Una Greta en el camino

La Antártida es el continente más austral del planeta tierra. Caracterizada por su intenso frio, ambiente hostil y aislamiento, es un territorio cubierto por aproximadamente 98% únicamente de hielo. Así, el cuarto continente más grande del mundo se ha convertido en la victima predilecta del calentamiento global. Los gélidos ecosistemas que radican en el continente austral se han visto inmersos en una batalla campal contra la tendencia al alza de las temperaturas terrestres. En febrero de este año, de hecho, se descubrió una gigante grieta en la costa norte de la Antártida. Para muchos expertos la grieta no fue, en realidad, lo que más les llamó la atención (grietas han existido siempre en las gigantes capas de hielo del continente polar). Lo que realmente encendió las alarmas fueron dos grandes características de la que parecía una inofensiva grieta más: La primera es la explosiva y violenta rapidez con que la grieta está creciendo. La segunda, y quizás más sorpresiva cualidad, es el increíble tamaño del potencial iceberg que podría desprenderse cuando la grieta alcance su desenlace: ¡1.700 km2! (esto vendría siendo dos veces Nueva York o tres veces la ciudad de Santiago de Chile).

Mientras la grieta de la Antártida no cesa su intenso viaje por el hielo austral, una pequeña niña de dieciséis años está combatiendo los tradicionales paradigmas que la economía clásica nos ha entregado los últimos 200 años.

Como muchos saben, Greta Thunberg es una joven estudiante proveniente de la capital de Suecia, Estocolmo. Su persistente lucha contra el cambio climático no solo ha significado que el calentamiento global esté ganándose las portadas de todos los diarios del mundo, poniéndolo como protagonista principal de la agenda de varios gobiernos alrededor del planeta. También ha significado el cuestionamiento de diversos supuestos y modelos clásicos en los que se dormían políticos y economistas para alcanzar el desarrollo y el progreso a cualquier coste.

Estamos en el comienzo de una extinción masiva, y de lo único que ustedes pueden hablar es de dinero y de cuentos de hada de crecimiento económico eterno. ¿Cómo se atreven?” reprochó Greta en la ONU frente a miles de líderes mundiales que escuchaban anonadados las palabras de una niña que se está enfrentando a las creencias más profundas con las que hemos vivido los últimos siglos.

Como es de esperar, muchos han saltado de sus asientos para cuestionar a la “mocosa insufrible” o a la “cabra chica patética” que está preguntándose si realmente el crecimiento económico es un objetivo que buscamos a cualquier precio. Obvio, nadie quiere hacerse cargo de un problema con el que van a tener que lidiar las futuras generaciones pero el costo para detenerlo debe generarse ahora.

El mensaje de Greta es simple: cuestionar los paradigmas que nos han llevado a dónde estamos y hacernos cargo de ello. Justamente, esto es lo que hace crispar a varios de los críticos de la activista y a lo que, personalmente, me he dedicado estos últimos días como estudiante de economía.

Crecimiento, riqueza, capital o progreso son algunos de los conceptos con los que tenemos que lidiar diariamente los que estudiamos economía en las facultades chilenas. Estoy convencido de que la economía dominante debiese empezar a cuestionar sus propios supuestos y a introducir otros conceptos que nos permitan alcanzar las posibles soluciones para la emergencia climática. El enfoque estático con el que la economía tradicional trabaja está quedando completamente desahuciado, es un enfermo terminal del cual debemos hacernos cargo a través de modelos dinámicos que introduzcan en la ecuación a las generaciones futuras a la hora de evaluar costos y beneficios.

La lucha contra el cambio climático está recién comenzando. Muchos paradigmas tradicionales comenzarán a ser cuestionados y no solo la economía tradicional se verá enjuiciada; el sistema completo se verá acusado y enfrentado a sus propios pecados. Hasta los más fervientes defensores del sistema deberán empezar a hacerse cargo del asunto, no vaya a ser que el propio capitalismo sea el que está criando sus cuervos.

Lo cierto es que el calentamiento global no solo está provocando múltiples grietas en los polares paisajes de la Antártida, sino que también, está haciendo aparecer una Greta en el camino de muchos de nosotros.

Bruno Odone P.

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