La culpa no es del Guasón

Es imposible quedarse ajeno. Se estrenó Joker.

La historia detrás del archienemigo de Batman está recorriendo el globo terráqueo de la mano de una increíble actuación del halagado Joaquín Phoenix. El angustiante y asfixiante film que se desarrolla en Ciudad Gótica llegó a las salas de cine de todo el mundo y literalmente todos están hablando de ella.

Mientras muchos de nosotros comentamos, todavía excitados, las reflexiones y sentimientos que nos dejó la película, muchos otros ya están cuestionando la aburrida y masiva ola de referencias que el film arrastrará. El amenazante y escalofriante rostro del Guasón invade cada rincón de las ciudades. Es comentario obligado en escuelas, universidades y trabajos. Aquél que no ve la película simplemente se está auto marginando. Nadie se salva: chinos, australianos, argentinos y cameruneses verán la comentada producción de Hollywood.

Pero la verdad es que la culpa no es de Joker, ni de su director, ni de la Warner Bros. Si hay un gran responsable del cine de masas del cual somos espectadores, es la globalización.

La elogiada y criticada globalización está presente en cada espacio de nuestras vidas. Desde nuestros zapatos elaborados en Vietnam, hasta la película norteamericana de la cual todos hablan en las redes sociales.

Es la globalización la que realmente se escurre por el mundo uniendo culturas, tradiciones, capitales y seres humanos. Así es la globalización del siglo XXI, que si bien no es la primera, es la más intensa y masiva que hemos vivido en la humanidad. Además, es la que más beneficios nos ha entregado.

La actual globalización se puede dividir, a grandes rasgos, en cinco dimensiones: El comercio global, la inversión directa extranjera, la migración, el intercambio tecnológico y el libre flujo del capital financiero. De esta forma, el Chile de hoy se ha visto beneficiado en todas las dimensiones anteriormente descritas, y eso que no he mencionado los fenómenos no económicos como la expansión de la comida tailandesa, las artes marciales japonesas y la música coreana que vemos con cada vez más frecuencia en nuestro país.

Pero si la globalización trae tantos beneficios, ¿por qué existen tantos críticos?

La verdad es que como todo cambio económico, la globalización nos ha entregado vencedores y perdedores. Aquellos que ven amenazados sus intereses podrían ser catalogados como los potenciales perdedores y, naturalmente, deberíamos esperar su negativa al proceso. Uno de los grandes representantes de esta trinchera es el actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Trump se ha mostrado como un ferviente opositor a la globalización. Así lo expuso abiertamente en su último discurso en la ONU. Para él, la globalización es una amenaza para el nacionalismo estadounidense. Pero no nos dejemos engañar, la realidad es que su país ha sido uno de los grandes perdedores de la globalización. China, por su parte, uno de los grandes vencedores. Ahí podemos descubrir el origen de la guerra comercial y entender la razón por la cual los elevados aranceles están siendo utilizados como el arma para tratar de detener el crecimiento chino. Todo esto, mientras Abba Lerner, economista que demostró durante el año 1936 que un impuesto a las importaciones equivale exactamente a un impuesto a las exportaciones, se revuelca en su tumba. Con el teorema de Lerner, las barreras comerciales experimentaron una notable disminución desde aquellos años (solo Trump podía contradecir más de 80 años de teoría económica).

Otros contrarios han desarrollado la idea de que la globalización va en contra del medio ambiente (quizás si Trump creyera en el cambio climático lo usaría también como argumento). Pero la verdad, es que al promover la especialización (a la cual David Ricardo apeló durante el siglo XIX), se les entrega la capacidad de producción a aquellos países que tienen ventajas comparativas para manufacturar y fabricar productos, sacando de la competencia a aquellos que no pueden disminuir sus emisiones contaminantes sin mantener los mismos niveles de eficiencia en la producción.

Los beneficios de la globalización son reales. A corto plazo, encontraremos vencedores y perdedores pero al largo plazo, ganamos todos. Nuestra labor es contradecir a los que niegan sus beneficios y seguir permitiéndonos disfrutar de la película de personajes estadounidenses, en cines mexicanos y comiendo chocolates suizos.

Críticos de cine pueden haber muchos, de la globalización solo unos pocos guasones.

Bruno Odone Pasquali

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