Politécnicos

Es bastante común percibir en algunos sectores de nuestra sociedad la idea de que en el imaginario público en general, existe una estrecha relación entre la derecha y todo lo que concierne a la palabra “eficiencia”. O si se quiere, en buen chileno, que este conglomerado tiene una capacidad superior para “hacer la pega”. Ya un destacado analista político nacional señalaba en una conferencia privada hace un tiempo atrás, que aparentemente los únicos motivos para que la derecha estuviera en el poder – aludiendo al lema de la bandera de Brasil – era precisamente su habilidad para conducir el “orden y progreso”.

¿Cuánto de cierto hay en estas percepciones? Sin duda, es un ejercicio intelectual desafiante, por lo tanto, resulta interesante hacer algunas aproximaciones.
Es innegable el gran dominio técnico de muchos de los personeros del oficialismo, carreras brillantes en el mundo público, privado, académico, etc. Probablemente esto constituya un punto a favor de la premisa enunciada más arriba. Muchos estaríamos de acuerdo que algo realmente esencial en materia de políticas públicas, es que estas se desarrollen en un marco de total rigurosidad analítica, basándose en sólida evidencia, escuchando la voz experta, para que de esta forma, el margen de error sea lo más pequeño posible.

Ahora bien, este muy necesario carácter técnico se ve verdaderamente potenciado con una alta capacidad en la dimensión política, y es en esta última esfera de la administración del Estado en donde este gobierno ha mostrado – de sobre manera – estar jugando en ligas amateurs. El ejemplo que mejor ilustra esta situación es como se ganó el espacio en la agenda el proyecto presentado por las diputadas del partido comunista, conducente a reducir la jornada laboral a 40 horas semanales. Una iniciativa con serios vacíos en términos técnicos – al menos en el sentido económico – llevó a que el gobierno, producto de su imposibilidad de contenerse y querer siempre abarcarlo todo, un ímpetu por no querer verse nunca sorprendido, salga a proponer una alternativa que más allá de los detalles, apunta a la misma dirección. Es bastante probable que el proyecto opositor no llegue a buen puerto, pero fruto de su alta popularidad en el escrutinio público, quien tenga que pagar todos los costos asociados sea el ejecutivo. Golazo de Vallejo y compañía.

Lo que uno esperaría de la clase dirigente es que en vez de contrastar el rigor técnico versus el factor vinculado al manejo político, el paradigma sea tener una visión complementaria entre ambas posiciones, algo así como un perfil “Politécnico”. Después de todo, el fenómeno que vino a marcar la escena política nacional del último tiempo, es la alternancia en el poder. El votante mediano – quien define las elecciones
– lejos de “casarse” con un partido en particular, ha tomado las banderas de la coherencia, no perdona los errores. Ojo con quedarse sin pan ni pedazo.

Daniel Pacheco Henríquez

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