Legitimidad

Las múltiples causas que explican el octubre en Chile y su posterior secuencia parecen escapar de cualquier raciocinio humano. Pese a lo anterior, creo que algunas causas son evidentes y a mi parecer una de ellas cobra vital importancia en cuanto a entender el fenómeno y trabajar en enfrentarlo, el problema de la pérdida de legitimidad.

La legitimidad podemos entenderla como el reconocimiento al poder que reposa en ciertos cargos o posiciones jerárquicas en la sociedad. Hoy en día, aquellos que poseen el poder parecen haber perdido el reconocimiento, junto con las instituciones que se lo otorgan.

Por un lado, la legitimidad política reflejada en las instituciones que la sostienen, junto con la misma democracia representativa parecen estar puestas en jaque frente a una potencial desconexión que puede dar paso entre muchas otras cosas, al populismo. Con respecto a la democracia, la encuesta CEP de fin del año pasado señalaba que gran parte de la población sentía que este sistema de gobierno funcionaba mal o muy mal. Mientras que el gobierno, congreso y partidos políticos no gozaban de más de un 5% de confianza de la población. La situación de anomia que hemos vivido en este último tiempo en nuestro país pareciera sorprender menos cuando vemos que la crisis de confianza ya lleva un tiempo. Mucho de esto se ha escrito ya en Chile con diagnósticos de Carlos Ruiz Encina, Kathya Araujo o Desiguales. A modo de un pequeño resumen, estamos hasta las masas en este aspecto. Lo peligroso de esto ya se ha visto y es dejar en muchas ocasiones a la política inerte y por ende sin las armas para enfrentar cualquier aprieto que le acontezca.

Por otro lado, la legitimidad del sistema económico de mercado pareciera también tener muy poco respaldo ciudadano. Las promesas y el progreso económico que pareciera haberse agotado en cuanto a modelo productivo, junto con la errónea creencia de que la política esta sometida a la economía, además de las noticias de abusos y colusiones son lo que podrían estar calando hondo en la desconfianza del capitalismo como el sistema idóneo para nuestro país. Una de las principales causas de toda esta crisis del sistema económico en cuanto a legitimidad es probablemente una creencia que se ha tornado en cuanto a que la elite empresarial son unos privilegiados que están por sobre la ley, instalándose en Chile un “Capitalismo de Amigotes”, según el economista Luigi Zingales. Es evidente lo grave que le hace este tipo de capitalismo a la legitimidad del mercado y sus participantes, ya Adam Smith decía en el siglo XVIII que la igualdad ante la ley era primordial y que era muy peligroso para el mercado que existan privilegios y que los empresarios se encierren en su propio círculo. El mismo Zingales, en los tiempos que corren, ha señalado que hay que salvar al capitalismo de los capitalistas y de que es un deber ser pro-competencia, pero no pro-empresa. Frustrante para cualquier ciudadano resulta ver que las alas del emprendimiento pudiesen estar cortadas por unas pocas manos en muchos sectores de la economía.

Para combatir el malestar; el proceso constituyente, la agenda social y una agenda anti-abusos parecieran ser caminos razonables. El proceso constituyente, muy vilipendiado por ciertos sectores, se ve como una salida institucional a la crisis en donde la ciudadanía delibere sobre elaborar un nuevo pacto social, una oportunidad histórica para que la población forme parte de la discusión sobre los principios básicos de nuestra sociedad. En cuanto a la agenda social, la veo como una reivindicación de la elite política que intenta conectarse con los malestares materiales, y recordando que la política tiene algo que decir y hacer frente a los problemas del día a día. Y, por último, la agenda anti-abusos que debiese legitimar el sistema de mercado y ubicando a la elite económica en un entorno más competitivo y abierto, con incentivos claros frente a lo que significa romper las reglas del juego.

El malestar y la revuelta han generado un Chile distinto, uno con muchas expectativas, miedos, rabias y muchos otros sentimientos. Falta aun mucho para saber si el resultado será positivo o negativo. Pero si algo hay es una hoja de ruta que nos podría acercar a un Chile más abrigado, cohesionado y justo.

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