En defensa de las Humanidades

La volatilidad de los cambios que experimenta la sociedad actual es un fenómeno verdaderamente sorprendente. El ritmo es tan vertiginoso, que el ejercicio por procurar proyectar lo que viene se hace cada vez más complejo, pues son muchas las variables que se deben considerar en el tablero.

Esta dificultad por intentar comprender los nuevos escenarios se acentúa con mayor fuerza, cuando nos percatamos que el tipo de profesionales que exige nuestro modelo económico, sea altamente calificado en un área en específico. Se valora el dominio de la “tecnificación”, es decir, acciones que conducen a desarrollar un oficio de manera repetitiva, con foco en lograr un alto grado de especialización y como consecuencia, ser lo más eficiente posible. Sólo de esta forma podemos ser considerados como “útiles”.

Sin lugar a dudas, la evidencia que mejor nos ilustra el punto antes señalado es nuestro sistema educativo. No sólo por el currículum académico, sino también por la forma en que se enseña y posteriormente se evalúa.

Frente a todo esto, resulta natural que surjan algunas interrogantes, inevitablemente, con algún sesgo de preocupación, como por ejemplo: ¿Cuál será el futuro de la clase trabajadora cuando vemos que la automatización ya se está haciendo realidad?

Efectivamente, lo que se desprende en relación a esta pregunta, es que muchos oficios van a desaparecer, y sólo podrán trascender aquellos individuos que gocen de una buena capacidad de adaptación.

Ahora bien, ¿Dónde encontrar aquella fuente de conocimiento que nos ayude en este proceso? Una posible respuesta a esta compleja posición radica en el estudio de las Humanidades. Que durante muchos años han pasado a un segundo plano, probablemente porque al conectar con la parte inicial, este tipo de disciplinas no nos reporta “utilidad” en la forma en la que se ha venido configurando nuestro mundo.

El camino que sigue, parece ser uno en donde para poder resolver los problemas que se nos avecinan como sociedad, se necesitará de personas que integren múltiples miradas, diversos conocimientos, lejos de la especialización. Y esto lo hallamos en disciplinas como Filosofía, Literatura, Historia, Sociología, etc. Urge la obligación de volver a los grandes pensadores. Desde luego, a través de ellos es posible desarrollar una buena capacidad reflexiva, cultivar un pensamiento crítico, en definitiva, tener las herramientas para cuestionar lo que sucede a nuestro alrededor y articular alternativas de solución inteligentes a las dificultades que se nos presentan.

Es obvio que la sociedad del siglo XXI seguirá requiriendo de muy buenos expertos en determinadas áreas, pero que al mismo tiempo, tengan una rigurosa formación en Humanidades.

Daniel Pacheco

One thought on “En defensa de las Humanidades

  1. Muy buena reflección, hoy en día se potencia más la busqueda de la eficiencia haciendo las mismas tareas (siempre) pero en el más corto tiempo posible, para asi automatizar los servicios generando un menor costo y una mayor producción.

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