Cáncer

En medio del estallido social que vivimos desde hace un mes en Chile, es posible afirmar que una de las pocas certezas que tenemos a la hora de analizar la situación es el pésimo manejo político que ha demostrado el Gobierno. Muchos estaríamos de acuerdo en aquello.

Desafortunadas declaraciones de Ministros de Estado, un Gobierno errático, siempre a destiempo, que intenta resolver este quiebre en nuestra sociedad entendiendo el problema en lo fundamental como un agravio de desorden público, dejando en un segundo plano lo que realmente la ciudadanía está expresando y reclamando en las distintas calles de nuestro país. Sin responsabilizarse por las graves violaciones cometidas a los Derechos Humanos, sin demostrar un efectivo control sobre el actuar de las fuerzas de orden. Un presidente histérico, que pronuncia parrafadas de memoria, sin sentido, que no da a conocer de forma nítida su posición sobre lo que hemos estado observando, que no muestra una hoja de ruta clara para buscar una salida al conflicto, lisa y llanamente, un presidente que ha estado eludiendo su responsabilidad política como máximo jefe del Estado chileno: entregar certidumbre, tranquilidad, tener la capacidad de convocar y motivar a liderazgos inteligentes que puedan ser aliados para destrabar esta convulsionada realidad. Con respecto a lo último, en mi interpretación, nada de esto vemos.

¿Cómo es posible equivocarse tanto? ¿Qué rol cumplen los asesores más cercanos? ¿Quiénes son? Si se jacta con tener una burocracia altamente preparada, ¿qué está pasando realmente en La Moneda?

Una posible lectura que eventualmente podría ayudar a responder estas inquietudes, dice relación con que lo que ha demostrado Sebastián Piñera – a lo largo de toda su trayectoria pública – y algunos sectores que lo apoyan infranqueablemente, es estar preso de un discurso economicista, en donde todos los problemas que manifiesta la sociedad se pueden resolver modelando una función y maximizándola. Sus concepciones de nuestra vida en común entienden que para que una democracia sea “sana”, lo más importante es que la máquina no pare de funcionar, mientras esto ocurra, la gobernabilidad está asegurada.

Es la tesis de Friedman y la escuela de Chicago, en donde la arquitectura económica es la base de un sistema político exitoso. Es la idea que ha tallado en piedra la UDI  – y cierto sector de RN – , que se han encargado de defender a través de Libertad y Desarrollo, su casa intelectual. Es precisamente esta visión la que manda en el famoso “segundo piso” del palacio de Gobierno, liderada por alguien de tonelaje, que opera siempre bajo las sombras, y que por lo mismo se caracteriza por ser efectivo, me refiero a Cristián Larroulet.

Esta forma de concebir el mundo hace que el Presidente no tenga las herramientas para adaptar su comprensión en torno a lo político. No tiene sensibilidad para entender su rol como símbolo de la República, para dimensionar el grado de las pulsiones y anhelos populares. Cosa grave, puesto que esta crisis nos ha mostrado con fuerza que los problemas no son sólo económicos.

Las buenas noticias después del acuerdo pactado el viernes pasado entre un amplio sector de nuestros congresistas, es que se tendrá la oportunidad de eliminar la tramposa constitución del 80`, que tiene incentivos verdaderamente perversos, sin ir más lejos, obligar a tu adversario a hacer lo que tú mismo hubieses hecho en el caso de haber ganado. Chile está transitando a una condición sumamente necesaria para tener una mejor democracia y alcanzar el desarrollo, que es llegar a un pacto político con reales garantías de legitimidad.

La calle nos ha enseñado que la tesis de Friedman es totalmente cuestionable. Al parecer, el sistema político es la base de un sistema económico exitoso. Prueba de esto es que una crisis política mal manejada, de seguro tendrá importantes consecuencias en lo económico.

Algo está a punto de enterrarse …

Deja un comentario