pero también es un momento en donde la historia puede dejar grabado a personajes como populistas, egoístas o incompetentes. El gobierno tiene la posibilidad de resarcirse de grandes errores pasados y de quedar, en ésta pasada, dentro del grupo de los virtuosos.

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