Gloria y caída: La historia de Sistema

Hace un tiempo atrás había un país que estaba retornando a la democracia tras 17 años de dictadura, en los que el país apenas aumentó en 1100 dólares (actuales) su ingreso medio. Las personas en este país exigían disminuir la pobreza existente, que en ese entonces afectaba a casi un 40% de la población. Era un desafío difícil. Casi ninguno de los sistemas siquiera se atrevían a pensar en asumir este reto, pues no tenían certeza de poder solucionar esto, ni siquiera al largo plazo.

A pesar del caótico escenario que existía, un Sistema se atrevió a intentarlo. Comandando a sus 4 generales de batalla (apertura comercial, estabilidad macroeconómica, regla fiscal, e instituciones serias) asumió el liderazgo y logró, en tan sólo 2 décadas, aumentar el ingreso medio de este país en nada menos que 10.000 dólares (actuales), incrementando la riqueza del país en más de 5 veces (en promedio). El resto de las naciones miraba casi con incredulidad cómo fue que este Sistema era capaz de traer el progreso a una economía pobre y rezagada. Elogiaban a este “jaguar de sudamérica”, que en sólo 20 años se convertía en un ejemplo para sus vecinos, tanto así que incluso las economías desarrolladas invitaron a este pequeño país a formar parte de su club exclusivo: la OCDE. El Sistema se sintió satisfecho, pues su éxito no solo significó progreso económico, sino que también salvó al país de caer en la inestabilidad política (pues quien fue dictador durante 17 años siguió poseyendo poder y realizando actos que desafiaban a la democracia). 

Sin embargo, el Sistema sabía que aún habían aspectos del país que era necesario mejorar, pues a pesar de haber avanzado claramente en materias económicas, en esta nación existían marcadas diferencias entre las personas, diferencias que se aplicaban de acuerdo al ingreso de los habitantes. En este lugar, los individuos de altos ingresos se atendían en clínicas privadas, no en hospitales; se educaban en colegios particulares, no en subvencionados o municipales; poseían cuenta corriente, no cuenta rut; entre otras cosas. El Sistema sabía que estas diferencias no hacían más que dificultad la igualdad de acceso a diferentes bienes y servicios, y sabía que con estas brechas existiría una desigualdad de oportunidades según el origen socioeconómico de las personas, lo que no era ni justo ni provechoso para el país. Pero quienes tienen beneficios difícilmente estarán a favor de renunciar a ellos, lo que implicaba que estos cambios requerirían de tiempo para poder concretarse, y el Sistema lo sabía.

Lo que el Sistema no sabía era que no disponía de ese valioso recurso. Las personas (o al menos la mayoría) exigía una mayor igualdad social inmediata. De haber tenido el tiempo, quizás podría haber logrado implementar normativas para reducir las discriminaciones y desarrollar los mercados necesarios, pero las personas querían ese beneficio ya, sin tener que esperar por él. La demanda más importante en ese entonces fue la gratuidad de la educación superior, un proyecto complejo que requería muchísimo financiamiento. Finalmente, el Sistema dilató la demanda por 5 años hasta que fue capaz pagarla (aunque no en su totalidad). Pero esto, lejos de ser una victoria, se asemejó más a una derrota. Las personas pelearon con el sistema hasta el punto de dejarlo con rasguños, moretones y con el labio hinchado. El Sistema había tenido problemas antes, pero esta era la primera vez que había resultado tan herido.

Pero las demandas de las personas no era el único problema. Quizás el Sistema no se dio cuenta, o notó cambios pero luego los desestimó, sin embargo el punto es que 1 de sus 4 generales perdió su salud y vigor. Cada vez más las personas se enteraban de casos escandalosos en los que las instituciones públicas se veían envueltas: la policía y las fuerzas armadas robaron millonarios fondos fiscales por años; empresas de recursos químicos y bancos financiaron ilegalmente a casi la totalidad de los políticos; existía la creencia (bastante fundada) de que un importante partido del país estaría seriamente influenciado por el narcotráfico; el Presidente de la República no pagó por más de 30 años las contribuciones de su casa de veraneo; etc, etc. Era claro para todos que este general, de momento, había dejado de pelear para conseguir el desarrollo.

El Sistema estaba siendo atacado por quienes en el pasado recibieron su ayuda y además perdía a su compañero de batalla. Quizás fue por esto que abandonó cada vez más su protagonismo, su liderazgo y su seguridad. Quizás por esto dejó de defenderse como lo hizo alguna vez. Aún tiene aliados, como por ejemplo el Banco Central, quien intenta introducir argumentos racionales en una discusión legislativa poco seria. Pero a estos aliados también se les golpea, y se les golpea de la misma forma que al Sistema; criticando al emisor y no al argumento: “Los economistas no tienen idea de lo que pasa en las salas de clases, de lo que pasa en las familias”.

Poco a poco, a través de cada debate político y en cada discusión, las personas golpean y causan daño al Sistema, pues cada vez son más quienes ignoran los argumentos racionales y desprecian las opiniones académicas. Todo lo anterior ha terminado por propinar una paliza y conducir a la Tecnocracia dentro del salón de urgencias, y si seguimos atacándola así… terminará perdiendo la vida.

FHJ

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