Fuente: pudahuel.cl

Paradoja del bienestar y clase política

Si analizamos en perspectiva histórica el desarrollo – en el amplio sentido de la palabra – que ha experimentado nuestro país en los últimos treinta años, sin lugar a dudas estaríamos de acuerdo en que si tuviéramos la posibilidad de elegir en qué momento nacer, la respuesta sería en este período.

Hemos evidenciado una sostenida reducción de los niveles de pobreza, un notable aumento en las tasas de escolaridad, creación de instituciones sólidas, laureadas en terreno internacional, que sirven como soporte importante para el desempeño de nuestra vida en común. La lista es extensa.

Anclado a este proceso “modernizador”, ha surgido un nuevo actor en la escena pública. Me refiero a los grupos medios, quienes según la mayoría de los estudios de caracterización social, dan cuenta de ser la categoría en donde se encuentra un porcentaje importantísimo de la población(cerca del 70%).  Fanatismo por el consumo, excesiva autonomía, mérito como estructura básica de nuestras vidas, movilidad ascendente, son algunos de los rasgos más palpables de este sector tan particular.

Sin embargo, a pesar de sentir por primera vez las bondades del progreso, éstas personas se han ido dando cuenta que las expectativas van cambiando a la orden del día, las metas son cada vez más exigentes, el entorno obliga a ser más competitivo, es común escuchar: “ya no basta con un título”. El resultado de esto es estar en presencia de individuos a quienes les encanta la idea de poder acceder a aquellas cosas que sus antepasados jamás hubieran podido acariciar, pero por otro lado, demuestran una tremenda insatisfacción por tener la necesidad de responder a aspiraciones que en muchos casos, son inalcanzables. Este fenómeno es descrito en la literatura como “la paradoja del bienestar”.

Sobre lo último, la evidencia nos muestra que es un aspecto bastante normal, propio de cada proceso vanguardista. Ante esto, vale la pena preguntarse: ¿cómo nuestra clase política ha enfrentado esta realidad? Lo cierto es que si hacemos el ejercicio de situarnos desde la vereda de la centro izquierda, o ex nueva mayoría, nos encontramos con una total incomprensión de este acontecimiento social. El argumento radica en que se tiene la idea de que existe un rechazo muy generalizado al proyecto “modernizador” en nuestra sociedad. Este hecho fue tomando fuerza a raíz de la derrota electoral del 2009 y de las manifestaciones sociales emprendidas en el año 2011. Acto seguido, otra vez estando en el poder, el diagnóstico fue: debemos cambiar el modelo. Se percibió una especie de “vergüenza” por haber liderado durante muchos años el proceso señalado previamente. Craso error.

En el otro lado, es posible constatar que la centro derecha ha entendido un poco mejor la dinámica planteada, probablemente en parte esto explica que hayan llegado nuevamente a La Moneda. Da cuenta de esto, el hecho de que la bandera más importante de este sector en las elecciones del 2017 fue el crecimiento económico, motor del desarrollo al que se aludía en la primera parte. Ahora bien, desde esta vereda, ¿se tiene asegurada la adhesión permanente de los grupos medios? De ninguna manera. La razón de esto se encuentra en que la manera en que Chile Vamos conversa con este actor social es desde la tecnocracia, desde los estudios, los resultados, tienen una profunda convicción de que este tipo de mecanismos siempre son los adecuados a la hora de gobernar, no comprenden que la política tiene una dimensión fundamentalmente alegórica. Han acuñado el pragmatismo como marca registrada. Todo esto sumado a que aún existe la percepción de que este color político es esencialmente una locución de la “elite” de este país, es decir, se siente que marcan una distancia a la hora de interactuar.

Es poco alentador el panorama en relación a satisfacer las demandas de este actor social, no se le ha dado la relevancia que amerita en todo el espectro político. Llama la atención, pues quien ponga interés a esto, tendrá en sus manos la conducción de Chile. Ni más ni menos.

Daniel Pacheco Henríquez.

Licenciado en Administración de Empresas. Estudiante Magíster Economía y Políticas Públicas UAI.

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