Un sólo Chile

El ambiente de crispación en nuestro país me resulta preocupante frente a la fiesta que se nos viene, el plebiscito del 26 de abril. Las masas detrás de las dos alternativas principales, apruebo y rechazo, al parecer estarían elevando la magnitud de la cita y rememorando la disputa por el SI y el NO a finales de los 80 en que lo que estaba en juego era volver a la democracia o seguir en dictadura, y pese a tal disyuntiva aun así fue posible respetar el resultado y seguir buscando, a través de acuerdos, las formas para tener un mejor país. Hoy los extremos parecieran estar torpedeando el proceso vía condenas morales por el simple hecho de tomar postura, caricaturizando duramente el declararse parte de alguno de los bandos, reflejado en el hecho de que por apoyar el apruebo parecen tildar de estar también a favor de la violencia y la primera línea, o estar en contra de las bondades que han traído estos treinta años, mientras que el tomar partido por el rechazo pareciera significar que se está a favor de la violación a los derechos humanos, las desigualdades latentes y los grandes empresarios, por decir algo.

Un tema que también se ha presenciado es el fatalismo que se endosa a cada una de las opciones en caso de que prosperen. El politólogo alemán Yascha Mounk ya ha descrito que ver de esta manera ciertas contiendas electorales es una de las grandes causas de la erosión la democracia y podría también considerarse de la convivencia cívica.

Es, a opinión de quien escribe, de suma importancia apaciguar los ardores y poner por sobre el apruebo o rechazo, el histórico proceso que convoca a cada chileno a decidir por un nuevo pacto social.

La filosofía política nos puede ayudar a encontrar una serie de virtudes que harían a los ciudadanos encarar mejor el proceso hacia las elecciones.  La amistad cívica, nos recuerda Aristóteles, es aquella que mantiene la unión un país. John Stuart Mill elevaba la virtud de la tolerancia frente a aquellas creencias o posturas que nos pueden resultar absurdas pero que en miras del bienestar de toda la sociedad dan cabida a voces y opciones que puedan aportar al progreso, en este caso debatir sobre cambiar la constitución pareciera dar espacio a un nutritivo debate sobre que seria lo mejor para nuestro país en este ámbito, desde diferentes miradas. John Locke también nos enseñaba sobre la importancia de la tolerancia en función de moderar el ímpetu con el que pretendemos imponer nuestras opiniones a los otros y acercándonos a una paz cívica, muy necesaria justo después de los resultados de unas elecciones de este calibre.

Con el objetivo de pensar más allá del 26 de abril es crucial recordar a Patricio Aylwin en su discurso del 89: “Es hermosa y múltiple la tarea que tenemos por delante, restablecer un clima de respeto y de confianza en la convivencia entre los chilenos cualesquiera que sean sus creencias, ideas, actividades o condición social (…), Chile es uno solo”.

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