Feminismo Liberal

El año que nos dejó puso en evidencia con mucha fuerza -y si no me creen pregúntenle a las universidades- los deseos de las mujeres por vivir en condiciones “justas”. El movimiento feminista entonces se empeñó en tratar de emparejar la cancha frente a los hombres.

Este 8 de marzo, como cada año, se conmemora el Día Internacional de la Mujer para recordar y expresar este natural deseo que subyace en la existencia de las personas, progresar y ser de alguna manera un ser “virtuoso” en base a cada fin.

En la arena política, esta manifestación se ha tratado de monopolizar considerándola como exclusiva de la izquierda, bajo la ideología socialista o una lógica más “radical”. Justamente la cuestión que pretendo abordar en este 8 de marzo radica en cómo desde el liberalismo se puede levantar con orgullo la bandera del feminismo.

En los años de la Ilustración, Mary Wollstonecraft -con gran talento en “Vindicación de los derechos de la mujer”- describe cómo en una época en que se resalta el valor de la razón para alcanzar la perfección humana, es posible que a mujeres se le negaran derechos básicos como la educación, imposibilitando su actuación como ciudadanos, señalando que solo tenían espacio para seguir “adornando su prisión” en la servidumbre, privadas de autonomía y dependientes del hombre.

Elizabeth Anderson, filósofa contemporánea, también aporta desde la vereda liberal sobre cómo se debe luchar en contra de la dominación del hombre sobre la mujer, abogando por una igualdad democrática en que cada persona pueda desarrollar sus capacidades a su gusto, promoviendo la libre carrera en cuanto a su rol en la cooperación social. Lo anterior para ella requiere un cambio en las normas sociales, para quitar responsabilidades a las mujeres sobre “el cuidado de otros” y que estas sean compartidas con el hombre.

Y quizás el mayor esfuerzo por el feminismo desde el liberalismo lo entrega Martha Nussbaum, siendo la idea central de su visión la interacción libre y dignificada entre las personas, sin que entren externos a guiar su vida y sus elecciones, ya que para ella modelar las actitudes y pensamientos de otros tiende a convertirse en principio y fin para la explotación. Con respecto al feminismo, idea una teoría de capacidades centrales que establecen diez principios -desde las instituciones de la sociedad- que fundamentan y evalúan el nivel de vida y ante todo defienden la dignidad humana, buscando asegurar un mínimo social básico para el desarrollo como individuo.

Las premisas de acceso a la educación, autonomía, dignidad humana y capacidades van de la mano sin lugar a duda con motivaciones centrales e históricas del liberalismo.

Marco Bravo

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