Nuevos aires

Sé que hacer un análisis de todo lo que ha ocurrido en los últimos días en Chile en sólo un par de líneas puede pecar de simplista. Aún así, creo que es importante compartir reflexiones en cualquier espacio en donde nos desenvolvamos. Las circunstancias nos exigen eso.

En términos generales lo que es posible identificar a raíz de las múltiples manifestaciones acontecidas en nuestro país es un profundo sentimiento de malestar, insatisfacción, injusticia, de que en el fondo, aquello que ha prometido la modernidad – conducente a un permanente progreso de nuestras trayectorias vitales – no se está cumpliendo para un amplio sector de la ciudadanía, todo esto en contraposición  a otros grupos – minoritarios, por cierto – que constantemente van capturando una mayor porción de poder y beneficios económicos. Es la idea de que la cuna que te cobijó y el colegio en el que estudiaste son un buen predictor de tu futuro. Es la idea de vivir día a día con la desesperación de no saber cómo llegar a fin de mes.

Es la idea de lo frustrante que es ver venir la vejez y someterse sin nada que hacer al estrepitoso compás de la miseria. Es la idea de no tener control sobre tu propia vida. En definitiva, es la idea de vivir sin dignidad. La gente se cansó de esto, y aquellos que no sufren en primera persona estas desgracias, solidarizan y comparten el sentimiento.

Dicho esto, y ya pensando en los siguientes pasos que eventualmente podría dar esta verdadera convulsión social, una de las más grandes de nuestra historia republicana(qué duda cabe), quisiera expresar algunas percepciones, que en mi interpretación, constituyen grandes desafíos. Si bien en los primeros días de manifestaciones había un gran número de temas en las calles, costaba percibir demandas concretas, claras, bien estructuradas. Esto ha ido cambiando sustancialmente con el paso del tiempo, hoy podemos ver como en distintos puntos de nuestro país, la misma ciudadanía ha establecido espacios de conversación, de reflexión, en donde se busca contrastar visiones, e intentar articular este gran descontento en ideas más aterrizadas. Celebro enormemente el hecho de que las mismas personas diseñen estos encuentros, es una tremenda muestra de civilidad, pero también es importante poner sobre la mesa el hecho de que al no existir un mecanismo formal capaz de poder canalizar estas expresiones de manera más eficiente, mi apreciación es que este elemento configura un riesgo, consistente en la subjetividad para abarcar los problemas y que con el paso de los días la intensidad del movimiento se vaya diluyendo.

Es indudable que todo lo que hemos vivido desata pasiones, se genera algún grado de histeria colectiva, por lo mismo, la tentación de tomar la bandera e intentar ir al frente a solucionar las cosas en el corto plazo es altísima, me parece que por ningún motivo debemos saltarnos los espacios de deliberación propios de una democracia, es hora de darle una bajada práctica y dotar de contenido a lo que estamos presenciando. Es por esto que la política juega un rol clave en lo que viene.

Estoy de acuerdo en que el sistema político es parte importante del problema, en donde se percibe una desafección grande con la ciudadanía, pero quien diga que esto no es tema de izquierdas o derechas, a mi criterio está incurriendo en un ingenuo error. La solución a estos problemas es fundamentalmente política, no existe otra vía.

Sin embargo, para que la clase política pueda realmente cuadrarse a favor de lo que gran parte de nuestra sociedad está manifestando, me parece imperiosa la necesidad de establecer un nuevo marco institucional, reformar las bases de nuestra vida en común, es imposible encauzar lo que estamos viviendo si seguimos “jugando” con las mismas reglas. Cuyos orígenes son totalmente repudiables, elaboradas en cuatro paredes, y lo más cruel, sin haber considerado en su cuerpo la voluntad de la gran mayoría de los chilenos, sino más bien sólo asegurar un “eficiente equilibrio” de poder.

Al finalizar, dejo expresada una importante reflexión de una de las más grandes figuras que ha tenido Chile, quien enfrentó con sabiduría y valentía otro período tenso y triste de nuestra historia, el Cardenal Raúl Silva Henríquez, a saber:

“La reconciliación tiene su raíz en la justicia. Desigualdades masivas de poder y riquezas en el mundo, y a menudo dentro de las naciones, son un grave obstáculo para la reconciliación … La reconciliación en la sociedad, y los derechos de la persona exigen que los individuos tengan una influencia real en la determinación de sus propios destinos”.

Daniel Pacheco Henríquez.

One thought on “Nuevos aires

  1. Muy buena columna!

    Otro elemento que le agrega un grado no menor de complejidad a la situacion es el hecho de que, dentro de la vorágine en la que se encuentra la población, llenos de ira (totalmente comprensible) sobre los inmensos problemas que los aquejan y haciendo peticiones por una vida mas digna, ocurre lo siguiente:
    1. Nada es suficiente, todas las medidas son mas de lo mismo
    2. Las soluciones a problemas estructurales tardan tiempo en mostrar resultados
    3. No se pueden acatar todos los petitorios al mismo tiempo y siempre quedará un grupo intranquilo que se sienta abandonado

    Conjugando estos tres elementos, la salida de esta situación es aún mas problemática.

    Pedir mesura despues de tanto tiempo de injusticias suena facil si es que se está en la vereda de en frente, aquí quienes estan en el poder tienen un rol comunicacional e informativo extremadamente relevante. Aparte del hecho de mostrar medidas relevantes que logren apaciguar el problema

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