Diálogo hacia un mejor Chile

El descontento social que explotó en las últimas semanas, ya sea por los treinta pesos o por los treinta años, provocó una hecatombe en el gobierno de Sebastián Piñera como también en el resto del espectro político. Nuestra joven democracia, tal como la conocemos, está sufriendo su mayor vaivén.

Los principales sentimientos que brotaron detrás del “estallido social” parecen ser, según las encuestas, rabia, temor y esperanza. Tiendo a creer que cada uno de esos sentimientos pueden ser representados por los distintos sectores que hoy se disputan el poder.

Con la ayuda de Edmund Fawcett, dividiré el panorama político en tres sectores ideológicos que se tomaron el siglo XIX y que hoy aún tienen defensores que impulsan sus banderas: la izquierda que encarna al socialismo, la derecha que en gran medida podría ser asociada al conservadurismo y el centro que, en su amplio margen, representaría los ideales liberales.

Cada uno de estos grupos podría hacerse cargo, relativamente, de los sentimientos antes mencionados y tomar postura frente al cambio, clivaje que se erige como el gran punto divisorio entre las tres ideologías y que determinara los caminos a seguir de aquí en adelante.

Por un lado, el socialismo, algo representado por el Partido Socialista y algunos sectores del Frente Amplio, se hace cargo de la rabia proveniente de la gran desigualdad que existe en nuestro país y rehuye al dialogo y al camino institucional, transformándose en uno mas del movimiento social buscando derribar el modelo y esperando una revolución social.

Por el centro, las ideas liberales, ampliamente representadas por la centroizquierda y centroderecha, buscan cuidar la democracia y sus instituciones, instaurando una conversación entre la clase política para abordar la crisis y buscar un cambio gradual, mediante las instituciones de una democracia liberal, que haga frente a las demandas por el alto costo de la vida y haciéndose cargo de las esperanzas de una pasar digno, escuchando el pacífico movimiento y creyendo, como históricamente lo ha hecho, en el cambio como una guía más de la historia liberal.

Mientras que la derecha, aquella conservadora representada por algunos sectores de Renovación Nacional, la UDI y el Partido Republicano; rehuyen al cambio y se hacen cargo del temor que ha surgido en amplios sectores de la ciudadanía frente a sucesos violentos, intentando hacer oídos sordos a las demandas sociales, y entregándole el poder a las fuerzas armadas para que se hagan cargo de los temores de la ciudadanía.

Frente al escenario anterior, y sin querer caricaturizar, creo correcto defender a los segundos, por el hecho de que el sentimiento que mayormente ha aflorado ha sido la esperanza: un deseo por un mejor pasar, un sistema en que ni el proletariado ni la burguesía sea aquel que domine al resto, sino que podamos coexistir en base al igual respeto los unos con los otros, haciendo de nuestro sistema uno más justo e inclusivo.

Es por eso por lo que hago un llamado al diálogo al sector político para que no escape de su deber de defender la democracia y hacerse cargo de las esperanzas de la ciudadanía avanzando, vía instituciones y reflexión, hacia un mejor Chile en donde el progreso económico, político y social se tomen la agenda y los incluya a todos.

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