El agua como derecho humano

El año 1981 se reformó el código de agua, estableciéndola como un “bien nacional de uso público” y un “bien económico” (al mismo tiempo), además de permitir su privatización mediante la concesión de derecho de uso gratuitamente y a perpetuidad. El titular que obtiene el derecho de aguas, según la legislación chilena, debe declarar dónde y cuándo usará el agua, sea para los fines primeros para los cuales solicitó los derechos de aprovechamiento o para usos alternativos posteriores, pudiendo mantener en forma indefinida dicho derecho sin utilizarlo. Desde la reforma del Código de Aguas existe un pago por la no utilización de este derecho, pero: el Código descartó el sistema de gravámenes a los derechos de agua y no impuso otros costos o tarifas para la concesión de nuevos derechos ni para su goce en el tiempo.

Los derechos que concede el Estado están amparados por las garantías constitucionales respecto del derecho de propiedad. En el artículo 24 de la Constitución Política de Chile declara que “Los derechos de los particulares sobre las aguas, reconocidos o constituidos en conformidad a la ley, otorgarán a sus titulares la propiedad sobre ellos”. Agregando a esto que, el Código de Aguas separa la propiedad del agua del dominio de la tierra, permitiendo la libre compra y venta, sin proteger a las comunidades del despojo de los recursos hídricos en su territorio. En definitiva, podría decirse que el país permite la concesión gratuita de los derechos de agua, sin costos por su mantenimiento o tenencia del recurso, en su uso, y sin exigir compensaciones por la generación de efectos externos. El Código de Aguas, desde 2005, exige acreditar el uso de los derechos de agua concedidos; pero no retira el derecho por no uso de los recursos, sino que exige el pago de una patente si se acumulan derechos de agua y estos no son utilizados.

Pero ¿qué significa esto en la realidad? Si vemos algunas estadísticas veremos que la mayor parte de los derechos de agua para uso consuntivo están en manos del sector exportador, principalmente agricultura, industria de commodities y minería. Mientras que, la menor parte se destina al consumo doméstico. Un ejemplo de esto es lo que ocurre en la comuna de Petorca, comuna que sufre de severa sequía y escasez hídrica desde hace años, a la vez que empresas exportadoras de paltas son dueñas de los derechos de agua y mantienen su negocio. Mientras tanto las comunidades se sustentan a través de camiones aljibes (50 litros diarios).

En este contexto actual, de extrema escasez hídrica en distintas zonas (como Petorca o Paine) y donde se ha declarado catástrofe en la región de Valparaíso parece necesario replantearse esta legislatura desde una vereda de la justicia, dejando de lado el argumento de la eficiencia. Primero cuestionemos el hecho de que esta reforma de vender los derechos se impulsó en dictadura, alejando al estado de garantizar el agua como un derecho humano. Luego, planteo la pregunta de si es acaso justo que haya personas sufriendo de escasez de agua mientras que en su localidad hay terrenos repletos de plantaciones de paltas. O si es justo que haya personas obteniendo ganancias por que gracias al agua que usan pueden exportar sus productos, a costa de secar comunidades casi completamente. Pareciera existir una evidente situación de injusticia a mi juicio. Aquí las empresas no se están haciendo cargo de las externalidades negativas que producen (la sequía), por lo que sería razonable exigir la intervención estatal en esta materia y reformar el código de aguas, desprivatizándola y quedando en manos del estado para que éste la pueda gestionar de una forma más justa, anteponiendo los derecho de las personas a las ganancias de las empresas.

El movimiento de defensa por el acceso al agua, la tierra y la protección del medio ambiente (MODATIMA) surge en consecuencia de estas evidentes injusticias el año 2010, y llevan desde entonces luchando por que se reforme la ley de agua, lo cual no es sencillo puesto que requiere un cambio constitucional. Sin embargo, es un camino que más temprano que tarde tendremos que recorrer como país.

Ilenia Gottesmann


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