Evasión Masiva: No y sí

Esta semana ha estado indudablemente marcada por el alza tarifaria en el transporte público capitalino. Las “Evasiones Masivas” han evidenciado el descontento general que la población posee respecto a esta medida recientemente adoptada. Aunque no haya sido su objetivo, los participantes de esta protesta han aportado a desviar el debate público de lo más importante, encausándolo hacia una disputa sobre cómo deben ser las manifestaciones sociales, y por ello se le ha restado protagonismo a la discusión que debiese ser la central: las causas del encarecimiento del pasaje.

La mayoría de las personas que se quejan contra este incremento en el costo del transporte público lo hacen esgrimiendo una falta de moralidad o ética. Algunos aseguran que el cobro es injusto o sin fundamentos. Otros reclaman que las cuentas de luz, agua y el precio de transporte (a diferencia de los sueldos) no hacen más que subir. Hay quienes comparan la calidad del servicio con el mayor cobro, asegurando que la prestación del servicio no ha mejorado. Sin embargo, estas opiniones se equivocan.

El precio del transporte depende de sus insumos, es decir, de las cosas que usa. Si el precio del combustible sube, entonces es lógico esperar que el pasaje también suba, pues el sistema de transporte debe financiarse. Pero, ¿cómo es que se decide el precio a cobrar? La Ley 20.378, en su artículo 14, establece la creación de un Panel de Expertos que tendrá la función de “Determinar mensualmente el ajuste de tarifas del sistema de transporte público de la Provincia de Santiago y de las comunas de San Bernardo y Puente Alto, requerido para mantener el valor real de éstas (..)”. En otras palabras, el alza en el precio del transporte metropolitano es fijado para mantener el costo real del pasaje. ¿Qué es el costo real? En economía hablamos de “términos reales” cuando nos referimos al poder adquisitivo de las cosas. Básicamente, significa que si con el dinero usado para un pasaje el año 2010 me podía comprar 3 Super8, entonces con lo que cuesta el pasaje ahora también me debería poder comprar la misma cantidad de estas obleas, es decir; el poder adquisitivo del pasaje es el mismo. Es verdad que en términos nominales (medidos en Pesos Chilenos) el pasaje ha subido, pero en términos reales (medidos en UF) el costo de viajar debería haberse mantenido más o menos constante, pues esa es la función del Panel de Expertos, y eso buscan cuando modifican las tarifas.

Esto, desde el punto de vista económico, hace perfecto sentido y por lo tanto sirve de argumento para deslegitimar las movilizaciones que hemos visto. Sin embargo, los economistas no pueden negar que quienes están costeando aquí el lento ajuste del mercado de bienes y servicios son los consumidores menos ricos del país (quienes, en general, no tienen alternativa más que usar la locomoción pública). Ya que las personas reciben su sueldo en Pesos Chilenos y no en UFs o UTMs, para ajustarse al nuevo nivel tarifario los santiaguinos deben dejar de consumir otras cosas (comida, calefacción, diversión, etc) para destinar ese dinero a cubrir el aumento del costo en el transporte. El sufrir este ajuste es inevitable, pues para no tener que sentir el alza de precios, las personas tendrían que guardar parte de sus salarios (cuando eventualmente sean aumentados) y desembolsar este ahorro cuando suba el pasaje, cosa que (incluso desde la óptica económica) jamás pasará. 

Ahora bien, me atrevería a decir que, además de la incapacidad para ajustar su consumo, lo que a las personas les molesta es sentir que este tipo de decisiones son tomadas por personas “lejanas”, “que no andan en metro”, “que no son como nosotros”; y lo cierto es que estos reclamos sí poseen cierta validez. Prueba de ello es que los sueldos de los 3 miembros del Panel de Expertos (del que hablábamos previamente) ascienden a 30 UTM (que son equivalentes hoy a 1.476.870 Pesos Chilenos), lo que constituye un exquisito sueldo que no sólo se les otorga por asistir a una reunión mensual de unas 2,5 horas o menos, sino que además mantiene su poder adquisitivo (a diferencia de la inmensa mayoría de los chilenos). Es cierto que el nivel académico de estos expertos requiere de generosos salarios pues de otra forma el alto capital humano del país no trabajaría en el sector público, pero es esta desconexión presente entre quienes administran y quienes no lo que enaltece el descontento social. Si bien esta información no es muy conocida, las personas sí conocen, por ejemplo, la evasión de contribuciones que por 30 años realizó el Presidente Piñera. ¿Cómo no podría existir un malestar general ante una injusticia como esta?

Las “Evasiones Masivas” son una forma de protesta que contraviene al bienestar común y al interés de la ciudad, pues constituye un reclamo ante un alza que es inevitable. Pero por otro lado, el descontento ciudadano responde a una multitud de factores; como la alta desigualdad económica, el clasismo a veces palpable, la desesperanza ante el sistema de pensiones, el aumento de la delincuencia, la decepción hacia la política, entre tantas otras cosas. No podemos ignorar este malestar. El criterio técnico no puede obviar el sentir de la población, y a su vez la población no puede desestimar el criterio técnico. El alza del pasaje no es el problema, y tanto la población como los académicos deben reconocer esto para poder avanzar hacia un mayor bienestar en el país.

FHJ


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