Reforma previsional, una mirada mas allá de la eficiencia

A las reformas al sistema de previsión social se le suelen llamar la madre de todas las batallas, esto debido a que los cambios que generalmente estas conllevan, para aumentar las pensiones de los individuos, son aumentar las cotizaciones, subir las edades de jubilación, etc. Políticas como las recién mencionadas suelen resultar impopulares para cualquier ciudadano debido a que éstos, según la literatura económica, tienden a valorar con exceso el consumo presente por sobre el consumo futuro, por lo que medidas como aumentar la cotización se entienden como paternalistas para su utilidad.

La reforma inicial presentada por el ejecutivo en octubre del año pasado involucra un aumento en las cotizaciones de un 4,2%, junto con ir al cargo de empleador, aumentar los aportes del Estado al fondo solidario y clase media, entre otros cambios. En las últimas semanas parece comenzar a ver la luz con el acuerdo entre la Democracia Cristiana y el gobierno, para avanzar en la reforma, bajo la condición de que se cree un organismo estatal que se hará cargo del 4,2%, en vez de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFPs) siendo una medida no óptima en vistas de la eficiencia con respecto a la alternativa de entregarle esa cotización a las AFPs, pero se logra entender si uno mira el panorama político-social.

Parece no ser óptimo desde los ojos de la economía por dos razones, primero porque si lo que se busca en estas reformas es mejorar las pensiones de los jubilados, la lógica diría que ese 4% debiese entregarse a las AFPs, para aprovechar las economías de escala que conlleva que una entidad, que ya se hace cargo de un 10%, tenga más margen para obtener una mayor rentabilidad que una organización que se comienza a hacer cargo de un 4%. Segundo, es que esta nueva entidad aumentara el costo para los contribuyentes debido a que además de la comisión que le pagan a las AFPs para administrar su 10%, también deberán pagar una comisión mas para financiar el servicio de aquellas nuevas instituciones que administren sus fondos, junto con el pago al nuevo ente que los distribuya.

Bajo esos argumentos es que no me parece una medida del todo eficiente, pero si uno indaga en el contexto político podría hacerle más sentido.

La política y los partidos que la envuelven no se miden necesariamente solo por los criterios que entrega la economía, detrás de ellos están visiones de una buena sociedad que buscan plasmar en el campo de la realidad, bajo esa idea es que en nuestro país cada sector tiene su creencia de lo correcto en el ámbito de la economía, por un lado la izquierda con una fe mayor en el Estado frente a su desconfianza en el mercado, y por el otro lado la derecha con su confianza en el mercado y rechazo al Estado, pese a que esta binaria mirada se haya ido apaciguando con el tiempo. Desde este foco es que la centroizquierda haya rechazado el proyecto inicial y haya acordado finalmente pasar el proyecto ante el cambio de quien administrará los nuevos fondos. Hay una creencia, a mi parecer lógica, de que las AFPs abusaron de la confianza entregada por la sociedad, por la crispada relación que hoy tienen con la ciudadanía por razones como sus grandes utilidades, viajes al Caribe o muchas fusiones entre las administradoras; juzgando la ciudadanía a este sistema y por ende al mercado como él culpable sus bajas pensiones.

El inevitable correr de los años nos situará a todos en un estado de pensionados, por lo que reflexionar sobre lo justo y lo correcto para aquellos que hoy o que dentro de poco correrán esa suerte nos exige elevar los estándares para las AFPs e involucrar más regulación a su accionar con el fin de legitimar el sistema a los ojos de los ciudadanos.

El ente estatal propuesto significa, más allá de la búsqueda eficiencia, un golpe al timón y un intento de señal hacia las AFPs para darles a entender que la imperturbable fiesta del actual sistema no puede continuar.

El estado debe velar por la legitimidad de sus instituciones por lo que le corresponde vigilar el buen funcionamiento del mercado de las AFPs, mientras que estas últimas deben comprender esta lección que les señala que no basta con buenas rentabilidades, sino también es importante dar credibilidad a su sistema por vía de una mejor imagen a la ciudadanía y una mayor sensibilidad por los problemas que a esta última le aquejan si es que este organismo quiere perdurar en el tiempo.

Marco Bravo

Licenciado en Economía

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