La sombra de nuestra historia

Hacia finales del siglo XIX, producto de la anexión de los territorios del “norte grande” como resultado del triunfo de la Guerra del Pacífico, Chile comenzó un importante proceso de modernización. El shock salitrero permitió recaudar una significativa cantidad de recursos. A modo de ejemplo, fuentes estadísticas nos muestran que se estima en 1,5 millones de libras esterlinas anuales los ingresos a las arcas fiscales derivados de las exportaciones del nitrato en la década de 1880.

Algunos antecedentes que nos pueden ayudar a dimensionar el crecimiento económico experimentado en aquella época están ligados al consumo de energías modernas, entiéndase carbón mineral, petróleo, gas natural e hidroelectricidad. La utilización de este tipo de recursos es un buen indicador para medir el grado de progreso, sobre todo cuando lo relacionamos como el motor para movilizar maquinarias que estaban en la frontera tecnológica del momento. Chile fue el mayor consumidor de energías modernas en Latinoamérica durante el período 1875 – 1913, convergiendo a los niveles que tenían importantes potencias, como, por ejemplo, Estados Unidos.

Un punto relevante, es que la intensificación de la actividad económica nacional durante el ciclo del salitre introdujo cambios sustanciales en la base política y social del país. Sólo pensemos en el enfrentamiento entre las ideas progresistas del Presidente Balmaceda y la dura oposición que encontró de la facción conservadora de la élite. El final ya lo sabemos. Por otro lado, tenemos el surgimiento de un nuevo actor en la escena pública, que nace al amparo del proceso descrito en la primera parte, me refiero a lo que se denominó como “cuestión social”. Detengámonos en lo último.

Éstos nuevos sectores sociales se configuraron en la forma de un proletariado minero, artesanos manufactureros, trabajadores portuarios, llegando incluso a incorporar a sectores medios vinculados a la burocracia de servicios públicos y privados. Se organizaron en torno a partidos políticos, sindicatos, mancomunales, etc. Con la intención de sentirse verdaderamente partícipes del crecimiento que estaba experimentando el país, una búsqueda por garantizar el respeto y reconocimiento a sus derechos como trabajadores.

La respuesta de la élite oligárquica fue francamente detestable, actuaron como si los trabajadores hubieran sido invisibles para ellos. ¿Cómo no? Si el desarrollo de sus vidas se daba en un contexto de absoluto paralelismo, de nula interacción. Lo peor de todo esto es que más allá de la falta de una institucionalidad que otorgara imparcialidad a la resolución de los conflictos, más allá de la indolencia e incapacidad de entender las reivindicaciones de la clase obrera, se optó por medidas totalmente violentas y represivas. Basta con recordar las matanzas de Valparaíso(1903), Santiago(1905), Antofagasta(1906) y el emblemático caso de la Escuela de Santa María de Iquique(1907).

Dada la magnitud de los nuevos recursos económicos generados, y la importancia que tenía el Estado para acceder a su control, la oligarquía adoptó una disposición por capturar con mayor fuerza sus redes dentro del espacio político. Teniendo como único objetivo la obtención de rentas en lo inmediato, dejando a un lado sus responsabilidades como impulsores del desarrollo de la República a largo plazo.

Vale la pena traer a colación esta breve referencia histórica para lograr dilucidar algunas tensiones presentes en medio de la crisis social que estamos enfrentando.

Al igual que en aquella época, el estallido social ocurre luego de un período de modernización capitalista muy notorio. Con el retorno a la democracia en los 90`, Chile abriéndose al mundo y un manejo macroeconómico responsable, el país ha logrado significativos avances. No obstante, el progreso que provee el modelo instaurado en dictadura, trae consigo de forma subyacente una tremenda sensación de insatisfacción y vulnerabilidad en sectores bajos y medios, puesto que el costo con el que cargan el peso de sus días se hace inviable a largo plazo. Las demandas son conocidas por todos.

Por su parte, tenemos a una élite económica que poco tiene de moderna. Actúa siguiendo las mismas prácticas de sus predecesores. Poniendo de relieve el “rentismo” como piedra angular de sus visiones y deseos. Además, del mismo modo que en la transición entre los siglos XIX y XX, los vínculos entre este sector y el mundo político se ha hecho cada vez más evidente, gozando de un poder de influencia que raya en lo absurdo.

¿Cómo responde este grupo ante la decisión de los más desafortunados por enmendar el ritmo de sus vidas? Pues como ya hemos visto, con una represión brutal. Se está dispuesto a pagar cualquier costo con tal de resguardar privilegios, incluso llegar a desconocer los diagnósticos de organismos que se dedican a temas relativos a D.D.H.H.La sombra de nuestra historia nos asecha permanentemente. Si deseamos avanzar hacia un nuevo pacto social es indispensable la desconcentración del poder. Empoderar con buenas armas a los excluidos de siempre.

One thought on “La sombra de nuestra historia

  1. Daniel, te felicito por tu análisis, y concuerdo totalmente con tu posición y con tu interpretación de los hechos históricos.

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