La caída de nuestro propio muro

El pasado 9 de noviembre se cumplieron 30 años de la caída del muro de Berlín. Ya son tres décadas desde el desplome del símbolo más imponente de la Guerra Fría, el enfrentamiento mundial que predominó por gran parte del siglo XX. Así, la Unión Soviética comenzaba un viaje sin retorno, dejando al mundo sin su máximo representante del Bloque del Este y permitiendo el acceso en Berlín Oriental a Burger King y a Coca Cola, tal cual se muestra en la película Good Bye, Lenin! de Wolfgang Becker (quienes no han tenido la oportunidad de verla, dense el tiempo).

Para algunos la caída del muro significó el triunfo definitivo de las ideas liberales. Adam Smith le ganaba el pulso a Marx. Incluso hubo quienes se atrevieron a desarrollar la idea de que era el fin de la historia: Francis Fukuyama, politólogo estadounidense, planteó que estábamos siendo testigos de una contundente victoria de las democracias liberales, asegurando un futuro sin guerras ni revoluciones.

En medio del trigésimo aniversario de la caída del muro, mientras algunos ya se frotaban las manos para recordarnos un nuevo aniversario de la muerte del socialismo, un pequeño y aislado país ubicado en el fin del mundo salía en masa a las calles para condenar un tipo de capitalismo, el “capitalismo a la chilena”.

Para ser justos, durante estos últimos treinta años alcanzamos tremendos avances de la mano de este modelo. En 1990, según la CASEN de ese mismo año, el 38,6% de los chilenos vivía con un nivel de ingresos que no alcanzaba para cubrir la línea de la pobreza (umbral construido en base a un nivel absoluto de ingresos que permiten costear una canasta de alimentos que entregue nutrientes mínimos, y una canasta de bienes básicos, tales como vestuario y transporte).  Desde el retorno de la democracia, el ingreso per cápita se duplicó en términos reales, mientras que el porcentaje de personas que se encontraban bajo la línea de pobreza cayó a alrededor de un cuarto. Pero lo cierto es que nuestro país no fue capaz de redistribuir los éxitos del modelo en términos de igualdad. Déjenme darles algunos datos. El Banco Mundial, durante el 2010, ordenó a los países de acuerdo a su nivel de desigualdad, Chile se ubicó en el lugar 15 (de una muestra total de 135) entre las economías con mayor coeficiente de Gini, muy cerca de Paraguay, Guinea-Bisáu, Ruanda y Suazilandia (estos últimos tres son países africanos con un PIB per cápita cerca de diez veces más pequeño que el de Chile). Otro dato increíble se observa con los datos de ONU-Wider 2015: Cuando vemos el año en que los países desarrollados tenían nuestro PIB, todos se encontraban con un Gini de entre 20 a 30 puntos más bajo. Claramente nuestro nivel de desarrollo no se condice con nuestro nivel de desigualdad.

Joseph Stiglitz, economista estadounidense y ganador del Nobel, alguna vez planteó: “Las teorías que desarrollamos explican por qué los mercados sin trabas, a menudo, no sólo no alcanzan la justicia social, sino que ni siquiera producen resultados eficientes. Por determinados intereses aún no ha habido un desafío intelectual a la refutación de la mano invisible de Adam Smith: la mano invisible no guía ni a los individuos ni a las empresas -que buscan su propio interés- hacia la eficiencia económica”. Quizás, dentro de todo, un Estado un poco más protagonista de nuestra economía no haga tan mal.

El “capitalismo a la chilena” con un Estado pequeño y un sistema tributario regresivo (del cual me gustaría hablar en otra columna) está condenado a morir, al igual que el socialismo soviético hace 30 años atrás. Para asegurar su éxito se hace imprescindible posibilitar el disfrute de sus beneficios a la sociedad en su conjunto. El mundo occidental se ha movido a encontrar un equilibrio entre mercado y Estado que permita alcanzar el desarrollo para la mayoría de sus habitantes. Abrámonos a encontrar este nuevo equilibrio y no permitamos que viejos muros sigan erigiéndose en nuestras cabezas.

Bruno Odone Pasquali.

Links de interés:

  1. Datos Banco Mundial: https://data.worldbank.org/indicator/SI.POV.GINI
  2. Datos ONU-Wider: https://www.wider.unu.edu/project/wiid-world-income-inequality-database

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