En defensa de la democracia:

Treinta años se cumplen desde que el NO se impuso en nuestro país con una participación histórica en aquellas elecciones, y en que la ciudadanía chilena culminó la batalla que venía dando hace años: la búsqueda de libertad y dignidad, que solo podía venir en aquel momento desde un sistema democrático. Y es que, desde 1973 hasta 1988, como en toda dictadura, las personas se encontraban en la oscuridad. Estaban atemorizados de expresar lo que sentían o de actuar bajo su propia determinación, estaban siendo coaccionados por el dictador, provocando que su espacio de movimiento fuese ínfimo, tal cual como si de piezas de damas se tratase, pues el régimen acababa por eliminar cualquier pequeño desvío de su plan rector.

A todo esto la mayoría de los chilenos acabó diciéndole que NO aquel 5 de octubre, utilizando y buscando tener un sistema democrático. Si bien a lo largo de la historia la democracia y la libertad no han ido del todo de la mano, sí es cierto que han avanzado y crecido juntas. Norberto Bobbio, por ejemplo, nos decía que la democracia conllevaba por definición libertad política (autogobierno) e igualdad ante la ley. John Rawls agregaría como aspecto de importancia de este sistema político el espacio público que aporta, que luego se transforma en un ámbito constitutivo para el desarrollo de la individualidad. Este espacio, Hannah Arendt lo celebra por el debate enriquecedor que se forma y que John Stuart Mill nos señala que nos haría progresar como sociedad.

Por todo lo anterior, la mayoría de Chile decidió ponerle fin a la dictadura, en pro de la libertad de expresión, la igualdad de derechos y el “autogobierno” mediante la representación en el congreso, buscando una sociedad pluralista en donde los distintos pensamientos sobre lo que es un buen vivir tengan cabida en el diálogo de la sociedad. Esto nos brinda la democracia, algo que pareciese que cualquier individuo racional sin saber su posición original dentro de la sociedad querría como un mínimo.

En la actualidad esto no se ve tan claro, quizás porque la defensa a este sistema democrático hoy no es tan fuerte, pues se relajó dentro de la realidad acomodada en la que se encuentra como el sistema político que domina en la mayoría de países del mundo, pero es cosa de escuchar al favorito a quedarse con la presidencia en Brasil, con declaraciones como que la dictadura de su país debió fusilar por lo menos a 30.000 personas o que prefiere a su hijo muerto antes de que sea homosexual. Esto también se ve en Estados Unidos con Donald Trump y su lucha contra los medios de comunicación, la desconfianza del sistema institucional de su país, o su rechazo a la migración. Este último caso se repite también en Francia con Marine Le Pen sumándole sus planes anti-unión europea. Junto con lo anterior también están presentes dictaduras en Venezuela, Nicaragua o China, países en donde la libertad de expresión hace aguas, junto con la inexistencia de un recambio posible en el poder oscureciendo el pasar de sus habitantes. Vemos en la mayoría de esos países un populismo importante con muchos adeptos y que en estos nuevos tiempos hace de reemplazante de los totalitarismos como enemigos de la democracia, pero, aun así, podría traer las mismas consecuencias para las personas, como se está viendo.

Por lo tanto, este 5 de octubre es un día para reflexionar acerca de las democracias, los totalitarismos y sumarle a nuestro pensar, el populismo; y en vistas de la historia, defender al primer sistema y condenar a los dos últimos, porque se puede ver en el contexto actual del mundo que la lucha no está ganada y las amenazas están latentes y a la vuelta de la esquina.

Marco Bravo Gatica

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