El animal anda suelto

Los buenos ánimos y la paz que solíamos presumir en nuestro país durante largo tiempo parecieran resultar un chiste de mal gusto en los días que corren. El contrato teóricamente pactado entre las fuerzas de orden y los ciudadanos parece haber caído de un precipicio y el encontrar las partes que lo mantenían unido resulta una tarea quimérica.

Por un lado, el informe de Human Rights Watch fue concluyente al señalar que las fuerzas de carabineros han violado gravemente los derechos humanos desde el comienzo de las protestas hasta el día de hoy. Lo anterior es una firme señal de que la policía no esta respetando el acuerdo en el cual le entregamos el poder para mantener el orden público con la condición de que el uso de la fuerza se produzca de manera proporcional y bajo los protocolos acordados. El filósofo chileno, Jorge Millas, nos enseñaba que no existe aquello que se le suele decir “violencia institucionalizada”, explicando que justamente cuando este derecho que se entrega a alguna institución y se transforma en fuerza institucionalizada pasa a ser violencia cuando la institución se sustrae de las regulaciones del orden. La condición recién mencionada pareciera estar lejos de cumplirse según el informe mencionado.

Por otro lado, se han desprendido violentas fuerzas de las manifestaciones que utilizan a los manifestantes pacíficos como un paragua para expresar su descontento por fuera de la ley y causando terror en la población. La destrucción ocasionada por la violencia ha generado grandes pérdidas materiales y que afectan con mayor preponderancia a los sectores mas desfavorecidos de nuestro país, empeorando su ya precaria calidad de vida.

Corresponde declarar que no pretendo señalar que las vidas se pueden comparar con temas materiales, solo intento ilustrar las consecuencias que provienen de la explosión de violencia de las últimas semanas.

Ante las descripciones anteriores, mi deber moral como liberal, en cuanto a las bases sociales del autorrespeto y los planes de vida de las personas, no es otro que condenar cualquier tipo de violencia, venga de donde venga, entendiendo que no hay fin que justifique los medios, y pese a como muchos han señalado en este tiempo sobre que no hay revolución exitosa que no derrame sangre, también la historia nos ha enseñado que ese éxito de la revolución termina siendo aniquilado por ese mismo animal desatado que despierta la revolución y que hace temblar cualquier estabilidad y cualquier logro.

Si algo creo tener claro es la urgencia de una reforma a carabineros e intentar perder el miedo natural que un país como el nuestro le tiene a un servicio de inteligencia de calidad, todo esto con el fin de hilar fino y evitar pérdida de vidas, ya que, siguiendo a Kant, los seres humanos somos fines en si mismos y no un medio para, en este caso, salir de este embrollo.

Muchas interrogantes quedan encima de la mesa y no esta demás dejar algunas expuestas: ¿Basta con una justa agenda social para terminar con la violencia? O ¿Estamos capturados por el terror?

El animal está suelto.

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