Pensando en medio ambiente

Este año la cumbre Conferencia de las Partes (COP) se realizará en Chile. Consiste en la reunión climática más importante a nivel internacional en donde se discuten las contingencias más relevantes del acontecer climático. El evento como mínimo reclama que reflexionemos acerca de la situación actual en la que nos encontramos y además descubrir los caminos para perdurar. La emisión de gases de efecto invernadero emitidos por el hombre nos ponen en una década crucial para adaptarnos y mitigar el cambio climático, si es que no queremos llegar a una distopía en donde, en palabras de Cortázar, haya una atmósfera de fin de mundo. Muchas veces se culpa al liberalismo, a veces tildado de “neoliberalismo,” como el causante de este fatal destino por poner al progreso económico por sobre cualquier elemento y laissez faire (dejar hacer, dejar pasar) a la industria con el fin de ampliar las condiciones materiales del presente, pese a que con tal avance se menoscabe nuestro ecosistema.

En base a la situación descrita, ¿Cómo es que se puede mejorar la situación a futuro? Mi respuesta es, con liberalismo.

¿Pero cómo, se preguntarán? Bueno, la familia liberal es bastante amplia y aquel liberalismo por el progreso, muchas veces asociado a Friedrich Hayek, no es más que un miembro de esta extensa parentela. Pero el liberalismo al cual yo me refiero como solución es el liberalismo igualitario, aquel que va más allá de la ausencia de coacción y exige en la sociedad, libertad, pero también justa igualdad de oportunidades y el principio de diferencia. El autor que impulso estos tres principios es John Rawls, un filósofo estadounidense que, siguiendo de alguna manera las palabras de Isaiah Berlin, revivió la filosofía política.

Con respecto a los principios antes mencionados, el de libertad, y de manera más precisa la prioridad de las libertades básicas, señala que hay ciertos derechos y libertades básicas de la persona que son más importantes que otros, y que se necesitan para caracterizar el ideal moral de las personas libres e iguales. En lo referente a la justa igualdad de oportunidades, Rawls la ve como no discriminación y posiciones abiertas, pero también como un principio que busca corregir las desventajas sociales. Y en relación con el principio de diferencia, el se refiere a que los sistemas económicos y las desigualdades deben ser solo legitimados si están en función de los más desfavorecidos.

Bajo este liberalismo no se considera justo entonces que los individuos del mañana estén condenados a peores condiciones relativo a las que le han tocados a los del presente, lo anterior debido a que la época en que uno nace es arbitraria, a cada uno le llega sin “mérito” alguno, por lo que se requiere tomar medidas para que, en este caso, los ciudadanos del futuro no se transformen en “ciudadanos de segunda clase”. Esto dice mucha relación con el principio de diferencia, que requiere cuanto menos, mejorar la situación de las personas que habiten el planeta en las siguientes décadas, entendiendo la justicia como imparcialidad.

Por lo tanto, corresponde superponer al liberalismo igualitario en esta discusión, por sobre el liberalismo clásico o al libertarianismo (Samuel Freeman llega a tildar a este último de iliberal en uno de sus trabajos) y usar los principios mencionados para dar batalla al cambio climático entendiendo el crecimiento económico como un medio para alcanzar la justicia, y nunca como un fin en sí mismo.

Marco Bravo

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